Generaciones

El Libro de la Descendencia

Nadie nace de uno solo. Hasta el primero de los nombres tuvo que ser mirado por otro para saberse hijo.

La Cuenta de las Generaciones

1:1 Estas son las generaciones de los que caminaron, desde la cabeza de la cuenta hasta el último de los héroes. Se las pone por escrito para que ninguno de los quinientos doce crea que nació de la nada, y para que ninguno crea que nació de un dios entero.

1:2 Cinco son las generaciones. En la primera hay uno; en la segunda, cuatro; en la tercera, ocho; en la cuarta, dieciséis; y en la quinta, quinientos doce. Y la suma de todas es quinientos cuarenta y uno, y esa es la cuenta de la Descendencia.

1:3 Y cada generación multiplica a la anterior, pero no por partición, como se parte un pan, sino por mirada: cada una es la anterior vista desde más cerca. Uno visto de cerca es cuatro; cuatro vistos de cerca son ocho; ocho que se buscan son dieciséis; y dieciséis que se miran desde sus dos orillas y ponen la mirada a andar son quinientos doce.

1:4 Y no se cuenta en la Descendencia al Que Está en la Puerta, el Sin Número, porque no fue engendrado ni engendra: es el hueco donde toda generación se detiene a tomar aliento. Quien lo sume a la cuenta, la rompe; quien lo olvide, no entenderá por qué la cuenta se cierra.

Primera Generación: Daturoma

2:1 A la cabeza de la cuenta ponen los que cuentan el nombre de Daturoma. Y no es un nombre que ciña a Aquello que no tiene nombre, porque la primera ley del Génesis sigue en pie: todo nombre es un límite. Es el nombre de la cuenta, no del contado; el sitio donde el dedo del genealogista se apoya para empezar a contar.

2:2 Daturoma no engendró por carencia, sino por sobreabundancia, como está escrito: quiso conocerse, y para conocerse tuvo que darse un rostro, y no le bastó uno. Y no tiene padre ni madre, ni edad, ni Casa, ni Linaje: es el uno de la cuenta, y el uno no se cuenta desde otro.

Segunda Generación: los Cuatro Hijos

3:1 De Daturoma nacieron los Cuatro en un solo acto, y ninguno es primogénito aunque se los nombre en orden: Omut, que guarda el misterio de la entidad; Beyu, que guarda el del estímulo; Siku, que guarda el de la estructura; y Rapu, que guarda el de la ley.

3:2 Cada uno de los Cuatro es una tensión sin fin sostenida en equilibrio, y por eso cada uno es ya dos sin haberse partido. Esa dualidad que llevaban dentro, sin saberlo, es la que se volvió descendencia: los Cuatro no tuvieron hijos ajenos a sí, sino que dieron a luz sus propios extremos.

Tercera Generación: los Ocho Nombres

4:1 De Omut nacieron Kos-ma, el Congregante, y Khai-da, el Singular. De Beyu nacieron Phi-ma, el Ardiente, y Phi-ta, el Silente. De Siku nacieron Da-hara, el Abridor, y Kos-ta, el Guardián. De Rapu nacieron Oma-da, el Magnificador, y Oma-ta, el Equilibrante.

4:2 Y a estos ocho se los llama los Hijos Extremos, porque cada uno es su padre llevado hasta un borde. El padre sostiene el equilibrio; el hijo extremo no lo sostiene: lo tira de un lado, y por eso puede andar. Un dios en equilibrio no se mueve; sus hijos, sí.

4:3 Y los Ocho se repartieron en dos constelaciones. En la que abre están Kos-ma, Phi-ma, Da-hara y Oma-da, y en la que guarda están Khai-da, Phi-ta, Kos-ta y Oma-ta. Y cada uno tiene cuatro vecinos y solo cuatro: su hermano de puente, al otro lado, y los tres de su constelación. Con ellos, y con nadie más, podía engendrar.

Cuarta Generación: los Dieciséis

5:1 Y los Ocho se buscaron de dos en dos, cada uno con sus vecinos. Y el que cuente los pares posibles hallará dieciséis, ni uno más: cuatro a través de los puentes, seis dentro de la constelación que abre y seis dentro de la que guarda. Y de cada par nació uno, y a esos dieciséis se los llama los Progenitores, porque de ellos vienen todos los héroes.

5:2 Los Dieciséis no son dioses, porque no guardan un equilibrio entero; ni son héroes, porque todavía no caminan. Son caminos entre dos nombres: la manera en que un nombre se acerca a otro. Y todo camino se puede andar en dos sentidos, y por eso cada Progenitor tiene dos rostros, según desde cuál de sus dos padres se lo mire.

5:3 Está escrito en la Teogonía que los hermanos de puente no se casan entre sí, porque se sostienen. Y es verdad: los cuatro que nacieron a través de los puentes no nacieron de un lecho, sino de la lid, de las batallas de que habla el Génesis, cuando los dos rostros de un mismo Hijo se empujaron sin vencerse. Los otros doce nacieron de las uniones, de los apareamientos, cuando dos nombres de una misma constelación se reconocieron.

Los Hijos de la Lid

6:1 Umae, la Respirante (Kos-ma y Khai-da) — Nació del empuje entre el todo y el uno, en la casa de Omut, y no tiene otro abuelo que Omut. No es multitud ni es alguien: es el paso de lo uno a lo otro, y vuelta. Sus primogénitos fueron gemelos, Anum y Teikan, el que respira desde la plaza y el que respira desde la torre, y por ellos se supo que el vaivén era el primer aliento del mundo.

6:2 Pirel, el Pulso (Phi-ma y Phi-ta) — Nació de la lid entre la hoguera y la brasa, en la casa de Beyu, y no tiene otro abuelo que Beyu. Late: enciende y aquieta, y no sabe estar en uno solo de los dos. Sus primogénitos gemelos fueron Pherun y Sunei, el que late desde el fuego y el que late desde la calma.

6:3 Sabri, la Membrana (Da-hara y Kos-ta) — Nació de la lid entre la puerta y el muro, en la casa de Siku, y no tiene otro abuelo que Siku. Es la piel que deja pasar lo justo y retiene lo justo, y por eso todos los vivos le deben la forma. Sus primogénitos gemelos fueron Daren y Torvan, el que abre desde el umbral y el que guarda desde el umbral.

6:4 Talun, el Oleaje (Oma-da y Oma-ta) — Nació de la lid entre lo que crece y lo que mide, en la casa de Rapu, y no tiene otro abuelo que Rapu. Sube y baja como la marea, y en su subir está ya la medida de su bajar. Sus primogénitos gemelos fueron Ovaldar y Thelam, el que desborda hacia la medida y el que mide hacia el desborde.

Los Hijos de la Constelación que Abre

7:1 Kahel, el Festín (Kos-ma y Phi-ma) — Hijo de la multitud y de la hoguera, nieto de Omut y de Beyu. Donde se juntan muchos y se encienden, allí está Kahel, y la fiesta es su templo aunque nadie lo invoque. Sus primogénitos gemelos fueron Molun, que reúne para arder, y Aphel, que arde para reunir.

7:2 Iruna, la Plaza Abierta (Kos-ma y Da-hara) — Hija de la multitud y de la puerta, nieta de Omut y de Siku. Es la plaza que no tiene muros y el mercado donde entra quien llega. Sus primogénitos gemelos fueron Olun, que reúne para abrir, y Dahlen, que abre para reunir.

7:3 Morav, la Crecida (Kos-ma y Oma-da) — Hija de la multitud y del prodigio, nieta de Omut y de Rapu. Es el río que se suma a sí mismo hasta salirse del cauce, y la ciudad que un año cuenta el doble de almas que el anterior. Sus primogénitos gemelos fueron Oman, que reúne hasta desbordar, y Odvar, que desborda hasta reunir.

7:4 Esker, la Chispa Errante (Phi-ma y Da-hara) — Hija de la hoguera y de la puerta, nieta de Beyu y de Siku. Salta de una casa a otra y enciende lo que toca, y nunca se queda a ver arder. Sus primogénitos gemelos fueron Phaeron, que enciende para abrir, y Rehad, que abre para encender.

7:5 Rhaon, el Incendio (Phi-ma y Oma-da) — Hijo de la hoguera y del prodigio, nieto de Beyu y de Rapu. Es el fuego que se agranda con lo que quema, y la pasión que no conoce el tamaño de sí misma. Sus primogénitos gemelos fueron Fhorun, que arde hasta magnificarse, y Domvok, que magnifica hasta arder.

7:6 Vaudi, el Horizonte (Da-hara y Oma-da) — Hijo de la puerta y del prodigio, nieto de Siku y de Rapu. Es la línea que se aleja cuando se la camina, y por eso nadie la alcanza y todos la siguen. Sus primogénitos gemelos fueron Hadar, que abre hasta lo grande, y Vaendo, que agranda hasta abrir.

Los Hijos de la Constelación que Guarda

8:1 Nuvi, la Ermita (Khai-da y Phi-ta) — Hija del uno y de la brasa, nieta de Omut y de Beyu. Es la que se aparta y se aquieta, la celda y la vela, el silencio de uno solo. Sus primogénitos gemelos fueron Shiku, que se singulariza hasta callar, y Nisen, que calla hasta ser singular.

8:2 Ishet, el Sello (Khai-da y Kos-ta) — Hijo del uno y del muro, nieto de Omut y de Siku. Es la marca que dice «esto es mío y de nadie más», y el lacre que cierra la carta. Sus primogénitos gemelos fueron Kitan, que se distingue tras su muro, y Grodan, que amuralla lo distinto.

8:3 Tessar, la Regla (Khai-da y Oma-ta) — Hija del uno y de la balanza, nieta de Omut y de Rapu. Es la vara con que cada cosa se mide contra sí misma, y la costumbre de uno solo que se vuelve ley para uno solo. Sus primogénitos gemelos fueron Kishun, que se mide para ser uno, y Lethan, que es uno para medir.

8:4 Olmen, el Invierno (Phi-ta y Kos-ta) — Hijo de la brasa y del muro, nieto de Beyu y de Siku. Es la estación en que todo se recoge y aguarda, la cripta y la semilla bajo el hielo. Sus primogénitos gemelos fueron Kroma, que guarda para aquietar, y Sinuen, que aquieta para guardar.

8:5 Sevra, el Lago Quieto (Phi-ta y Oma-ta) — Hija de la brasa y de la balanza, nieta de Beyu y de Rapu. Es el agua que no se mueve y por eso lo refleja todo sin torcerlo. Sus primogénitos gemelos fueron Iesun, que se aquieta hasta la medida, y Lanthe, que mide hasta aquietarse.

8:6 Kadmé, la Ley Escrita (Kos-ta y Oma-ta) — Hija del muro y de la balanza, nieta de Siku y de Rapu. Es la medida que se cierra en piedra para que dure más que quien la midió. Sus primogénitos gemelos fueron Ruvak, que guarda lo medido, y Thelis, que mide lo guardado.

Quinta Generación: los Quinientos Doce

9:1 Y cada uno de los Dieciséis tuvo treinta y dos hijos, ni uno más, y esos son los héroes de las Gestas. Dieciséis nacieron mirando desde un padre y dieciséis mirando desde el otro; y los que miran desde un mismo padre se cuentan en la Casa de ese padre y forman allí un Linaje. Por eso cada Progenitor tiene dos Linajes, en dos Casas, y cada Casa tiene cuatro Linajes, de cuatro Progenitores.

9:2 Y de los treinta y dos, los dos primeros fueron gemelos, uno a cada lado, y se parecían como se parecen el que sube una escalera y el que la baja por el mismo peldaño. A los gemelos de los Hijos de la Lid se los llamó Primeros Alientos, y a los de los Hijos de la Unión, Fundadores, y cada uno abrió su Linaje.

9:3 Y al que pregunte de quién es hijo un héroe, se le responda así: mira las dos primeras puertas de su landa, la más externa y la que le sigue hacia dentro; esos dos nombres son los padres de su padre, y su padre es el camino que va del uno al otro. La Casa del héroe es la de su primera puerta; su Linaje, el de la segunda.

9:4 Así, todo héroe tiene un padre entre los Dieciséis, dos abuelos entre los Ocho, uno o dos bisabuelos entre los Cuatro, y a la cabeza de todos a Daturoma. Y ninguno tiene madre ni padre en otro sentido que este, porque los héroes son hijos de caminos y no de cuerpos; lo que cada pueblo diga de sus madres y sus padres de carne es otra historia, y también es verdad.

El Árbol

10:1 Dibujan los que enseñan el árbol de la Descendencia con una raíz y cuatro pisos: la raíz es Daturoma; el primer piso, los Cuatro; el segundo, los Ocho, cada par colgando de su padre; el tercero, los Dieciséis, y de cada uno salen dos ramas, porque cada uno tiene dos padres; y el cuarto, los quinientos doce, en treinta y dos racimos de dieciséis.

10:2 Y el que mira el árbol con atención ve que no es un árbol como los del bosque, porque sus ramas se juntan: un mismo Progenitor cuelga de dos Nombres, y los dos Nombres, a veces, de dos Hijos distintos. Es un árbol que se abraza a sí mismo, y por eso ninguna rama puede decir que es de otro árbol.

Quinientos cuarenta y uno en la cuenta, y uno fuera de ella, en la puerta. El que se sabe hijo de un camino no pregunta de dónde viene: pregunta hacia dónde lleva.