Las Gestas del Congregante
Ninguna gota sabe que es el río, y el río no sabe que es cada gota. Por eso hace falta una casa donde se lo cuente.
1:1 Kos-ma fue el primer Nombre que se pronunció y por eso se le dio la primera casa. Su casa no tiene puertas, porque no hay afuera para el que reúne; tiene plazas, y en cada plaza cabe más gente de la que la vio construir.
1:2 Los hijos de Kos-ma se conocen porque nunca se los ve solos, ni aun cuando están solos: llevan una multitud a la espalda, como los caracoles llevan su casa. Se los encuentra en los mercados, en los bosques que hablan por las raíces, en las bandadas que giran sin jefe.
1:3 Y esta es la enseñanza de la Casa: lo uno es siempre un acuerdo de muchos, y lo muchos es siempre un uno que aún no se ha enterado. Quien lo olvida, o se disuelve en la masa o se encierra en su cuerpo; y en ambos casos se ha perdido la plaza.
1:4 Cuatro linajes tuvo la Casa. El primero volvió la mirada hacia Khai-da, su hermano de puente, y de él nacieron los que respiran entre el todo y el uno. El segundo se acercó a Da-hara, y de él nacieron los que reúnen para abrir. El tercero se acercó a Phi-ma, y de él nacieron los que reúnen para arder. El cuarto se acercó a Oma-da, y de él nacieron los que reúnen hasta desbordarse.
2:1 Hubo una ciudad de barro, Onu, que en la estación de las lluvias se recogía en su plaza como un puño y en la estación seca se abría por los campos como una mano. Y el tambor que marcaba cuándo llegaba cada estación lo golpeaba un solo hombre, y ese hombre era el primero de este linaje.
2:2 Y este Linaje es hijo de Umae, la Respirante, nacida de la lid entre Kos-ma y Khai-da, los dos rostros de Omut, sin otro abuelo que Omut, en la cuarta generación desde Daturoma. Treinta y dos hijos tuvo Umae: los dieciséis de este canto, que miran desde Kos-ma, y los dieciséis que miran desde Khai-da y se cantan en su Casa. El primero de los de aquí fue Anum, y su gemelo del otro lado, Teikan.
2:3 Anum (Λ 1, Respiración óntica) — Golpeaba una vez para que las casas se abrieran a la plaza y otra para que la plaza se deshiciera en casas. Creía que hacía música; no supo nunca que respiraba por toda la ciudad. Cuando dejó de golpear, Onu ya no pudo saber cuál de las dos cosas era su rostro. Reliquia: el tambor de dos parches.
2:4 Lunay (Λ 105, Comunión porosa) — Nació en la plaza mayor entre dos brazos que no eran los de su madre, y toda piel que la rozaba le dejaba entrar un poco de la otra. Era de todos y era suya, y ninguna de las dos cosas le pesaba; por eso la llamaron cuando hubo que pedir algo a la vez a todos los barrios. Reliquia: el paño de mil hilos.
2:5 Mokera (Λ 106, Comunión febril) — Se fundía con la multitud hasta arder, y su fiebre pasaba de mano en mano hasta que la plaza cantaba con los dientes apretados. Los médicos la mandaron a bajar la fiebre al río, y ella se llevó al río consigo, y desde entonces en Onu el agua canta a las horas de la fiesta. Reliquia: la campana de barro quebrada.
2:6 Nolím (Λ 107, Comunión asintótica) — Se acercaba a la multitud un paso cada día, y cada día quedaba a la mitad de la distancia; jamás tocó a nadie y jamás estuvo solo. Los niños le dejaban un hueco en el corro, por si acaso, y ese hueco fue la primera silla que la ciudad hizo para lo que no acaba de llegar. Reliquia: la silla vacía del corro.
2:7 Tuluk (Λ 249, Destierro amurallado) — Lo echaron de la plaza por preguntar quién había decidido que el tambor sonara así, y edificó un muro alrededor de su destierro para que nadie pensase que lo habían echado. Vivió dentro de su exilio como quien ocupa la casa por la que paga alquiler, y con el tiempo cobró a otros por entrar a verlo. Reliquia: la llave de un solo muro.
2:8 Imar (Λ 250, Destierro estancado) — Quiso volver y no supo por qué camino; se sentó al borde de la ciudad, y allí se le pasó la vida esperando que alguien le dijera que ya podía entrar. Nadie se lo dijo, porque nadie sabía que estaba allí, y en su banco se sientan todavía los que esperan a que otro les dé permiso. Reliquia: el banco del extramuros.
2:9 Ossa (Λ 251, Destierro sedimentado) — Pasó tanto tiempo fuera de la ciudad que su nostalgia se le fue depositando en capas, como arcilla. Al morir abrieron el cántaro donde guardaba su agua, y en cada capa había una plaza distinta, y ninguna era la de Onu, y todas eran la de Onu. Reliquia: el cántaro de barro estratificado.
2:10 Namúa (Λ 285, Destierro clausurado) — Caminaba por la orilla de la ciudad sin poder entrar: cada puerta que hallaba estaba cerrada con más cuidado que la anterior. Dio la vuelta al mundo y llegó de nuevo a la primera, y esta vez estaba abierta, porque los porteros habían muerto; y no entró, porque ya no le hacía falta. Reliquia: el bastón de las diez puertas.
2:11 Lomu (Λ 286, Desgaste congelado) — Caminó hasta desgastarse, y el desgaste se le heló en la espalda como una segunda piel. Los que lo vieron pasar dijeron primero que era un hombre, luego que era una roca que andaba, luego que era una roca; y él no supo en qué momento cambió la palabra. Reliquia: el cayado helado.
2:12 Ulena (Λ 287, Exilio marginal) — Habitó siempre en el margen de las cosas, donde la tinta se acaba y el pergamino se deshilacha. Los cartógrafos la dibujaron muchas veces en el borde del mapa, como un adorno, y ella se dejó dibujar, hasta que un día el mapa se plegó y el borde quedó en medio. Reliquia: la orla del mapa de cuero.
2:13 Kodun (Λ 288, Exilio rígido) — No se dobló ante la orden de partir ni ante la de volver, y su exilio se volvió tan rígido que lo enterraron de pie. Sobre su tumba se levantó una columna, y hoy la ciudad se apoya en ella sin saber que en el fondo hay un hombre que dijo no dos veces. Reliquia: la lanza que no se dobló.
2:14 Amelu (Λ 289, Exilio congelado) — Se fue en invierno y el invierno no lo dejó marchar. Lo hallaron años más tarde con la mano tendida hacia la ciudad, sin haber dado un paso de vuelta, y el guante que llevaba puesto se guarda en Onu para el que quiera saber qué pesa una despedida que no acaba. Reliquia: el guante de hielo.
2:15 Nuoli (Λ 290, Exilio latente) — Estuvo en el exilio sin saberlo toda su vida: vivía en la ciudad, pero una parte de ella estaba fuera, dormida en el camino. Solo despertó al morir, cuando por fin esa parte salió a su encuentro, y se dijeron por fin lo que se habían callado. Reliquia: la puerta de dos hojas entornada.
2:16 Melín (Λ 420, Urdimbre metabólica) — Tejió con lo que la ciudad tiraba —el vellón del esquilo, la ceniza, las cáscaras— una tela que volvía a alimentar a la ciudad. Lo que Onu echaba por una puerta, Melín lo recogía por la otra, y de tanto recogerlo la ciudad aprendió que nada de lo suyo se pierde del todo. Reliquia: el telar de la ciudad.
2:17 Oluma (Λ 421, Quiasmo calibrado) — Cruzó los hilos de los que salían y de los que volvían con tanta cuenta que ni unos ni otros sintieron que los tejía. Su regla era una cuerda con doce nudos, y el nudo doce era la paz; cuando faltaba un nudo, Oluma volvía a contar sin perder la calma. Reliquia: la cuerda de los nudos medidos.
2:18 Tanu (Λ 422, Quiasmo sísmico) — Cruzó los hilos y la tierra tembló, y la ciudad se agrietó justo donde los muros tenían más orgullo. Cuando el temblor pasó, las puertas de los desterrados estaban abiertas, y nadie las había abierto: solo el barro, que se había acordado de ser suelo. Reliquia: la lanzadera de piedra.
2:19 Así volvió Onu a respirar: no porque alguien decidiera que debía abrirse, sino porque los tejedores le hicieron sitio otra vez a sus salidas. Y quien quiera saber qué es una ciudad que vive, que mire si tiene desterrados y si les guarda un banco.
3:1 Hubo un puerto, Tamarán, donde cada año, al abrirse los pasos de la montaña, se reunía la Gran Feria: gente de todas las orillas, con sus lenguas y sus pesas, y nadie se entendía y todos se vendían. Y de aquella multitud que abre puertas nació el segundo linaje de la Casa.
3:2 Y este Linaje es hijo de Iruna, la Plaza Abierta, nacida de la unión de Kos-ma y Da-hara, nieta de Omut y de Siku, en la cuarta generación desde Daturoma. Treinta y dos hijos tuvo Iruna: los dieciséis de este canto, que miran desde Kos-ma, y los dieciséis que miran desde Da-hara y se cantan en su Casa. El primero de los de aquí fue Olun, y su gemelo del otro lado, Dahlen.
3:3 Olun (Λ 9, Crecida gregaria) — Cuando las aguas subieron y el puerto se llenó, fue el primero en decir «cabemos», y con esa palabra la orilla se ensanchó. Era la crecida hecha hombre: donde llegaba, llegaba más gente, y nadie sabía si la gente lo seguía a él o él a la gente. Reliquia: la balanza del muelle.
3:4 Maruna (Λ 33, Nucleación expansiva) — Fue la primera en poner una moneda en el suelo del puerto, y en torno a esa moneda se formó una plaza, y en torno a la plaza un mercado. No inventó el comercio: solo fue el punto donde lo que andaba suelto empezó a cristalizar. Reliquia: el grano de sal madre.
3:5 Nemu (Λ 34, Caldera convergente) — Hacía sopa para los cargadores con lo que cada barco traía, y de tantas lenguas en una olla nació el primer guiso de Tamarán. Todo lo que llegaba al puerto acababa convergiendo en su caldera, y él, que no sabía leer, entendía lo que la gente buscaba con solo verla comer. Reliquia: el caldero del muelle.
3:6 Lamio (Λ 81, Bifurcación gregaria) — Salió hacia las tierras altas a decir lo que la Feria era, y descubrió que allí se llamaba de otra manera y significaba lo contrario: para unos era abundancia, para otros saqueo. Volvió con las dos palabras, y en su casa aún se enseñan las dos a los niños del puerto. Reliquia: el cartabón bifurcado.
3:7 Uloma (Λ 129, Noria contagiosa) — Traía cada mañana lo que la noche había dicho en las otras orillas, y lo repartía hasta que todo el puerto sabía lo que nadie había visto. Dio una vuelta entera al mundo de oído en oído y regresó al mismo muelle, contagiada de cuanto había oído, y desde entonces lo mismo al hablar que al callar contagiaba. Reliquia: la noria de las noticias.
3:8 Munoe (Λ 130, Noria asintótica) — Giraba en torno al puerto en círculos cada vez más ajustados, sin acabar de posarse en ningún banco ni en ningún barco. Los marineros decían que estaba a punto de llegar; ella decía que aún no había salido, y la Feria aprendió a hablar de lo que se acerca sin haberlo tocado. Reliquia: la noria que no toca el agua.
3:9 Anola (Λ 177, Surtidor acumulativo) — Ahorró toda su vida en monedas pequeñas, y cada una hizo un escalón; al final tenía una escalera que subía a un balcón desde el que se veía toda la Feria. Nunca dio un salto, y el puerto entero se fue subiendo por su escalera sin darse cuenta. Reliquia: la escalera del surtidor.
3:10 Umbay (Λ 178, Surtidor hipertrofiado) — Se pasó de la medida: dio a cada uno más de lo que pidió, y todos volvieron a por más, hasta que el surtidor se le desbordó. Cuando la Feria se hundió en su propia abundancia, ella siguió repartiendo desde el agua, con la voz cada vez más ronca. Reliquia: el surtidor sin tapa.
3:11 Lonu (Λ 225, Compuerta palpitante) — Abría y cerraba la compuerta del canal al ritmo de su pulso, y la Feria aprendió a respirar con ella. Quien llegaba con prisa se paraba a mirarla, y a fuerza de mirar dejaba de tener prisa, y así se le atribuyó, sin ser cierto, la invención del descanso. Reliquia: la compuerta que late.
3:12 Malu (Λ 273, Auge amortiguado) — Subió al mercado en su mejor año y la multitud lo levantó hasta la cima, donde se dio cuenta de que ya no se veían los rostros. Bajó despacio, amortiguado, y anotó lo que había visto desde arriba en una tabla que nadie leyó. Reliquia: el fuelle de las multitudes.
3:13 Namel (Λ 274, Repunte amainado) — Repuntó cuando todos daban el puerto por perdido: un barco entró de noche sin faroles y con él volvió el aliento de la Feria. Pero el impulso era ya menor que el de antes, y aprendió a vivir en el repunte que amaina, que es el estado normal de los buenos negocios. Reliquia: el hilo de las mareas amainadas.
3:14 Ollamu (Λ 275, Feria clausurada) — Cuando el gentío creció más de lo que el puerto soportaba, la ciudad decidió clausurar el mercado, y a ella le tocó cerrar el portón. Lo cerró con las dos manos, llorando, porque sabía que lo que se cierra por miedo se vuelve luego una costumbre. Reliquia: el cerrojo de la Feria.
3:15 Mumbe (Λ 276, Feria congelada) — El portón cerrado no se abrió, y su pregón se quedó pegado al aire, congelado a media sílaba. En los inviernos secos, cuando sopla el viento del muelle, todavía se oyen sus primeras letras, y nadie acaba nunca la palabra. Reliquia: el pregón helado.
3:16 Ilun (Λ 417, Urdimbre portuaria) — Tejió las rutas de los barcos como se teje una red: hilo con hilo, ensenada con ensenada, hasta que cada nudo del puerto se conectó con otro. Cuando la Feria se cerró, sus rutas siguieron abiertas por debajo, y por ellas volvió el comercio sin hacer ruido. Reliquia: la lanzadera del puerto.
3:17 Nuomi (Λ 465, Polvorín creciente) — Reunía en su cuerpo la multitud y la apertura a la vez, y la Feria le confió su pólvora: todas las ganas de todos. El polvorín crecía, y crecía, y ella sabía que se acercaba el día, y por eso los otros la miraban con respeto y con un poco de miedo. Reliquia: el barril del polvorín.
3:18 Olamba (Λ 466, Polvorín detonante) — Fue quien acercó la chispa, no por maldad sino por exceso de fe: creyó que la multitud abierta lo soportaría todo. La Feria estalló, y en la ruina que siguió los desterrados y los cerrojos y los pregones se juntaron para reconstruirla. Reliquia: la mecha sin fin.
3:19 Y la Feria volvió a abrirse, más pequeña y más cierta. Los antiguos dijeron: lo que reúne y abre a la vez es lo más fértil y lo más peligroso, y hay que cuidarlo como se cuida un fuego en una casa de paja.
4:1 En la noche más larga, la Casa se reunía en torno al gran fuego de la aldea de Anhel, y ahí nació el tercer linaje: el de los que reúnen para arder. Cada uno traía leña de su casa, y del montón de leñas dispares nacía una sola llama, que ninguno había encendido.
4:2 Y este Linaje es hijo de Kahel, el Festín, nacido de la unión de Kos-ma y Phi-ma, nieto de Omut y de Beyu, en la cuarta generación desde Daturoma. Treinta y dos hijos tuvo Kahel: los dieciséis de este canto, que miran desde Kos-ma, y los dieciséis que miran desde Phi-ma y se cantan en su Casa. El primero de los de aquí fue Molun, y su gemelo del otro lado, Aphel.
4:3 Molun (Λ 10, Hervor multitudinario) — Fue la primera en llevar su brasa a la de un vecino, en vez de guardarla. Donde ponía la mano, el frío cedía y la gente se acercaba unos a otros, y el hervor de los cuerpos juntos fue el primer fuego de Anhel. Sin ella la aldea seguiría siendo un montón de casas frías. Reliquia: la yesca del común.
4:4 Ainu (Λ 35, Fogata expansiva) — Encendió su fuego con tres piedras y lo alimentó con lo que traía cada vecino. Su llama crecía con cada mano que se acercaba, y quien la quería calentar tenía que añadir su leña, y así nació la primera cuota de la aldea. Reliquia: la fogata de las tres piedras.
4:5 Lemo (Λ 36, Brasa creciente) — Guardaba la brasa de la noche anterior y la soplaba hasta que otras brasas se le unían. A fuerza de soplar aprendió que el fuego no se hace sino que se junta, y de eso hizo su oficio: ser quien junta lo que ya estaba ardiendo. Reliquia: la brasa que crece.
4:6 Nomeh (Λ 82, Bifurcación febril) — Fue enviada a la aldea vecina con una brasa en la mano y volvió con dos ideas en la cabeza, cada una más caliente que la otra. Tuvo que elegir cuál llevaba al fuego común; llevó las dos, y ese año la fiesta tuvo dos hogueras que discutían entre sí. Reliquia: el cuenco de la fiebre.
4:7 Uluma (Λ 131, Rueda oxidada) — Hacía rodar una rueda encendida por la cuesta de la aldea, y el fuego se pasaba de una casa a otra. Con los años la rueda se oxidó y ya no rodaba sin un hombro que la empujase, y la fiesta aprendió a empujarla entre todos. Reliquia: la rueda de fuego oxidada.
4:8 Umeh (Λ 132, Rueda candente) — Hizo la rueda de fuego más grande que la aldea recordaba, y la hizo rodar candente por la cuesta hasta el río. El agua siseó cuando la rueda la tocó, y del siseo salió un vapor que se llevó las penas de aquel año. Reliquia: la rueda al rojo.
4:9 Manoa (Λ 179, Antorcha acumulativa) — Levantó una antorcha y la fue pasando de mano en mano, y cada mano añadía una resina. Al final del círculo la antorcha pesaba tanto que ya no se podía sostener sola, y la llevaron entre todos, y así se hizo costumbre que las cosas grandes se cargan a cien manos. Reliquia: la antorcha de las cien manos.
4:10 Omilu (Λ 180, Antorcha inflada) — Quiso que su antorcha fuera la mayor de la fiesta y la sopló hasta hincharla como una vejiga. Se le hizo tan grande que ya no era una antorcha sino una cabeza en llamas, y bajó de la cuesta con ella, riendo o llorando, que en esa noche es lo mismo. Reliquia: la antorcha soplada de más.
4:11 Nalu (Λ 226, Cascada trémula) — Danzaba en el borde del fuego y el fuego se le iba y venía por la piel, como una cascada que no decide si es agua o luz. Su danza no daba miedo ni consuelo: daba la certeza de que todo lo que arde puede, en cualquier momento, no arder. Reliquia: la cascada temblorosa.
4:12 Lumbo (Λ 277, Estallido sellado) — Lo eligieron para tapar el hoyo del fuego cuando se pasaba de brasa, y lo hizo con una losa que no dejaba escapar el humo. El estallido que había dentro esperó, y esperó, y ese año la aldea tuvo la fiesta más callada que se recuerda, con un rumor debajo de los pies. Reliquia: el tapón del estallido.
4:13 Mulen (Λ 278, Fogonazo deflactado) — Fue el fogonazo de una noche: subió alto, alumbró toda Anhel, y bajó de golpe, deflactado, como quien ha dicho lo que tenía que decir. Los vecinos comentaron después que nunca la aldea se vio tan bien como en aquel instante. Reliquia: la pavesa que se deshincha.
4:14 Anoke (Λ 279, Fogonazo contraído) — Tenía fuego en el pecho y no lo soltaba: lo contraía, lo doblaba sobre sí, lo guardaba para otra noche. Su fuego, sin salir, iluminaba desde dentro los ojos, y quien lo miraba creía que era sabio, y no era más que prudente. Reliquia: la chispa recogida.
4:15 Omela (Λ 280, Fogonazo aplacado) — Apagaba los fogonazos con un manto de lana húmeda, con tanta ternura que el fuego se dormía sin sentirse vencido. La aldea la llamaba cuando había que calmar a un enfadado, y ella cubría al enfadado con el manto y lo dejaba llegar solo a su calma. Reliquia: el manto que apaga suave.
4:16 Ilomu (Λ 418, Contrapunto febril) — Tocaba con dos llamas a la vez, una fría y una cálida, y las hacía responderse una a otra como quien canta a dos voces. Dijo que la fiebre y el frío no eran enemigos sino compases de una misma música, y en su tono la fiesta encontró su medida. Reliquia: el contrapunto de las dos llamas.
4:17 Nuluk (Λ 467, Reguero detonante) — Junto a la hoguera dejó un reguero de fuego que corría de casa en casa, y en una noche toda la aldea ardió de alegría y ninguna casa se quemó. Fue el primero de los Íntegros de la Casa: dijo a la vez lo que arde, lo que reúne, lo que abre y lo que mide. Reliquia: el reguero de la pólvora.
4:18 Manua (Λ 468, Expansión desbordada) — Se dejó desbordar. Se abrió a toda la multitud y la multitud ardió con ella, y su fuego se fue por los campos, por las casas, por los pozos; cuando amaneció ya no quedaba nadie que no hubiese ardido, y era el día de fiesta más largo de la historia. Reliquia: el borde de la llamarada.
4:19 Así aprendió Anhel que la fiesta es un fuego que se reparte, y que quien lo guarda entero para sí se quema, y quien lo reparte entero se queda sin nada; y que el arte de la hoguera es llevar ni poco ni mucho, sino lo justo para que la noche no se apague.
5:1 En el país de Sumeh, un río llamado Oman se salió de madre en el año en que todos los pueblos habían decidido crecer a la vez, y las aguas y los hombres subieron juntos, y de aquella crecida nació el cuarto linaje: el de los que reúnen hasta desbordarse. Y el linaje entero fue llevado por las aguas, y no perdió a ninguno.
5:2 Y este Linaje es hijo de Morav, la Crecida, nacida de la unión de Kos-ma y Oma-da, nieta de Omut y de Rapu, en la cuarta generación desde Daturoma. Treinta y dos hijos tuvo Morav: los dieciséis de este canto, que miran desde Kos-ma, y los dieciséis que miran desde Oma-da y se cantan en su Casa. El primero de los de aquí fue Oman, y su gemelo del otro lado, Odvar.
5:3 Oman (Λ 11, Aluvión inminente) — Fue quien vio venir el aluvión antes de que se formase, y avisó a todo el que quiso oír. Lo tomaron por loco hasta que el río empezó a subir, y entonces lo tomaron por profeta, y él seguía siendo un hombre con un remo que sabía leer el color del agua. Reliquia: el remo de la cuenca.
5:4 Luma (Λ 37, Fermentación expansiva) — Guardó el grano de todos en una sola tina para salvarlo del agua, y la tina empezó a fermentar. Lo que salió al cabo de nueve días no fue pan sino una bebida que reunía a las gentes, y la crecida se pasó entre cantos. Reliquia: la tina que fermenta.
5:5 Nemal (Λ 38, Fermentación ígnea) — Su fermento subió de temperatura hasta arder, y el odre que lo contenía echó humo como un volcán pequeño. Bebieron de él los valientes, y contaron que sintieron el río en las venas, y que no les dio miedo la crecida sino ganas de nadar. Reliquia: el odre que hierve.
5:6 Ulmer (Λ 83, Escisión asintótica) — Se separó de su pueblo para buscar un cauce mejor, y en cada meandro dividió a los suyos, y al final había dos pueblos donde antes había uno. Ninguno lo perdonó del todo, y los dos guardaron el bote donde llegaron. Reliquia: el bote de dos proas.
5:7 Amuno (Λ 133, Órbita progresiva) — Se dejó llevar por la corriente, que la fue llevando, siempre en círculos más anchos, y cada círculo pasaba por más gente. Progresó sin querer, como los remolinos, y fue hallando en su recorrido a quienes necesitaban ser llevados. Reliquia: la vuelta de la corriente.
5:8 Molé (Λ 134, Órbita congestionada) — Giraba también en su círculo, pero el río se había llenado de tantos, que no había sitio para dar la vuelta. Se quedó parada en mitad de la corriente, con los brazos llenos de gente que no podía soltar, y esperó hasta que el nivel bajó. Reliquia: la vuelta congestionada.
5:9 Numal (Λ 181, Géiser simbiótico) — Su fuente brotaba junto a la del vecino y ambas se ayudaban a subir. Con el tiempo las dos fuentes hicieron un solo pozo, del que bebían dos pueblos, y se llamó simbiosis al hecho de que ninguno de los dos podía ya beber solo. Reliquia: el manantial de dos bocas.
5:10 Olene (Λ 182, Géiser inflado) — Hinchó la fuente hasta que salió por el aire, y el chorro se veía desde todas las aldeas. Fue el primer aviso de que la crecida estaba por venir, y también su primer espectáculo, y la gente subió a los tejados a mirarlo, sin ver que el agua ya les lamía los pies. Reliquia: el géiser inflado.
5:11 Lumen (Λ 227, Propagación palpitante) — Latía tan fuerte que el latido se propagaba por toda la llanura: cada pueblo oía el tambor del siguiente y lo repetía. Así avisó la crecida de valle en valle, no con palabras, sino con el pulso, y nadie quedó sin oírla. Reliquia: el pulso de la propagación.
5:12 Anuma (Λ 281, Crecida sellada) — Selló la boca del valle con piedras y barro, y la crecida se detuvo a las puertas, hinchándose. Nadie se lo agradeció aquella noche, porque el agua acumulada tenía cara de mar; pero por la mañana la aldea seguía ahí, y él ya dormía. Reliquia: el dique sellado.
5:13 Melu (Λ 282, Estallido aplacado) — Cuando el estallido de las aguas pasó, ella recogió los restos, uno a uno, y los devolvió a los campos. Su oficio fue lo que viene después del desastre, y por eso poca gente la recuerda, aunque es la que hizo que hubiese una aldea. Reliquia: el reguero de agua calmada.
5:14 Omun (Λ 283, Crecida congelada) — El agua se le heló a mitad de subir, y la crecida quedó suspendida en el aire como una montaña de vidrio. Él vivió a su sombra durante años, sin atreverse a que se rompiese, y los niños le llevaban de comer. Reliquia: la crecida de hielo.
5:15 Nulua (Λ 284, Crecida aplacada) — Se quedó en el remanso donde el agua alta se aplaca, y desde allí fue acogiendo a los que llegaban a la orilla. Tenía una barca sin remos, porque no hacía falta ninguno: la crecida misma los traía hasta ella. Reliquia: el remanso de la crecida.
5:16 Imolu (Λ 419, Contrapunto sísmico) — Cantó contra el ruido del agua con una nota más grave que el trueno. Los dos sonidos se cruzaron, y de su cruce salió un compás que todos los pueblos siguieron para remar juntos; así la crecida tuvo un tiempo, y con tiempo dejó de ser caos. Reliquia: el contrapunto del aluvión.
5:17 Malenu (Λ 469, Aluvión incandescente) — Dijo las cuatro dimensiones a la vez: fue multitud, fue contorno, fue apertura y fue medida. Arrastró a su pueblo por el aluvión incandescente, que ardía sin quemar, y al llegar al mar todo el pueblo lo bautizó como el que sabía adónde iba. Reliquia: la ola incandescente.
5:18 Olimar (Λ 470, Aluvión desbordado) — Se dejó desbordar del todo. No pidió a las aguas que se contuvieran, y sus aguas se desbordaron sobre la llanura y la hicieron fértil. Los pueblos que vinieron después la llamaron la Madre de la Cosecha, aunque ella murió ahogada en su propia crecida. Reliquia: el aluvión sin cauce.
5:19 Y fue así como los hijos de Kos-ma aprendieron el secreto de la Casa: que la multitud es un río, y que el río, si no lo llevas, te lleva; pero que, si lo llevas demasiado, te ahoga. Y el que no aprende a soltar y sostener a la vez, se convierte en crecida.
6:1 Y dijeron los ancianos de la Casa de Kos-ma: hemos contado sesenta y cuatro, y son sesenta y cuatro maneras de estar juntos. En ninguna se estuvo del todo bien, y en ninguna se estuvo del todo mal.
6:2 Porque estar juntos no es un lugar al que se llega, sino un ritmo que se aprende: acercarse sin fundirse, alejarse sin romperse, reunirse sin apagar a nadie. Y a quien lo aprende le será dado ser plaza, y no muchedumbre.
Mira dónde se sientan los desterrados de tu pueblo. Ahí está la Casa de Kos-ma esperando que alguien le devuelva su banco.