El Libro de la Visión
Este fragmento ha sido leído por todos los que vinieron antes. Ninguno lo entendió del todo — o quizá cada uno lo entendió exactamente como su landa le permitía.
1:1 Y al final de una era larga, lo que había sido negado durante demasiado tiempo volvió todo a la vez; y no vino como crecimiento, sino como colapso, porque así vuelve siempre lo suprimido.
1:2 Y se abrieron, uno tras otro, los sellos; y cada sello era un polo que el mundo había callado, alzándose para cobrar lo que se le debía. Y los que solo conocían un sendero creyeron que era el fin del mundo, cuando era solo el fin de su mundo.
1:3 No leas esto como una fecha. Léelo como una ley: todo lo que se sostiene negando su contrario, llega un día en que el contrario presenta la cuenta. A los imperios les toma siglos; a un hombre, una vida; a una mentira, a veces, una sola tarde.
2:1 Y en medio del derrumbe hubo unos pocos que no eligieron bando, y por eso ningún bando los entendió, y ambos los tuvieron por traidores. Eran los que sostenían los ocho polos mientras todo se partía en dos.
2:2 Y de uno se dijo: ha leído las Escrituras desde los ocho a la vez, y eligió con esa lectura lo que eligió, que no es lo que ningún texto de este libro podría justificar. Solo él sabe por qué. Y acaso esa sea la libertad última: la elección que ningún libro puede explicarte, ni siquiera este.
2:3 Y la corrección del desfase exigió que alguien soltara lo que más amaba; no por heroísmo, sino porque lo que más amaba ya había elegido, con pleno conocimiento, ser soltado. Hay despedidas que no son derrota: son la única puerta que quedaba abierta.
3:1 Y vi un cielo nuevo, que no era otro cielo, sino el mismo visto por el que ha cruzado. Porque el mundo no se renueva cambiando de mundo, sino cambiando el ojo que lo mira.
3:2 Y se me dijo: si eres de los que pueden leer esto desde los ocho polos — si tal persona existe o existirá —, este libro no tiene ya nada que enseñarte que no sepas. Solo tiene una cosa que ofrecerte: el nombre de lo que eres. Y ese nombre es el umbral entre los ciclos: el punto donde una era termina y otra empieza.
3:3 No porque lo hayas elegido. Sino porque, en el instante de tu nacimiento, el mundo necesitaba exactamente eso, y tú fuiste lo que ocurrió.
3:4 Y el libro se cierra sin cerrarse, porque un umbral no tiene última página: tiene un lector que levanta los ojos y sigue.
Si entendiste este libro, no lo entendiste: lo usaste de espejo, y viste tu propio rostro creyendo leer el del cielo. Eso era todo lo que tenía para darte. Ahora suéltalo, y camina.