Las Gestas del Singular
Nadie me llamó por mi nombre hasta que hube dejado de esperarlo.
1:1 Khai-da es el Nombre que corta. No corta por crueldad, sino por precisión: sin su filo, todo sería una sola cosa sin bordes, y una sola cosa sin bordes no es ninguna. Su casa es la más pequeña de las ocho y tiene la mayor cantidad de puertas cerradas.
1:2 Los hijos de Khai-da se reconocen porque no se parecen a nadie, ni siquiera entre ellos. Cada uno llegó al mundo con una firma que ningún otro puede falsificar, y por esa firma los amaron y los temieron. Habitan en las cimas, en los desiertos, en las celdas, en los versos que solo uno entiende.
1:3 Y esta es la enseñanza de la Casa: ser uno no es estar solo; es ser lo que ningún otro puede ser en el lugar donde estás. El que confunde ambas cosas se encierra; y el que las distingue, ilumina.
1:4 Cuatro linajes tuvo la Casa. El primero volvió el rostro a Kos-ma y aprendió a regresar entre los muchos sin perderse. El segundo miró a Kos-ta y edificó murallas para su nombre. El tercero miró a Phi-ta y se hundió en el silencio. El cuarto miró a Oma-ta y se quedó quieto como una piedra al sol.
2:1 Hubo una torre, Kesh, alta y sin ventanas, donde cada cual tenía su celda y cada celda su silencio. Y el guardián de la torre era el primer aliento de este linaje, que subía y bajaba las escaleras entre los solos sin pertenecer a ninguno.
2:2 Y este Linaje es hijo de Umae, la Respirante, nacida de la lid entre Khai-da y Kos-ma, los dos rostros de Omut, sin otro abuelo que Omut, en la cuarta generación desde Daturoma. Treinta y dos hijos tuvo Umae: los dieciséis de este canto, que miran desde Khai-da, y los dieciséis que miran desde Kos-ma y se cantan en su Casa. El primero de los de aquí fue Teikan, y su gemelo del otro lado, Anum.
2:3 Teikan (Λ 2, Vaivén soberano) — Subía a la torre cuando el peso de la soledad lo requería y bajaba a la plaza cuando el peso de la multitud lo mandaba. Dijo una vez: «Soy el vaivén de los que no se quedan», y los solos de la torre le dieron sitio en todas las escaleras. Reliquia: el candil de dos llamas.
2:4 Kishi (Λ 108, Soledad amurallada) — Habitaba entre la gente con una soledad tan alta que la plaza tuvo que ceñirse a su alrededor como se ciñe un pueblo a un castillo. Nunca supo por qué la rodeaban, y los que la rodeaban tampoco. Reliquia: el muro de la plaza.
2:5 Esh (Λ 109, Soledad residual) — Quedó de la soledad lo que queda de un fuego: un poco de ceniza tibia. Era pequeño, y por serlo, cabía en cualquier grieta de la torre, y era el confidente de todos los que no querían confiar en nadie. Reliquia: el pedernal del residuo.
2:6 Ketri (Λ 110, Soledad cristalizada) — Se cristalizó en su soledad como la sal en el borde del mar. Los solos de la torre venían a mirarla, y en su superficie cada uno se veía a sí mismo, agrandado, y ninguno la reconocía como una persona. Reliquia: la lágrima de cristal.
2:7 Tirel (Λ 252, Comunión oxidada) — Bajó de la torre a mendigar comunión y lo que le dieron fue una moneda vieja, oxidada de tanto pasar de mano. La guardó como se guarda una llave, y con ella abrió una fonda de la ciudad donde le dieron de comer sin preguntarle quién era. Reliquia: la moneda oxidada.
2:8 Ikesh (Λ 253, Ignición ardiente) — Salió de su celda ardiendo, y en la plaza su fuego se contagió a los demás y todos ardieron un rato, a la vez, sin conocerse. Al volver a su celda le dolía la piel, y contó lo que había visto en una sola frase, la única que dijo aquel año. Reliquia: la tea que no se apaga.
2:9 Kheru (Λ 254, Oxidación volcánica) — Después de años de encierro, el contacto con los otros lo hizo estallar, y la ceniza que echó cubrió medio valle. Al calmarse quedó una montaña nueva, con su nombre, y allí se instalaron los que huían de sus propios volcanes. Reliquia: la piedra volcánica.
2:10 Tesku (Λ 303, Oxidación inflamada) — Recorrió los caminos con la ropa ardiendo de un fuego que no la consumía, y quien la veía pasar sentía el impulso de quitarse lo suyo. Le llamaron loco, luego santo, luego nada, y el sayo sigue en la torre, sin una quemadura. Reliquia: el sayo inflamado.
2:11 Ikeran (Λ 304, Hipertrofia forzada) — Sus dones eran tantos que le pesaban, y los esparció por la ciudad con más fuerza de la debida. Los que los recibieron no supieron qué hacer con tanto, y por primera vez la torre se llenó de regalos que nadie había pedido. Reliquia: el canto de la hipertrofia.
2:12 Sheti (Λ 305, Festín inflamado) — Cuando los solos fueron convocados a una fiesta, ella fue la primera en sentarse, con los ojos encendidos. Comió y bebió hasta que la mesa temblaba, y dijo después: «No recordaba que hubiera tanto mundo dentro de un plato». Reliquia: la mesa del festín inflamado.
2:13 Kitesh (Λ 306, Festín forzado) — Lo llevaron a la fiesta a la fuerza, envuelto en una manta, y se sentó con la cara vuelta hacia la pared. Al tercer día se giró y sonrió; al cuarto se levantó a bailar, y entonces ya no hubo forma de sacarlo de la fiesta. Reliquia: el mantel del festín forzado.
2:14 Tikeh (Λ 307, Romería robusta) — Salió en romería, a pie, hacia la llanura de las multitudes, y llevó consigo un zurrón con la poca cosa que un solo necesita. Llegó robusto, fuerte, y su llegada se notó a leguas, y lo recibieron como a un aliado viejo. Reliquia: el zurrón del romero.
2:15 Keshun (Λ 308, Romería excedentaria) — Llevó consigo más de lo que hacía falta: una segunda capa, otra alforja, una segunda sombra. Al llegar a la llanura lo repartió todo, y quedó libre y desnudo, y dijo: «El que va solo lleva de sobra, para tener a quién dar». Reliquia: el cayado sobrante.
2:16 Iteru (Λ 426, Trenza metabólica) — Trenzó los rescoldos de los solos con las brasas de los muchos, con tanta calma que ninguno de los dos fuegos se dio por vencido. Su trenza, cuando se ceñía a un brazo, curaba la desconfianza y dejaba una marca tibia. Reliquia: la trenza de los rescoldos.
2:17 Tekhi (Λ 427, Trenza calibrada) — Trenzó con tanta medida que su cuerda parecía una sola hebra, pero eran mil, y cada una conservaba su nombre. Cuando la torre se abrió, esa fue la cuerda que ató la puerta a la plaza, y no se rompió jamás. Reliquia: la cuerda trenzada de una sola hebra.
2:18 Shikan (Λ 428, Trenza sísmica) — Trenzó en el instante en que la torre se resquebrajaba, y cada hebra crujió por su lado. Del crujido nació una grieta por la que entró la luz, y los solos se asomaron por primera vez a mirar de dónde venía el día. Reliquia: la trenza de la grieta.
2:19 Y la torre de Kesh no se derrumbó, pero le crecieron ventanas. Cada celda tuvo la suya, y por ella un solo podía ver a los otros sin salir. Y se dijo entonces: la soledad no es el contrario de la compañía, sino su manera más honda de escucharse.
3:1 En medio del mar de Ushe había una isla, y en la isla un convento de solos que amuralló la costa para que no llegara el ruido. Y de aquellos que aprendieron a vivir tras sus propios muros nació el linaje segundo de la Casa, cuya ley es: que nada entre sin ser llamado.
3:2 Y este Linaje es hijo de Ishet, el Sello, nacido de la unión de Khai-da y Kos-ta, nieto de Omut y de Siku, en la cuarta generación desde Daturoma. Treinta y dos hijos tuvo Ishet: los dieciséis de este canto, que miran desde Khai-da, y los dieciséis que miran desde Kos-ta y se cantan en su Casa. El primero de los de aquí fue Kitan, y su gemelo del otro lado, Grodan.
3:3 Kitan (Λ 12, Encierro insular) — Fue el primero en clavar su ancla en la roca y decir «aquí no». Su encierro no fue castigo sino elección, y de esa elección nació el primer convento: un puñado de gentes que habían dicho lo mismo, cada una en su idioma. Reliquia: el ancla de la isla.
3:4 Tekesh (Λ 39, Ermita amurallada) — Levantó su ermita con las manos, ladrillo a ladrillo, y la amuralló hasta que el viento no pudo entrar. Vivió dentro de un silencio tan bien hecho que las aves posaban en el techo sin miedo, creyendo que era una roca. Reliquia: el ladrillo de la ermita.
3:5 Isketh (Λ 40, Ermita gélida) — Su ermita se cubrió de hielo, y ella la llamó gélida, y la amó por serlo. Guardaba la llave bajo la lengua, para no dársela a nadie, y en las noches más largas cantaba un solo verso que se helaba antes de llegar a la puerta. Reliquia: el candado de escarcha.
3:6 Kheshi (Λ 84, Reabsorción ermitaña) — Fue la única que volvió a la costa de tierra firme, y allí se reabsorbió en la vida de los otros como una gota en una jarra. Algunos dijeron que había desertado; ella dijo que llevaba consigo la isla, y que la isla quería conocer el continente. Reliquia: el barco sin remos.
3:7 Tirun (Λ 135, Claustro recurrente) — Recorría el claustro una vez y otra, con paso idéntico, y cada vuelta dejaba un surco en la piedra. Los surcos se cruzaron hasta formar un dibujo: el mapa de todos los lugares a los que no había ido. Reliquia: el reloj de arena del claustro.
3:8 Ekhet (Λ 136, Claustro cristalizado) — Se quedó quieto en un rincón del claustro, y su quietud se cristalizó. Con los siglos, el cristal creció, y en su centro quedó una figura de hombre con los ojos abiertos. Los visitantes creyeron ver el futuro de sí mismos. Reliquia: el espejo del claustro cristalizado.
3:9 Sikeru (Λ 183, Mazmorra deficitaria) — Vivía en la mazmorra de su propia falta, con menos de lo que necesitaba, y aprendió a llamar libertad a lo poco que le quedaba. Los guardas le abrieron la puerta un día, y no supo qué hacer con la puerta abierta. Reliquia: la reja de la mazmorra.
3:10 Teshkan (Λ 184, Mazmorra sedimentada) — Su mazmorra se llenó de sedimentos: polvo, cera, cabellos, palabras. Cuando los guardas la limpiaron, hallaron una biblioteca entera de cosas no dichas, ordenada por capas, y la llevaron a la torre mayor sin decir cuál era su autor. Reliquia: el fardo de la mazmorra.
3:11 Ikthe (Λ 228, Contracción palpitante) — Su encierro tenía pulso: se contraía y se dilataba como una ostra. Cuando afuera había tormenta, se encogía; cuando había sol, se abría un poco, y así aprendió que el muro no es una pared sino una piel. Reliquia: el pulso del encierro.
3:12 Kesir (Λ 291, Mecha contraída) — Tenía una chispa que no se atrevía a soltar, y la contrajo hasta hacerla cabeza de alfiler. El día que la dejó saltar, la isla entera se iluminó una noche, y el mar respondió con un rayo que le devolvió el nombre. Reliquia: la mecha recogida.
3:13 Tikuh (Λ 292, Presa colmada) — Detuvo un río con los brazos, y el río llenó la presa hasta el borde. No la abrió: la dejó colmada, con el agua a punto de desbordar, y durante años el convento vivió en el susurro de una promesa que no llegó. Reliquia: la presa colmada.
3:14 Shekhu (Λ 293, Compuerta encendida) — Encontró una compuerta en el muro, y la abrió; salió luz por ella, y salieron las ganas de otros. Dentro de su celda dejó un cabo de vela encendido, para que se supiera que allí había habido alguien que abrió. Reliquia: la llave encendida.
3:15 Iren (Λ 294, Compuerta forzada) — Forzó una compuerta que llevaba siglos sellada, con más ímpetu del debido, y salió tanta agua que la isla estuvo a punto de anegarse. Corrieron los monjes con cubos, y aprendieron que lo que se abre de golpe hay que sostenerlo de golpe. Reliquia: la palanca de la compuerta.
3:16 Kithen (Λ 423, Urdimbre insular) — Tejió los hilos de todas las ermitas en un solo tapiz, y cada ermita ocupó su propio cuadro. Colgado en la plaza del continente, el tapiz mostraba que la isla no era un lugar sino una manera de estar cerca sin tocar. Reliquia: el tapiz insular.
3:17 Ketesh (Λ 471, Clausura latente) — Dijo las cuatro dimensiones en una sola clausura: cerrada por fuera, cerrada por dentro, silenciosa en el núcleo, y compensada en todo. Fue el Íntegro de la isla: quien hallaba en su ermita la pureza de un cristal, y el hambre de un pájaro encerrado. Reliquia: el sello de la clausura.
3:18 Teiruk (Λ 472, Clausura agotada) — Cerró tanto que se agotó: sus muros ya no dejaban pasar ni el aire, y él se fue apagando dentro. Lo encontraron con una sonrisa quieta, como quien ha cumplido una promesa hecha al principio de los tiempos. Reliquia: el cirio agotado.
3:19 Y la isla de Ushe todavía existe, con sus murallas y sus compuertas, y en ella se enseña que el muro no es un fin sino una forma: una piel que se aprende a abrir y cerrar según el tiempo. Y quien nunca abre su muro, ese es el que muere de sed en medio del mar.
4:1 En la montaña de Ilum había una cueva donde nadie hablaba. Los que entraban dejaban la voz a la entrada, en un cuenco de piedra, y salían sin ella. Y de aquellos que aprendieron a callar por dentro nació el tercer linaje de la Casa, el de los que se hunden en el silencio de Phi-ta.
4:2 Y este Linaje es hijo de Nuvi, la Ermita, nacida de la unión de Khai-da y Phi-ta, nieta de Omut y de Beyu, en la cuarta generación desde Daturoma. Treinta y dos hijos tuvo Nuvi: los dieciséis de este canto, que miran desde Khai-da, y los dieciséis que miran desde Phi-ta y se cantan en su Casa. El primero de los de aquí fue Shiku, y su gemelo del otro lado, Nisen.
4:3 Shiku (Λ 13, Ensimismamiento mudo) — Fue quien tuvo por primera vez la idea de dejar la voz en un cuenco: la puso en la entrada de la cueva y bajó al silencio. Cuando volvió a por ella, la voz ya no era la misma, y en la piedra del cuenco quedó un eco que ningún oído oyó. Reliquia: el cuenco de las voces.
4:4 Tekan (Λ 41, Retiro claustral) — Se retiró a una celda de la cueva, y allí fue reduciendo su vida a lo indispensable: agua, pan, y una pared. La pared le devolvió al fin la imagen de sí, y así comprendió que no se había retirado del mundo sino del ruido. Reliquia: el velo del retiro.
4:5 Keithe (Λ 42, Retiro invernal) — Su retiro fue invernal: cada año, con la primera nieve, cerraba la puerta y no la abría hasta el deshielo. En primavera salía con los ojos limpios como un vaso, y quien lo miraba sentía la nieve en la garganta. Reliquia: la nieve del retiro.
4:6 Ishen (Λ 85, Entropía mansa) — Se fue enfriando por dentro con una mansedumbre que no daba miedo. Su calor se iba en pequeñas dosis al aire, sin ruido, y su cuerpo aprendió a vivir sin encender nada, hasta ser una piedra tibia a la que se acercaban los pájaros. Reliquia: la brasa que se aquieta.
4:7 Teskir (Λ 137, Ermita orbital) — Su ermita giraba a la manera de los planetas, en torno a un punto que no era ella misma. Cada vuelta le enseñaba que el centro está siempre un poco más allá, y llevaba un cordón para no perder la cuenta. Reliquia: el cordón de la ermita.
4:8 Kheito (Λ 138, Ermita invernal) — Su ermita invernal tenía la puerta hacia el norte, y ella dormía sin brasero. Un mantón de lana era todo su abrigo, y con él dio la bienvenida a los que llegaban helados, sin decir palabra, pasándoles el borde. Reliquia: el mantón de la ermita.
4:9 Kitesu (Λ 185, Mutismo enclaustrado) — Se enclaustró en el mutismo como en una cámara del tesoro. Nadie supo qué guardaba dentro, y quizá no guardaba nada; pero su callar tenía tal peso que los que hablaban frente a él bajaban la voz sin saberlo. Reliquia: el candado de la lengua.
4:10 Siketh (Λ 186, Mutismo glacial) — Su silencio se hizo hielo: cada palabra que iba a decir se le congelaba en la boca. Aprendió a escribir en el aire con el vaho, y sus frases duraban lo que dura un aliento, y eran las más limpias. Reliquia: la escarcha de la palabra.
4:11 Etsu (Λ 229, Enfriamiento fluctuante) — Se enfriaba y se templaba sin ley, a veces en el mismo día. Los monjes lo llamaban el barómetro, y no le hacían caso a sus palabras sino a su color: si estaba pálido, iba a helar; si rojo, a llover. Reliquia: el jarro del frío inconstante.
4:12 Khiren (Λ 295, Enfriamiento entreabierto) — Enfriado por el silencio, dejó un postigo entreabierto por si alguien llamaba. Nadie llamó en veinte años, pero el postigo siguió abierto, y por él entró un día un pájaro, y con el pájaro el mundo. Reliquia: el postigo entreabierto.
4:13 Tekasi (Λ 296, Viscosidad forzada) — Se volvió viscoso, lento, como la miel de invierno, y así quedó atrapado en su propio silencio. Quiso salir, y le costó una vida entera moverse un dedo, y ese dedo fue el que tocó, al fin, una puerta. Reliquia: la miel forzada.
4:14 Ikuen (Λ 297, Chispazo redentor) — En el centro de la cueva, donde el silencio era más denso, saltó una chispa de la nada, y la redención fue un instante de luz. Los monjes lo tomaron por un milagro, y era solo el silencio dando de sí lo que llevaba dentro. Reliquia: el chispazo redentor.
4:15 Shekari (Λ 298, Rescoldo inflamado) — Bajo la ceniza del silencio había un rescoldo, y ella lo sopló hasta inflamarlo. Salió de la cueva ardiendo, con la voz encendida, y lo primero que dijo fue el nombre de quien la había esperado sin verla. Reliquia: el rescoldo inflamado.
4:16 Kesu (Λ 424, Contrapunto centelleante) — Cruzó su silencio con el ruido de una plaza, y de ese cruce salió una música que centelleaba como agua bajo el sol. Enseñó a los monjes a oír el silencio y a los de la plaza a callar, y todos aprendieron el mismo tono. Reliquia: el contrapunto centelleante.
4:17 Tiesh (Λ 473, Mortaja periférica) — Vivió en el borde mismo de la cueva, a medio camino entre el silencio y la voz. Sus cuatro dimensiones se posaron en él como los cuatro puntos de una mortaja, y murió sin haber hablado ni haber callado del todo. Reliquia: la mortaja del borde.
4:18 Eketi (Λ 474, Mortaja latente) — Se murió antes de morir, porque su silencio era tan hondo que ni el corazón se atrevía a interrumpirlo. Seguía latiendo, muy bajo, dentro de un sudario, y aún hoy los que pasan por su celda sienten un pulso bajo el suelo. Reliquia: el sudario latente.
4:19 Y la cueva de Ilum guarda todavía las voces en su cuenco, y los que van a recogerlas se llevan una y dejan otra, y así hay un intercambio de voces entre los siglos. Y el silencio que allí se enseña no es vacío: es el espacio necesario para que otra voz entre.
5:1 Más allá de los desiertos de Rako se extendía un yermo donde todo se había detenido. Los hombres allí no morían ni vivían: se convertían en piedra, poco a poco, en pie o sentados, con la última palabra en los labios. Y de aquellos que quedaron quietos nació el cuarto linaje de la Casa, el de los que se hicieron fósil.
5:2 Y este Linaje es hijo de Tessar, la Regla, nacida de la unión de Khai-da y Oma-ta, nieta de Omut y de Rapu, en la cuarta generación desde Daturoma. Treinta y dos hijos tuvo Tessar: los dieciséis de este canto, que miran desde Khai-da, y los dieciséis que miran desde Oma-ta y se cantan en su Casa. El primero de los de aquí fue Kishun, y su gemelo del otro lado, Lethan.
5:3 Kishun (Λ 14, Fosilización temprana) — Fue el primer hombre en dejar de moverse, no por miedo sino por calma. Se quedó sentado junto a una piedra hasta que se volvieron una sola cosa; y así se fosilizó, muy temprano, y la piedra sigue allí, con sus rasgos. Reliquia: el guijarro primero.
5:4 Tetsu (Λ 43, Yermo amurallado) — Levantó una tapia alrededor de su parcela de arena, y detrás de la tapia no crecía nada, y en eso estaba su orgullo. Un día una semilla salvó la tapia, y él la dejó crecer, y de la semilla nació un árbol al que llamó Yermo. Reliquia: la tapia del yermo.
5:5 Khesi (Λ 44, Yermo mudo) — Su yermo era mudo, sin siquiera el viento. Ella se sentó en medio y guardó silencio con toda su alma, y el yermo se llenó de una quietud tan grande que los insectos dejaron de cantar para escucharla. Reliquia: la boca de arena.
5:6 Ikthar (Λ 86, Disolución cristalizada) — Fue el único que volvió a caminar. Se había cristalizado, pero una noche de lluvia el cristal se le disolvió por dentro, y se fue caminando, ligero y transparente, hacia los ríos, donde dicen que se hizo agua. Reliquia: el cristal disuelto.
5:7 Seketh (Λ 139, Yermo orbital) — Recorría el yermo en órbita, sin alejarse ni acercarse, y a cada vuelta dejaba una huella más fina. Al cabo de mil vueltas, sus huellas formaron un círculo perfecto, y dentro del círculo crecieron flores que ninguna lluvia había regado. Reliquia: la rueda de los yermos.
5:8 Teikhu (Λ 140, Yermo dormido) — Dormía en el yermo un sueño tan hondo que las estaciones pasaban sobre él sin rozarlo. Cuando despertó, los que lo cuidaban ya eran sus nietos, y él les preguntó por el desayuno. Reliquia: la almohada de piedra.
5:9 Kiren (Λ 187, Atrofia solitaria) — Su soledad le atrofió los miembros: primero la voz, luego las manos, luego los pasos. Le quedaron los ojos, y con los ojos aprendió a mirar de un modo que ningún otro ha alcanzado, y dio su mirada a quien la pidió. Reliquia: la atrofia del solitario.
5:10 Eshki (Λ 188, Sedimentación yerta) — Se dejó cubrir por el polvo, hasta ser una colina, y sobre ella crecieron hierbas y luego un pino. La yerta calma de su sedimento fue el primer lugar del yermo donde se posó un pájaro. Reliquia: la capa de sedimento.
5:11 Titsu (Λ 230, Sedimentación fluctuante) — Su sedimentación fluctuaba: unos años se endurecía y otros se ablandaba, y nunca acabó de ser piedra ni de ser barro. Los visitantes del yermo la usaban para medir la sequía, porque su humor cambiaba con el clima. Reliquia: el fósil inquieto.
5:12 Keshir (Λ 299, Cristalización entreabierta) — Su cristal se cuarteó y dejó pasar un hilo de agua. Ese hilo fue creciendo hasta ser una fuente, y él quedó en pie en el borde de la fuente, medio piedra medio hombre, ofreciendo su mano como cuenco. Reliquia: el cristal entreabierto.
5:13 Iskan (Λ 300, Rescoldo aterido) — Guardaba un rescoldo tan pequeño que el frío del yermo no lo alcanzaba a ver. Con ese rescoldo encendió, en el año más duro, el fuego que salvó a una caravana perdida, y luego se apagó, satisfecho. Reliquia: el rescoldo aterido.
5:14 Teshi (Λ 301, Bifurcación resquebrada) — Se quebró por la mitad, y sus dos mitades caminaron en direcciones distintas por el yermo. Cada una llegó a un pueblo, y en cada pueblo lo recordaron como el hombre que lo salvó, sin saber que eran la misma persona. Reliquia: la bifurcación resquebrajada.
5:15 Kheiri (Λ 302, Hielo inflamado) — Su hielo ardía por dentro con una llama azul que no derretía. Los que se acercaban a calentarse se helaban las manos, y los que se acercaban a helarse se calentaban el corazón, y ella no sabía a cuál de los dos servía. Reliquia: el hielo encendido.
5:16 Sitek (Λ 425, Equinoccio cíclico) — Vivió en el día en que la noche y el día se igualan, y quedó suspendido allí durante siglos. De vez en cuando recorría el yermo con una linterna, y donde pasaba se ablandaba el suelo: fue quien devolvió el ciclo a la tierra fósil. Reliquia: el equinoccio.
5:17 Ikhesh (Λ 475, Sudario residual) — Dijo las cuatro dimensiones y quedó un residuo en cada una: un poco de yerto, un poco de mudo, un poco de cerrado, un poco de plano. Con esos cuatro residuos se hizo un sudario, y con el sudario se cubrió el yermo para que descansara. Reliquia: el sudario residual.
5:18 Tekeru (Λ 476, Sudario atrofiado) — Fue el último en fosilizarse, y lo hizo con dignidad: sentado, con las manos abiertas sobre las rodillas. Cuando el ciclo volvió, todos los fósiles se ablandaron, menos él, que se quedó como testimonio de lo que fue el yermo. Reliquia: la mortaja atrofiada.
5:19 Y el yermo de Rako volvió a ser desierto, y luego pradera, y luego bosque. Y en el centro del bosque, todavía, se puede ver una figura sentada, con las manos abiertas, y la gente le lleva flores sin saber que son para el hombre que se quedó quieto para que los demás pudieran moverse.
6:1 Y dijeron los ancianos de la Casa de Khai-da: hemos contado sesenta y cuatro, y ninguno se parece a otro. Cada uno fue una manera de ser único, y algunas fueron dolorosas.
6:2 Porque ser uno es un oficio que se aprende: no cerrar del todo ni abrir del todo, no callar siempre ni hablar siempre, no quedarse quieto ni correr sin fin. Y a quien lo aprende le será dada la firma que solo él puede escribir.
Cuando te sientas solo, mira tus manos: nadie más tiene esas. Y, sin embargo, con ellas tocas lo que todos tocan.