Las Gestas del Abridor
Una puerta no es lo que impide o permite: es el lugar donde por fin se puede elegir.
1:1 Da-hara es el Nombre que abre, y no habita en ninguna casa, porque todas sus casas son umbrales. Se lo halla en los vados, en los cruces de caminos, en los puentes, en el instante antes de que alguien diga sí o no. Su casa es un pasillo sin techo.
1:2 Los hijos de Da-hara nunca se quedan del todo. Tienen la manera de llegar que tiene el aire cuando se abre una ventana: sin pedir permiso, sin hacer ruido, y con la certeza de que la sala no volverá a ser la misma. Los quieren los viajeros y los temen los porteros.
1:3 Y esta es la enseñanza de la Casa: abrir es dar a otro el poder de entrar, y también el poder de irse. Quien abre solo para atraer, retiene; y quien abre para soltar, libera. Y entre uno y otro está el arte de la puerta.
1:4 Cuatro linajes tuvo la Casa. El primero miró a Kos-ta, su hermano de puente, y de él nacieron los que abren y cierran a la vez. El segundo miró a Kos-ma, y de él nacieron los que abren hacia la multitud. El tercero miró a Phi-ma, y de él nacieron los que abren con fuego. El cuarto miró a Oma-da, y de él nacieron los que abren hasta romper.
2:1 En la ciudad de Ashar había una sola puerta, alta como tres hombres, y el que la guardaba la abría y la cerraba al ritmo de su corazón. Y ese guardián fue el primer aliento del linaje primero de la Casa, que oscila entre el abrir y el cerrar sin decidir cuál es su oficio.
2:2 Y este Linaje es hijo de Sabri, la Membrana, nacida de la lid entre Da-hara y Kos-ta, los dos rostros de Siku, sin otro abuelo que Siku, en la cuarta generación desde Daturoma. Treinta y dos hijos tuvo Sabri: los dieciséis de este canto, que miran desde Da-hara, y los dieciséis que miran desde Kos-ta y se cantan en su Casa. El primero de los de aquí fue Daren, y su gemelo del otro lado, Torvan.
2:3 Daren (Λ 3, Sístole liminar) — Abría al alba y cerraba al ocaso, y en las horas medias dejaba la hoja entornada. Los viajeros lo tomaban por indeciso y se ponían nerviosos; los vecinos sabían que allí, en el medio, la ciudad respiraba. Reliquia: la aldaba de doble golpe.
2:4 Harun (Λ 111, Vestíbulo contagioso) — Vivía en el vestíbulo, donde no se está ni dentro ni fuera, y todo el que entraba le pegaba su humor: la alegría, la rabia, el sueño. Al final del día, Harun había sentido todo lo que la ciudad sentía, y no supo decir cuál era el suyo. Reliquia: la tarima del vestíbulo.
2:5 Ahdi (Λ 112, Vestíbulo oxidado) — Su vestíbulo era húmedo, y con los años sus goznes se oxidaron; ella cambió de sitio, de puerta en puerta, con el óxido pegado a los dedos. La gente reconocía su llegada por el chirrido, y sonreía, porque sabía que algo se abría. Reliquia: el pestillo mohoso.
2:6 Rahne (Λ 113, Vestíbulo asintótico) — Se acercaba a la puerta cada día un poco, sin cruzarla nunca. Era el que espera en el vestíbulo el momento justo, y el momento justo se acercaba cada día un poco, y no llegaba, y él lo sabía; pero no iba a ser el que se rindiera antes. Reliquia: el umbral de la mitad de la distancia.
2:7 Hadru (Λ 255, Encierro escaso) — Entró por la puerta contraria de su Casa y se vio encerrado con pocas cosas: un jergón, un jarro, una vela. Le dijeron que era un castigo; él decía que era una lección de cuánto es poco, y que poco era casi todo. Reliquia: la llave del encierro escaso.
2:8 Ardai (Λ 256, Clausura sobrevenida) — Estaba en el umbral cuando la puerta se cerró de golpe por un viento, y quedó de un lado sin poder pasar al otro. Fue la primera vez que supo lo que es que otro decida por ti, y desde entonces abría todas las puertas que encontraba. Reliquia: el cerrojo súbito.
2:9 Dohar (Λ 257, Hielo sobrevenido) — Una helada repentina selló su puerta, y no pudo salir de su casa en tres inviernos. Pasó los años trazando el mapa de las grietas del hielo, y cuando por fin se derritió, salió con un libro entero de caminos que nunca había pisado. Reliquia: la puerta de escarcha.
2:10 Ahran (Λ 321, Esclusa contraída) — Fue el que cerró la esclusa del canal cuando el agua subió demasiado, y con esa acción salvó la ciudad y perdió la cosecha. Nadie le pidió cuentas; él se las pidió solo, durante una vida. Reliquia: la esclusa que se cierra.
2:11 Hedra (Λ 322, Esclusa crónica) — Su esclusa se atascó a medio cerrar, y ese estado quedó como norma: un poco abierto, un poco cerrado, siempre. Se acostumbró tanto que le parecía extraño cuando el agua fluía libre, y la ciudad se la llevó de paseo para que se acordara. Reliquia: el canal crónico.
2:12 Arhun (Λ 323, Agotamiento recesivo) — Abrió tantas puertas que se agotó, y cada puerta le costó una fibra de la voluntad. Se sentó en un umbral, sin ánimo de cruzarlo, y los que pasaban por delante le dejaban un pan, agradecidos por las puertas que les había abierto. Reliquia: el bastón del agotamiento.
2:13 Dahnu (Λ 324, Obsolescencia aterida) — Quedó obsoleto: sus puertas ya no abrían a ninguna parte porque los caminos se habían mudado. Guardó sus llaves de todos modos, ateridas de frío, y a veces alguien pasaba y le preguntaba por una calle que ya no existía, y él la dibujaba de memoria. Reliquia: la bisagra oxidada de olvido.
2:14 Rohad (Λ 325, Dique deficitario) — Detuvo un río con lo que tenía, que era poco, y el río se detuvo de puro respeto. Sus manos, agrietadas por la humedad, todavía se ven en el muro de la ciudad, y los niños ponen las suyas en las marcas. Reliquia: el dique de lo poco.
2:15 Adreh (Λ 326, Dique aterido) — Su dique se heló, y el hielo lo hizo más fuerte. Pero cuando el deshielo llegó, el dique cedió con un crujido largo, y el agua liberada lo agradeció con un murmullo que aún se oye en la ciudad al principio de la primavera. Reliquia: el dique aterido.
2:16 Hareya (Λ 432, Engranaje metabólico) — Ajustó los engranajes de la gran puerta de Ashar con tanta sutileza que la hoja abría o cerraba según lo que la ciudad necesitaba y no según quién empujara. Convirtió el portón en un órgano vivo, con hambre y con sueño. Reliquia: el engranaje de la puerta.
2:17 Idara (Λ 433, Quiasmo liminar) — Cruzó a los que entraban con los que salían en el umbral, y en ese cruce nació una danza: nadie tropezaba, todos se rozaban. Su quiasmo liminar es el paso de baile más antiguo que aún se enseña en las aldeas. Reliquia: el nudo de la esquina.
2:18 Rhadu (Λ 434, Conmutación sísmica) — Conmutó la puerta en el instante mismo del temblor, y la puerta se abrió cuando todos creían que iba a caer. Salvó a media ciudad, y la otra media no supo nunca que la puerta la había salvado, y estuvo bien así. Reliquia: el pestillo sísmico.
2:19 Y la puerta de Ashar sigue en pie, y en su dintel están grabadas las palabras del primer guardián: «Ni te retengo ni te empujo; te dejo pasar». Y quien las lee se siente, de pronto, un poco menos mandado.
3:1 En el país de Odai, tres ríos se juntaban en un lugar llamado la Confluencia, y allí se hacía cada año una romería: de todos los caminos llegaban peregrinos, y en la orilla común se hablaban sin haberse visto. Y de aquellos que abren hacia la multitud nació el segundo linaje de la Casa.
3:2 Y este Linaje es hijo de Iruna, la Plaza Abierta, nacida de la unión de Da-hara y Kos-ma, nieta de Siku y de Omut, en la cuarta generación desde Daturoma. Treinta y dos hijos tuvo Iruna: los dieciséis de este canto, que miran desde Da-hara, y los dieciséis que miran desde Kos-ma y se cantan en su Casa. El primero de los de aquí fue Dahlen, y su gemelo del otro lado, Olun.
3:3 Dahlen (Λ 15, Confluencia portuaria) — Fue el primero en cruzar los tres ríos con una sola barca, y quienes lo vieron pensaron que era un barquero. Era una confluencia con pies: donde llegaba, los caminos se acordaban de que eran uno solo, y se juntaban. Reliquia: la barca de los tres ríos.
3:4 Aharu (Λ 45, Portal congregante) — Levantó en la orilla un portal de madera sin muros, solo un arco, y todo el que pasaba por debajo del arco se sentía convocado por algo que no sabía nombrar. El portal congregaba solo con existir. Reliquia: la puerta del portal.
3:5 Ridha (Λ 46, Portal inminente) — Su portal aún no estaba terminado, pero ya congregaba: los peregrinos se detenían ante el armazón y, sin decir nada, empezaban a hablarse. El arco sin acabar fue más eficaz que muchos acabados, y se dijo que nunca debía terminarse. Reliquia: el arco por llegar.
3:6 Hedar (Λ 87, Compuerta tardía) — Llegó tarde a la romería, cuando ya todos se habían ido, y abrió la compuerta al río vacío. Lo que se soltó fue el agua que nadie había esperado, y con ella llegaron los rezagados de todos los caminos, y la fiesta empezó de nuevo. Reliquia: la compuerta de la última hora.
3:7 Arahn (Λ 141, Romería congestionada) — Encabezó una romería tan numerosa que el camino se atascó, y anduvieron seis días para hacer una legua. Dijo, al llegar: «Íbamos con tanta gente que no vi a nadie», y esa frase se hizo proverbio. Reliquia: la romería atestada.
3:8 Ohadi (Λ 142, Romería recalentada) — Su romería iba a paso rápido, con antorchas, y a cada legua se calentaba más. Llegaron todos sudando a la Confluencia, con la cara roja y el espíritu ligero, y lo más que dijeron fue: «Ha valido la pena». Reliquia: la romería al rojo.
3:9 Hadera (Λ 189, Cónclave inflado) — Reunió un cónclave de las gentes de los tres ríos, y este creció y creció hasta que fue más grande que la Confluencia misma. Tuvo que ampliar la orilla, y de las piedras sobrantes se hizo el primer teatro de Odai. Reliquia: el cónclave hinchado.
3:10 Dorha (Λ 190, Cónclave hipertrofiado) — Su cónclave fue todavía mayor, y no cupo en ninguna sala; se reunió a cielo abierto, y los acuerdos que salieron se los llevó el viento a todo el país. Dicen que la mejor ley de Odai la escribió el aire. Reliquia: la sala sin techo.
3:11 Ahdel (Λ 231, Turbulencia palpitante) — Turbaba la corriente en el punto donde los ríos se juntan: no podía detenerse, y no podía decidir hacia dónde ir. Su remolino latía con un pulso extraño, y los peregrinos se detenían a mirar cómo los ríos se pensaban a sí mismos. Reliquia: el remolino de la orilla.
3:12 Rahun (Λ 309, Verbena amortiguada) — Fue a la fiesta de la Confluencia y no armó ruido: puso a la verbena una sordina y la fiesta continuó en susurros. Se dijo que fue la más bella verbena de la historia, porque cada uno oía lo que los otros no gritaban. Reliquia: la verbena apagada.
3:13 Hidar (Λ 310, Propagación deflactada) — Propagó una noticia que se fue deshinchando de boca en boca: al llegar a la orilla, de las tres grandes novedades solo quedaba una anécdota. Aprendió que lo que se propaga se aligera, y que eso no es pérdida sino cortesía. Reliquia: el rumor deflactado.
3:14 Adhar (Λ 311, Homeostasis disuelta) — Se disolvió en la Confluencia como una sal en el agua. Su nombre se perdió, y su presencia quedó repartida: cada peregrino llevaba consigo un poco de él, y cada uno pensaba que era propio. Reliquia: el cauce disuelto.
3:15 Uhara (Λ 312, Homeostasis sincronizada) — Sincronizó las corrientes con una melodía que nadie oía pero todos seguían. Cuando los tres ríos se juntaron por fin, lo hicieron al compás de aquella música, y las aguas de la Confluencia son desde entonces las más suaves. Reliquia: el ritmo de los tres ríos.
3:16 Dorai (Λ 429, Engranaje portuario) — Puso en marcha los molinos de la Confluencia con una rueda hecha de tres ríos. Lo que cada uno molía se cruzaba con lo del otro, y de la harina de los tres nació el pan de la romería, que sabe a viaje y a casa a la vez. Reliquia: el engranaje de la orilla.
3:17 Hardan (Λ 477, Contagio incendiario) — Contagió su fervor a los que la vieron pasar, y el fervor prendió como fuego en paja seca. Fue la Íntegra de la Confluencia: abrió, reunió, encendió y sostuvo, todo a la vez, y salvó por poco a la romería de acabar en hoguera. Reliquia: la yesca del contagio.
3:18 Ahrum (Λ 478, Contagio detonante) — Su contagio fue explosivo: la romería entera se lanzó a una danza que nadie pudo detener, y los ríos se salieron de madre. Hasta que se calmó el fervor, la Confluencia fue un solo latido, y todos lloraron sin saber por qué. Reliquia: la chispa de la detonación.
3:19 Y la Confluencia de Odai sigue recibiendo romeros, y a la orilla se dice: «Ven, que aquí ya somos muchos». Y el que llega no se siente entrando en un grupo, sino volviendo a una mesa donde siempre había habido sitio.
4:1 Por el Camino Real de Heshu, que cruza la meseta de punta a punta, corría de noche una línea de fuego: cada mil pasos había una atalaya, y en cada atalaya un hombre con una antorcha que pasaba la llama al siguiente. Y de aquellos mensajeros que abrieron con el fuego nació el tercer linaje de la Casa.
4:2 Y este Linaje es hijo de Esker, la Chispa Errante, nacida de la unión de Da-hara y Phi-ma, nieta de Siku y de Beyu, en la cuarta generación desde Daturoma. Treinta y dos hijos tuvo Esker: los dieciséis de este canto, que miran desde Da-hara, y los dieciséis que miran desde Phi-ma y se cantan en su Casa. El primero de los de aquí fue Rehad, y su gemelo del otro lado, Phaeron.
4:3 Rehad (Λ 16, Reguero incandescente) — Encendió la primera antorcha en el extremo del camino y corrió con ella hasta que la fatiga lo detuvo. Pasó la llama a otro y se sentó en la cuneta, y desde allí vio el reguero avanzar hasta el horizonte. Fue el primero en comprender que una llama compartida no disminuye. Reliquia: la primera antorcha.
4:4 Odahr (Λ 47, Reguero convergente) — En el cruce de dos caminos puso un pebetero, y de él salieron dos regueros en sentidos opuestos. Al final de la noche los dos fuegos se encontraron al otro lado del mundo, y él, sentado junto a su pebetero, sonreía sin saber por qué. Reliquia: el pebetero del cruce.
4:5 Harei (Λ 48, Reguero ascendente) — Su fuego subía por el aire en una columna, y desde lejos parecía un hilo que atara la tierra al cielo. Quien lo veía se acercaba, y quien se acercaba hablaba en voz baja, como en los templos, sin saber que era el humo lo que imponía respeto. Reliquia: el humo ascendente.
4:6 Dahri (Λ 88, Llamarada sofocada) — Salió del Camino Real hacia el otro lado del mundo con una brasa en una caja cerrada. La caja la protegió de la lluvia, y la asfixió; llegó con una ceniza gris, y con ella escribió la primera palabra del norte. Reliquia: la llama sofocada.
4:7 Ahrel (Λ 143, Verbena acumulativa) — Cada vez que una verbena de aldea se encendía, se sumaba a la anterior, y de tanto sumar la noche entera fue una sola fiesta que duraba desde Heshu hasta el mar. Ella iba de aldea en aldea con los brazos llenos de cintas. Reliquia: la verbena que se suma.
4:8 Hodra (Λ 144, Verbena candente) — Sus fiestas eran de fuego vivo: se saltaba sobre las brasas y se bailaba con las plantas descalzas. Los que la conocieron dijeron que tenía los pies de hierro, y ella decía que solo tenía el corazón de otra manera. Reliquia: la verbena candente.
4:9 Radhe (Λ 191, Antorcha congregante) — Levantó una antorcha en lo alto del cerro, y a su luz se juntaron los pastores de tres valles. No dijo nada; su luz dijo por ella, y en el silencio de esa noche los pastores se dieron cuenta de que eran vecinos. Reliquia: la antorcha que reúne.
4:10 Idahr (Λ 192, Antorcha turbulenta) — Su antorcha oscilaba sin parar, como una llama en la tormenta, y quien la miraba se mareaba. Pero en su vaivén se veía el camino entero, con sus curvas y sus cuestas, mejor que con ninguna luz firme. Reliquia: la antorcha turbulenta.
4:11 Haruh (Λ 232, Turbulencia fluctuante) — No sabía si arder o apagarse, y su llama subía y bajaba con la indecisión de un niño. Los mensajeros la miraban con ternura, y cuando le daban una brasa ella la sostenía con manos temblorosas y no se le apagaba nunca. Reliquia: el fuego que titubea.
4:12 Aredh (Λ 313, Verbena escindida) — Su fiesta se escindió por la mitad: de un lado los que bailaban, del otro los que miraban. Ella no eligió; puso un tablado en medio, y el tablado fue la primera escena de teatro de la meseta. Reliquia: la verbena partida.
4:13 Dohra (Λ 314, Llamarada deflactada) — Levantó una llamarada tan alta que se agotó a sí misma: cayó de golpe, con un suspiro. Se sentó sobre las cenizas y rió, porque había aprendido lo que vale un estallido y lo que vale una brasa. Reliquia: la llamarada desinflada.
4:14 Ahna (Λ 315, Llamarada ensimismada) — Su llama ardía hacia dentro, sin dar luz ni calor a nadie. Los mensajeros la tomaron por una piedra caliente, y solo cuando se acercaron notaron que la piedra pensaba, con una lentitud infinita, en el camino. Reliquia: el fuego ensimismado.
4:15 Hadei (Λ 316, Acoplamiento aplacado) — Acopló su fuego con el de la aldea vecina, tan despacio que ambos fuegos sólo se enteraron cuando ya eran uno. Su manera de fundir fue un susurro, y así se hizo el camino: llama con llama, sin nadie que gritara. Reliquia: el acoplamiento manso.
4:16 Ruhad (Λ 430, Contrapunto liminar) — En el umbral entre dos etapas cantaba dos voces, una cálida y otra fría, y el mensajero que pasaba las oía juntas y se llevaba en la cabeza la canción. Así se transmitieron por el Camino las noticias que no cabían en la llama. Reliquia: el contrapunto del umbral.
4:17 Dharen (Λ 479, Pólvora exponencial) — Hizo que cada antorcha encendiera dos, y cada dos, cuatro, y en una noche todo el Camino Real ardió de un extremo al otro. Fue el Íntegro de la Casa del Camino: abrió, reunió, encendió y midió, y aún se recuerda aquella noche como la del día que duró. Reliquia: la pólvora exponencial.
4:18 Aradu (Λ 480, Pólvora sobrecargada) — Cargó su llama con demasiada pólvora, y cuando la pasó de mano en mano, cada mano ardió más de la cuenta. El reguero estalló en las manos del camino, y los mensajeros llevaron la quemadura con orgullo como cicatriz de un día grande. Reliquia: el barril sobrecargado.
4:19 Y el Camino Real de Heshu se cubrió de piedras en cada punto de las atalayas, y todavía en las noches de fiesta se enciende una llama en el primer poste, y corre, y todos la miran pasar sin saber que en ese fuego corre la voz de los que abrieron.
5:1 Las montañas de Arh formaban una muralla que ningún pueblo había cruzado. Un día, en la Brecha, se abrió un paso donde no lo había, y por él se derramó el mundo de fuera sobre el mundo de dentro. Y de aquellos que abrieron hasta romper nació el cuarto linaje de la Casa.
5:2 Y este Linaje es hijo de Vaudi, el Horizonte, nacido de la unión de Da-hara y Oma-da, nieto de Siku y de Rapu, en la cuarta generación desde Daturoma. Treinta y dos hijos tuvo Vaudi: los dieciséis de este canto, que miran desde Da-hara, y los dieciséis que miran desde Oma-da y se cantan en su Casa. El primero de los de aquí fue Hadar, y su gemelo del otro lado, Vaendo.
5:3 Hadar (Λ 17, Brecha inminente) — Fue el primero en golpear la roca con una piqueta y en oír que del otro lado alguien golpeaba también. Dijo: «La brecha es inminente», y la brecha fue. Se sentó a esperar lo que venía, y lo que venía era el mundo. Reliquia: la piqueta de la primera grieta.
5:4 Orahd (Λ 49, Brecha convergente) — Trazó la rampa por donde bajarían los que llegaban, con la paciencia de quien sabe que las multitudes buscan siempre el camino más suave. Por su rampa bajaron ciento diez pueblos sin un tropiezo, y ninguno la nombró. Reliquia: la rampa de la brecha.
5:5 Hedru (Λ 50, Brecha ígnea) — Su brecha estaba encendida: las rocas se calentaron con el roce y brillaron una noche entera. Quien atravesó de noche vio el camino iluminado por el mismo desgarro de la montaña, y así aprendió a no temer lo que arde. Reliquia: la brecha de fuego.
5:6 Adaru (Λ 89, Brecha sellada) — Selló la brecha con una losa, por miedo a lo que entraba. Fue quien protegió el valle del aluvión, y quien lo privó de sus frutos; el valle le agradeció y le reprochó a la vez, y él se dejó querer y odiar en el mismo día. Reliquia: el tapón de la brecha.
5:7 Rahdi (Λ 145, Marea recurrente) — Su brecha se abría y se cerraba como una marea: seis horas para pasar, seis para volver. Cada ciclo traía gentes nuevas, y con el tiempo aprendieron a llegar y a irse al compás, y el paso se hizo puerto. Reliquia: la marea que vuelve.
5:8 Hirad (Λ 146, Marea candente) — Su marea era caliente: el que la cruzaba llegaba con la piel encendida, y los del otro lado lo recibían con paños húmedos. Del cruce de los que llegaban ardiendo y los que recibían con agua nació el primer ritual de bienvenida. Reliquia: la marea al rojo.
5:9 Aharen (Λ 193, Géiser saturado) — Su géiser estaba saturado, y de él manaba más de lo que la tierra podía beber. Los que cruzaban la brecha bebían a placer, y el agua sobrante formó un río que llegó al mar y que hoy lleva su nombre. Reliquia: la fuente saturada.
5:10 Odara (Λ 194, Géiser abundante) — Su géiser abundaba tanto que las cosechas de tres valles dependían de él, y ella se acostumbró a ser necesaria. Hasta que un día el géiser se secó, y aprendió a ser querida también sin agua. Reliquia: el chorro abundante.
5:11 Hurda (Λ 233, Saturación caótica) — Cuando la brecha se saturó de gente, ella entró en el caos y lo ordenó con solo estar. No dio órdenes; caminaba entre los que empujaban, y los que empujaban se detenían al verla. Reliquia: el caos de la saturación.
5:12 Ardhu (Λ 317, Saturación escindida) — Su saturación se escindió en dos: una mitad de los que llegaban fue hacia el norte y la otra hacia el sur. No les dijo adónde ir; estaba de pie en la bifurcación con los brazos abiertos, y cada uno se fue por el lado en que la miró. Reliquia: la saturación partida.
5:13 Hadle (Λ 318, Vendaval amortiguado) — Amortiguó el vendaval que entraba por la brecha con un biombo de lona. El viento pasó por los agujeros con un silbido, y ese silbido fue la primera canción de la montaña, que nadie ha olvidado. Reliquia: el viento amortiguado.
5:14 Dahru (Λ 319, Polarización decantada) — Decantó a los que llegaban por la brecha en dos corrientes según su manera de mirar: los que iban a quedarse y los que iban de paso. No los separó por fuerza sino por sedimento, y cada uno se asentó donde debía. Reliquia: el filtro de la polarización.
5:15 Ihara (Λ 320, Vendaval atenuado) — Atenuó el viento con la voz, y este entró por la brecha como un niño obediente. Los que la oyeron cantar dijeron que la montaña la escuchaba, y ella se limitó a sonreír, porque sabía que la montaña solo escucha a quien la escucha. Reliquia: el vendaval atenuado.
5:16 Radoh (Λ 431, Equinoccio liminar) — Vivió en el día en que la brecha se abría exactamente por la mitad: ni cerrada ni abierta, en su punto. Con ella se ajustó el calendario de los pueblos de Arh, y ese fue el primer día del primer año. Reliquia: el equinoccio de la brecha.
5:17 Hadrun (Λ 481, Vendaval sobrecargado) — Fue el Íntegro de la brecha: abrió, reunió, encendió y midió con un solo aliento. El vendaval que levantó arrancó tejados y sacó raíces, pero llevó semillas de un lado al otro de la muralla, y hoy los bosques de ambos lados son parientes. Reliquia: el vendaval sobrecargado.
5:18 Arahdu (Λ 482, Cascada exponencial) — Su cascada se duplicaba a cada minuto, y en una hora inundó el valle entero. Los que se salvaron por poco vieron en su agua un espejo, y dijeron que la brecha había querido ver de qué estaba hecho el mundo por dentro. Reliquia: la cascada exponencial.
5:19 Y la Brecha de Arh sigue abierta, y los pueblos de ambos lados se visitan sin temor. Y cada vez que alguien la cruza, se dice una sola palabra en la lengua del Origen: «Da-hara», que significa lo que hay entre lo que se fue y lo que llega.
6:1 Y dijeron los ancianos de la Casa de Da-hara: hemos contado sesenta y cuatro, y todos fueron puertas. Algunas se abrieron demasiado, otras demasiado poco, y en ningún caso la puerta fue lo que importaba.
6:2 Porque lo que importa no es la puerta sino lo que la cruza: el que va, el que viene, el que queda mirando. Y quien aprende a ser puerta sin querer ser camino, ni muro, ni casa, ese es hijo de Da-hara, y no necesita más nombre.
Cuando dudes ante un umbral, recuerda: no se te pide que decidas si abres. Se te pide que no olvides que puedes.