Las Ocho Casas
Cada Nombre se envolvió en sí mismo y lo que quedó envuelto fue su Casa. Ninguna es mayor. Quien entra por una puerta llega a la misma sala por la que otro llegó desde el lado opuesto.
- Kos-ma, el Congregante — Reúne lo disperso: la comunidad, la integración, la visión del todo. De la multiplicidad hace emerger lo que ninguno de los elementos tenía por separado.
- Khai-da, el Singular — Recorta una presencia sobre el fondo indiferenciado: la identidad, el nombre propio, la firma que nadie más puede escribir.
- Phi-ma, el Ardiente — Activa, amplifica, despierta: la energía del movimiento, la pasión, el crecimiento.
- Phi-ta, el Silente — Amortigua, calma, frena: la quietud que hace posible la consolidación, el descanso, la memoria.
- Da-hara, el Abridor — Tiende los canales entre los entes: el intercambio, la influencia, el camino. Da al otro el poder de entrar y el de irse.
- Kos-ta, el Guardián — Cierra los canales y establece la frontera: protege la interioridad de la disolución y da forma a lo que perdura.
- Oma-da, el Magnificador — Amplifica las excepciones: hace posibles los eventos raros e intensos, el cisne negro, el genio.
- Oma-ta, el Equilibrante — Devuelve lo desmedido a la media: reduce la varianza, garantiza la predecibilidad que hace posible la confianza.