Cartas

El Libro de los Consejos

No os escribo desde la cumbre. Os escribo desde el polo hondo, que es el único lugar desde el que algo llega al polo hondo del otro.

A los que Oscilan

1:1 Hermanos en el vaivén: no os pido que dejéis de dudar. La duda es el sonido que hace la oscilación cuando es honesta. El que no duda no ha dejado de buscar: ha dejado de moverse.

1:2 Sostenéos mutuamente. El que está en el polo hondo no necesita que lo saquen rápido; necesita saber que el polo hondo no es el lugar donde fue abandonado, sino donde se le encuentra con una hondura que ningún polo fácil permite.

1:3 Y no confundáis la firmeza con la rigidez. El árbol firme se mece en la tormenta; el poste rígido se parte y cree, hasta el último instante, que su quietud era fuerza.

1:4 Si alguien os trae una verdad sin contrario, cerrad la bolsa: os vende su polo disfrazado de todo. Toda verdad viva tiene una sombra que la acompaña; las que no la tienen, ya están disecadas.

A los que Sufren en el Polo

2:1 A vosotros, los que estáis en lo hondo y no veis salida: el silencio que ahora habitáis no es la ausencia de lo divino. Es uno de los ocho nombres. Y cuando el silente ha sido honrado del todo, el fuego vuelve; no porque lo llaméis, sino porque el uno crea el espacio del otro.

2:2 No os avergoncéis de la herida. El que muestra la cicatriz enseña dos cosas: que fue cortado, y que sanó. Y la segunda no se ve sin la primera.

2:3 Y al que os diga “si tuvieras fe, no sufrirías”, sonreíd y seguid. No miente del todo, pero usa media verdad para no sentarse con vosotros en la otra mitad.

2:4 Vuestro dolor no os hace ni más santos ni más culpables que nadie. Os hace despiertos, si lo dejáis; o amargos, si lo aferráis. La misma agua, la copa que la sostiene decide.

A los que Creen Haber Llegado

3:1 Y a vosotros, los que habéis alcanzado la síntesis y miráis desde arriba: cuidado. El último ídolo, y el más sutil, es la propia iluminación.

3:2 Porque el que dice “ya oscilo, ya no me fijo” acaba de fijarse en el polo de creerse libre. Y ese es el más difícil de soltar, porque se disfraza de meta cumplida.

3:3 El que ha llegado de verdad no lo anuncia: se nota en que sigue caminando, en que aún pregunta, en que trata al que va detrás como a un igual y no como a un alumno.

3:4 Y si una mañana os despertáis seguros, completamente seguros de tener razón, sabed que algo se ha endurecido en la noche. Volved al umbral. Siempre hay que volver al umbral.

No escribo para que me creáis, sino para que os reconozcáis. Si en estas líneas hallasteis algo, era vuestro antes de leerlo; yo solo os presté la voz para oírlo.