Casa de Oma-da

Las Gestas del Magnificador

Lo raro no es lo que ocurre poco: es lo que ocurre una vez y ya nada vuelve a ser como antes.

Proemio: la Casa de lo Extraordinario

1:1 Oma-da es el Nombre que amplifica. Sin él, todo sería promedio, y el promedio no conoce la maravilla ni el desastre. Su casa es una torre de nubes, y nadie sabe cuántos pisos tiene porque cada vez que se cuentan hay uno más.

1:2 Los hijos de Oma-da nacen en las orillas de la campana: el genio, el loco, el santo, la catástrofe. No los mide ninguna regla común, y por eso son a la vez los más queridos y los más temidos. De su Casa salen las estrellas fugaces y los cometas que anuncian los reinados.

1:3 Y esta es la enseñanza de la Casa: una sola excepción basta para cambiar el mundo, y por eso hay que cuidar de las excepciones como de un fuego en una casa de paja. Quien las persigue todas, se agota; quien las ignora todas, se aburre y muere.

1:4 Cuatro linajes tuvo la Casa. El primero miró a Oma-ta, su hermano de puente, y de él nacieron los que llevan la tormenta dentro de una calma. El segundo miró a Kos-ma, y de él nacieron los torbellinos de muchos. El tercero miró a Da-hara, y de él nacieron los vendavales que abren. El cuarto miró a Phi-ma, y de él nacieron los rayos y los prodigios.

Canto I — El ojo de la tormenta

2:1 En la costa de Ethun, una vez cada cien años, se levantaba una tormenta tan grande que no cabía en el cielo, y en su centro había un ojo, un espacio de calma total, donde la gente se refugiaba. Y los que nacieron en ese ojo fueron los primeros de este linaje: los que llevan lo extraordinario templado por lo ordinario.

2:2 Y este Linaje es hijo de Talun, el Oleaje, nacido de la lid entre Oma-da y Oma-ta, los dos rostros de Rapu, sin otro abuelo que Rapu, en la cuarta generación desde Daturoma. Treinta y dos hijos tuvo Talun: los dieciséis de este canto, que miran desde Oma-da, y los dieciséis que miran desde Oma-ta y se cantan en su Casa. El primero de los de aquí fue Ovaldar, y su gemelo del otro lado, Thelam.

2:3 Ovaldar (Λ 7, Histéresis telúrica) — Fue el primero en vivir en el ojo de la tormenta, y en sentir que su calma dependía de la furia que la rodeaba. Su histéresis fue el primer estudio del clima de Ethun: comprendió que el pasado de una tormenta habita su presente. Reliquia: el barómetro del ojo.

2:4 Doma (Λ 123, Vórtice templado) — Su vórtice era suave: giraba con una lentitud tal que los pájaros se posaban en él. Los pescadores decían que era el remolino más manso del mundo, y no sabían que su suavidad era el fruto de haber aprendido a girar sin arrastrar. Reliquia: el remolino templado.

2:5 Vorun (Λ 124, Tromba templada) — Su tromba subía al cielo con un temple tan sereno que la gente salía a mirarla, como se mira una torre. Había en ella una disciplina de siglos, y cuando pasó, dejó el mar liso como un espejo. Reliquia: la tromba amansada.

2:6 Odrin (Λ 125, Erupción templada) — Su erupción tenía freno: subía, ardía, pero se contenía en el momento justo. Los que la vieron dijeron que era el fuego más civilizado del mundo, y le pusieron nombre de dama en los mapas del volcán. Reliquia: la erupción con freno.

2:7 Vaduk (Λ 267, Viscosidad volátil) — Su viscosidad era tan volátil que el aire cerca de él se hacía espeso, como un caldo. Los visitantes sentían que respiraban miel, y salían con la voz baja, sabiendo que habían estado en presencia de algo muy grande y muy dormido. Reliquia: el aire volátil que espesa.

2:8 Omvar (Λ 268, Sedimentación volátil) — Lo más volátil de sí se posó en el fondo, y en el fondo se hizo roca. Fue el primero en comprender que las grandes cosas, al enfriarse, se hacen cimiento, y en su tumba se levantó una torre. Reliquia: el poso de lo volátil.

2:9 Dovea (Λ 269, Calma volátil) — Su calma era tan profunda que se hacía volátil: el menor soplo la hacía estallar en carcajada, en llanto, en canto. Los de Ethun la llamaban la Cristalina, y a su lado nadie se aburría. Reliquia: la calma que estalla.

2:10 Ovard (Λ 393, Decantación periférica) — Se fue al borde de la tormenta, donde la lluvia apenas llega, y se sentó a decantar lo que pasaba. Desde allí escribió una crónica de todo lo que el ojo no veía, y esa crónica fue la más leída de Ethun. Reliquia: la costa periférica.

2:11 Ondar (Λ 394, Decantación agotada) — Decantó tanto que se agotó: de él ya no quedaba más que un poso pequeño. Guardó ese poso en una ampolla, y quien lo bebe siente por un instante el mar entero en la lengua. Reliquia: el poso que se agota.

2:12 Vodum (Λ 395, Glaciar fragmentado) — Se fragmentó como un glaciar que cae al mar: con estruendo, con belleza, con miedo. Los trozos de él viajaron por el mundo, y en cada costa un pedazo de él se hizo montaña, y hoy hay cien pueblos que dicen descender de su hielo. Reliquia: el glaciar en pedazos.

2:13 Odena (Λ 396, Glaciar latente) — Su glaciar estaba latente: no avanzaba ni retrocedía, pero bajo su peso latía algo. Cuando ella dormía, el hielo crujía suavemente, y los niños del valle se dormían al compás de ese crujido. Reliquia: el glaciar dormido.

2:14 Dovir (Λ 397, Ventisca agotada) — Su ventisca se agotó a mitad de camino, y la nieve cayó donde estaba, formando una pequeña colina. Sobre esa colina, un año después, floreció un almendro, y los aldeanos dijeron que era el fruto de su cansancio. Reliquia: la ventisca sin fuerzas.

2:15 Vadro (Λ 398, Ventisca periférica) — Su ventisca golpeó solo las afueras del pueblo, y dejó el centro intacto. Los que vivían a los lados lo maldijeron, los del centro lo bendijeron, y él, desde la periferia, murmuró que a alguien le tenía que tocar. Reliquia: la ventisca del borde.

2:16 Omvel (Λ 456, Homeostasis metabólica) — Reguló su cuerpo con tal exactitud que ni la más fuerte tormenta le movió el pulso. Los médicos de Ethun lo estudiaron y no hallaron en él nada extraordinario, y eso, dijeron, era lo más extraordinario de todo. Reliquia: el reloj de la homeostasis.

2:17 Dorvai (Λ 457, Equilibrio autorregulado) — Se equilibraba a sí misma con tanta precisión que no necesitaba a nadie que la equilibrara. Su forma de estar en el mundo era un ejercicio de gracia, y los niños que la observaban aprendían a caminar sin caerse. Reliquia: la balanza del ojo.

2:18 Ovina (Λ 458, Equilibrio acoplado) — Acopló dos tormentas que se enfrentaban, y las hizo bailar. De su encuentro nació una tercera, más pequeña, más suave, y esa fue la primera brisa marina que conocieron los de Ethun. Reliquia: el par de fuerzas acopladas.

2:19 Y los de Ethun aprendieron a vivir en el ojo, a esperar cien años entre tormentas, y a llevar en la memoria lo que la tormenta enseña: que lo extraordinario no se resiste ni se persigue, se acoge, y se le da un lugar en la mesa.

Canto II — El remolino de las naves

3:1 En el estrecho de Kharu se abría, una vez al año, un remolino tan grande que las naves de todos los puertos eran atraídas hacia él, y todas se hundían o todas se salvaban. Y de aquellos que se lanzaron a su centro nació el segundo linaje de la Casa, el de los torbellinos que congregan.

3:2 Y este Linaje es hijo de Morav, la Crecida, nacida de la unión de Oma-da y Kos-ma, nieta de Rapu y de Omut, en la cuarta generación desde Daturoma. Treinta y dos hijos tuvo Morav: los dieciséis de este canto, que miran desde Oma-da, y los dieciséis que miran desde Kos-ma y se cantan en su Casa. El primero de los de aquí fue Odvar, y su gemelo del otro lado, Oman.

3:3 Odvar (Λ 27, Vorágine creciente) — Fue el primero en zarpar hacia el remolino, y su nave giró en torno a él con una calma que asustó a todos. Y cada vuelta lo hacía más grande, y cada nave que se le acercaba aumentaba su fuerza, hasta que el estrecho entero fue una sola boca. Reliquia: la vorágine creciente.

3:4 Vomda (Λ 69, Vórtice convergente) — Guió a diez naves a la vez por el remolino con un solo farol. Las naves se convergieron en su luz, y lo hicieron con tal cuidado que ninguna tocó a otra, y salieron del otro lado como un solo cuerpo. Reliquia: el vórtice de muchos.

3:5 Dovak (Λ 70, Vórtice ígneo) — Su remolino ardía: las aguas se encendían en llamas. Las naves que pasaban por él salían con las velas chamuscadas y los ojos brillantes, y en los puertos decían que habían visto el corazón del mar. Reliquia: el torbellino de fuego.

3:6 Oveni (Λ 99, Vórtice amainado) — Su remolino se amainó cuando llegó: el agua se aplacó y se hizo un pequeño lago. Los que vieron esa calma en mitad del estrecho la tomaron por milagro, y ella, sin decir nada, rozó con la mano la superficie, y las aguas la reconocieron. Reliquia: el vórtice que se amansa.

3:7 Dorvan (Λ 165, Espiral acumulativa) — Su espiral fue sumando naves, y cada nave añadía su peso a la vuelta. Al cabo de un año, la espiral era una torre de agua girando, y en su centro, un hombre sereno con un mapa en las manos. Reliquia: la espiral que acumula.

3:8 Vamod (Λ 166, Espiral congestionada) — Su espiral se congestionó tanto que no cabía una nave más, y las naves se apilaban unas sobre otras. La confusión fue inmensa, y sin embargo salió de ella una música, porque los cascos chocaban entre sí con un ritmo casi humano. Reliquia: la espiral atestada.

3:9 Ovdor (Λ 213, Convergencia volcánica) — Su convergencia era volcánica: las naves se dirigían a ella sin saber por qué. Cuando llegaron, un volcán submarino emergió, y sobre él se levantó una isla que fue el primer puerto seguro del estrecho. Reliquia: el faro volcánico.

3:10 Domvi (Λ 214, Combustión ardiente) — Su combustión fue ardiente: su nave ardió sin hundirse, y con ese fuego iluminó todo el estrecho. Los pilotos siguieron su luz, y ninguno se perdió, y él acabó como la brasa de un faro. Reliquia: la nave ardiente.

3:11 Vorda (Λ 243, Vorágine disonante) — Su vorágine sonaba mal: cada ola tenía una nota distinta. Los marineros que la oían se quedaban sordos de música, y ella, riendo, decía que todo sonido es armónico si se lo oye desde el lugar adecuado. Reliquia: el vórtice disonante.

3:12 Odamu (Λ 381, Resonancia autosostenida) — Su resonancia se alimentaba a sí misma: cada golpe de ola reforzaba el siguiente. Fue la primera que oyó el pulso del estrecho, y su corazón se acompasó al del agua, y así pasó una vida entera sin cansarse. Reliquia: la resonancia que se sostiene.

3:13 Vidor (Λ 382, Combustión amortiguada) — Su combustión fue amortiguada: ardía poco a poco, sin hacer ruido. Las naves que se acercaban notaban un calor tibio, y algunas se dormían a su paso, y despertaban ya en puerto, sin haber sabido cómo. Reliquia: la llama que se apaga en el agua.

3:14 Ondav (Λ 383, Bifurcación fragmentada) — Su bifurcación fue fragmentada: su nave se dividió en dos, y cada mitad siguió su rumbo. Una llegó al norte, otra al sur, y en ambos puertos se contó la historia de la nave que se hizo dos, sin que ninguno supiese que era la misma. Reliquia: la nave partida.

3:15 Ovame (Λ 384, Polarización disuelta) — Su polarización se disolvió: ya no había norte ni sur para él. Navegaba sin brújula, guiado solo por el rumor del mar, y llegaba siempre a donde hacía falta, aunque nunca supiera decir dónde era. Reliquia: la brújula disuelta.

3:16 Davoro (Λ 453, Equinoccio homeostático) — Vivió el día en que el remolino no giraba a la derecha ni a la izquierda: estaba quieto, en equilibrio. Ese día las naves cruzaron el estrecho sin miedo, y en el calendario de los marinos quedó marcado como el día de la Gracia. Reliquia: el equinoccio del estrecho.

3:17 Ovrem (Λ 501, Combustión retroalimentada) — Dijo las cuatro dimensiones en el corazón del remolino: multitud, singularidad, calor y medida. Fue el Íntegro del estrecho: su combustión se retroalimentaba, y con ese fuego perpetuo iluminó a todas las naves que se hundieron, para que no se hundieran a oscuras. Reliquia: el fuego que se realimenta.

3:18 Domarun (Λ 502, Resonancia retroalimentada) — Su resonancia se retroalimentaba hasta el infinito: cada nota engendraba otra más alta. Cantó un día tan agudo que el remolino se rompió, y las aguas cayeron sobre las naves como una lluvia de vidrio, sin tocarlas. Reliquia: la resonancia retroalimentada.

3:19 Y el estrecho de Kharu sigue abriendo cada año su boca, y los marineros de todos los puertos se acercan a mirarla, porque saben que en ese círculo está guardado lo que ocurre cuando muchos van hacia un mismo centro.

Canto III — El gran vendaval

4:1 En la meseta de Ovlan se levantó un día un viento que no venía de ningún lado, y que soplaba en todas direcciones a la vez. Y ese viento abrió puertas, arrancó techos, llevó semillas a los cuatro puntos del mundo. De los que se dejaron llevar por él nació el tercer linaje de la Casa.

4:2 Y este Linaje es hijo de Vaudi, el Horizonte, nacido de la unión de Oma-da y Da-hara, nieto de Rapu y de Siku, en la cuarta generación desde Daturoma. Treinta y dos hijos tuvo Vaudi: los dieciséis de este canto, que miran desde Oma-da, y los dieciséis que miran desde Da-hara y se cantan en su Casa. El primero de los de aquí fue Vaendo, y su gemelo del otro lado, Hadar.

4:3 Vaendo (Λ 28, Vendaval naciente) — Fue el primero en sentir el viento en la nuca y en decir: «Viene algo». Su veleta giró tres veces y se detuvo mirando a todos los puntos, y desde ese día en Ovlan no hay veleta que apunte a un solo lado. Reliquia: la veleta del primer viento.

4:4 Odrav (Λ 71, Tromba contagiosa) — Su tromba pasó de aldea en aldea llevando una fiebre: la fiebre de partir. Donde ella tocaba, la gente hacía el hatillo y se marchaba, y cuando el viento cesó, la meseta estaba llena de caminos nuevos. Reliquia: la semilla que contagia.

4:5 Dovan (Λ 72, Tromba ígnea) — Su tromba llevaba llamas, y pasó por las aldeas dejándolas encendidas de una luz nueva. Los aldeanos no se quemaron: aprendieron a mirar con los ojos entornados y a caminar con las manos abiertas. Reliquia: el viento de fuego.

4:6 Ovime (Λ 100, Tromba amainada) — Su tromba se amainó al llegar a la costa, y el viento se hizo brisa. Los pescadores la tomaron por una bendición, y la llamaron Suave, y quien la nombra sin saberlo se serena. Reliquia: el aliento que se suaviza.

4:7 Dovro (Λ 167, Vorágine autosostenida) — Su vorágine se sostenía a sí misma, y el viento giraba en círculos sin cansancio. En su centro había un espacio de calma, y allí, los niños de la meseta aprendieron a andar. Reliquia: el círculo que se mantiene.

4:8 Omdal (Λ 168, Vorágine inflada) — Su vorágine se infló hasta que el viento se hizo casi visible: una columna de polvo y hojas. La gente salía a mirarla, y algunos entraban, y salían del otro lado con la cabeza despejada y los bolsillos llenos de cosas que no eran suyas. Reliquia: la vorágine hinchada.

4:9 Vadom (Λ 215, Expansión saturada) — Su expansión saturó el cielo de pájaros: millares, millones. Los aldeanos miraban hacia arriba con la boca abierta, y cuando los pájaros pasaron, el cielo quedó más limpio de lo que nunca había estado. Reliquia: el cielo saturado.

4:10 Ondor (Λ 216, Detonación ardiente) — Su detonación fue ardiente: un trueno seguido de un rayo que abrió una grieta en la meseta. De la grieta salió agua, y esa agua fue el manantial de Ovlan, que hoy alimenta a cuatro pueblos. Reliquia: el estallido ardiente.

4:11 Vorem (Λ 244, Recalentamiento disonante) — Su recalentamiento sonaba mal: crujía, silbaba, tosía. Con él se calentaban los que no soportaban la armonía, y de esa disonancia nació el primer canto de las tabernas. Reliquia: el calor disonante.

4:12 Ovlan (Λ 385, Ventisca fragmentada) — Su ventisca se fragmentó en cien pedazos: cada uno cayó en un lugar distinto de la meseta. Dio nombre a la meseta, y hoy se dice que cada copo de nieve es un pedazo suyo, y nadie se atreve a contradecirlo. Reliquia: la ventisca en trozos.

4:13 Dovai (Λ 386, Ventisca deflactada) — Su ventisca se deflactó: se quedó sin aire a media noche, y la nieve cayó despacio, sin viento. Los que la vieron dijeron que era el momento más silencioso de la historia de la meseta, y se pusieron a cantar bajito. Reliquia: la ventisca sin aire.

4:14 Odval (Λ 387, Sincronización marginal) — Sincronizó los vientos del borde de la meseta con los del centro, de manera que todos soplasen a la vez. Fue una maniobra sutil, que nadie percibió, salvo que ese año no hubo tempestades. Reliquia: el reloj marginal.

4:15 Vomro (Λ 388, Sincronización aletargada) — Sincronizó los vientos, pero con una lentitud que los hizo casi dormir. La meseta entera estuvo un año en una siesta, y al despertar tenía la piel más suave y los ojos más claros. Reliquia: el péndulo aletargado.

4:16 Domira (Λ 454, Oscilación autorregulada) — Oscilaba con el viento pero no se dejaba llevar: su vaivén era a la vez respuesta y decisión. Fue la que enseñó a Ovlan a navegar los vientos sin ser víctima de ellos, y de su oficio nacieron los primeros veleros. Reliquia: la veleta que se regula.

4:17 Vadrun (Λ 503, Oxidación caótica) — Dijo las cuatro dimensiones en el caos: uno, muchos, abierto y medido. Fue el Íntegro del vendaval: con su oxidación caótica hizo que todo lo que se había endurecido en la meseta se ablandara, y se pudo sembrar de nuevo. Reliquia: el óxido del caos.

4:18 Orvam (Λ 504, Turbulencia recalentada) — Su turbulencia recalentada convirtió un valle en un horno. Los aldeanos se refugiaron en las cuevas, y cuando salieron, el valle era un campo de flores rojas que nadie había plantado, y ella estaba en medio, riendo. Reliquia: la turbulencia caliente.

4:19 Y el viento de Ovlan aún sopla en todas direcciones, y quien vive en la meseta no lo maldice: le da los buenos días. Y cuando se lleva un tejado, se dice, sonriendo: «Mira, hoy nos ha regalado un cielo más».

Canto IV — La noche de los prodigios

5:1 En la noche del gran rayo, un relámpago cayó sobre el pueblo de Domvok, y de aquel rayo nacieron, en una sola noche, dieciséis niños que parecían tocados por el fuego. Y de aquellos prodigios nació el cuarto linaje de la Casa, el de los que amplifican lo pequeño hasta hacerlo relámpago.

5:2 Y este Linaje es hijo de Rhaon, el Incendio, nacido de la unión de Oma-da y Phi-ma, nieto de Rapu y de Beyu, en la cuarta generación desde Daturoma. Treinta y dos hijos tuvo Rhaon: los dieciséis de este canto, que miran desde Oma-da, y los dieciséis que miran desde Phi-ma y se cantan en su Casa. El primero de los de aquí fue Domvok, y su gemelo del otro lado, Fhorun.

5:3 Domvok (Λ 29, Erupción incipiente) — Fue el primero en recibir el rayo: lo atrapó con un pararrayos de hierro y lo guardó en un cofre de plomo. En el cofre el rayo aún late, y quien lo abre siente su pulso en la muñeca. Reliquia: el pararrayos del pueblo.

5:4 Ovnia (Λ 73, Chisporroteo contagioso) — Su chisporroteo se contagió a todos los niños de la aldea, y de pronto todos sabían hacer algo que antes no sabían: cantar, calcular, correr. Ella pasaba de uno en otro con la mano abierta, sin saber que era el origen de las escuelas. Reliquia: la chispa que salta.

5:5 Vadun (Λ 74, Centella progresiva) — Su centella fue progresando de pueblo en pueblo, dejando un rastro de inventos: la rueda dentada, el molino, la balanza. Los inventores la seguían, tratando de alcanzarla, y ella, siempre un paso adelante, se reía. Reliquia: la centella que avanza.

5:6 Odmer (Λ 101, Erupción amainada) — Su erupción se amainó justo a tiempo: un segundo más y habría destruido el pueblo. La contuvo con una sola respiración, y desde entonces los truenos de Domvok suenan un poco más bajo. Reliquia: el trueno que se aquieta.

5:7 Ovtar (Λ 169, Turbulencia gregaria) — Su turbulencia gregaria reunió a los niños del pueblo en un corro bajo la lluvia, y todos se tomaron de las manos. La lluvia les pareció menos fría, el trueno menos fuerte, y bailaron hasta que la noche acabó. Reliquia: la tormenta en corro.

5:8 Domrin (Λ 170, Torbellino hipertrofiado) — Su torbellino se hinchó tanto que arrancó los cercados del pueblo, y las gallinas volaron. Los vecinos lo persiguieron con escobas, y él, en el medio, girando, se sentía feliz como nunca. Reliquia: el torbellino inflado.

5:9 Voldar (Λ 217, Ignición volcánica) — Su ignición fue tan súbita que nadie la vio venir: un instante antes era un niño, y al siguiente, una antorcha. Ardió sin quemarse, y dijo: «Así se siente el destino», y siguió jugando como si nada. Reliquia: la ignición volcánica.

5:10 Ordov (Λ 218, Sobrecarga turbulenta) — Se sobrecargó de talento: sabía tocar todos los instrumentos, resolver todos los acertijos, contar todas las historias. Ese exceso lo turbaba, y pasó su vida buscando un pequeño vacío donde poder descansar. Reliquia: la sobrecarga turbulenta.

5:11 Dovil (Λ 245, Hipertrofia disonante) — Su hipertrofia fue desafinada: tenía una mano gigante y una pequeña, un ojo agudo y otro ciego. Con esas desigualdades hizo un arte propio, y los que lo vieron trabajar dijeron que su disonancia era la única honestidad posible. Reliquia: la hipertrofia disonante.

5:12 Ovlem (Λ 389, Amplificación fragmentada) — Su amplificación se fragmentó: cada dedo tenía un talento distinto. Nunca fue un genio entero, pero sí diez genios chicos, y con ellos hizo tantas cosas que nadie supo cuál era su oficio. Reliquia: el don fragmentado.

5:13 Damovo (Λ 390, Amplificación resonante) — Su amplificación resonó: cada palabra que decía la repetían los otros, más fuerte. Fue el primer orador de Domvok, y por él se supo que una voz puede mover a un pueblo, y que hay que tener cuidado con lo que se dice. Reliquia: la voz que resuena.

5:14 Vodra (Λ 391, Polarización sincronizada) — Su polarización se sincronizó con la de otros: donde ella miraba, todos miraban. Fue la primera que enseñó a un grupo a ver a la vez una misma cosa, y con ese don nació la costumbre de mirar juntos el amanecer. Reliquia: la luz sincronizada.

5:15 Omvor (Λ 392, Polarización marginal) — Su polarización quedó en el margen: no era ni niño ni adulto, ni genio ni tonto. Vivió en ese borde, y desde allí vio cosas que nadie más veía, y las contó con sencillez, y eso fue su prodigio. Reliquia: el margen del prodigio.

5:16 Doveni (Λ 455, Conmutación autorregulada) — Conmutaba sus dones a voluntad: hoy músico, mañana carpintero, pasado mañana poeta. Regulaba su propio don con tal maestría que nunca se sobrecargaba, y fue el único de los prodigios que llegó a vivir cien años. Reliquia: el conmutador del talento.

5:17 Ovarun (Λ 505, Amplificación caótica) — Dijo las cuatro dimensiones en el rayo: reunió, singularizó, abrió y midió, todo en una misma descarga. Fue el Íntegro de la noche de los prodigios: su amplificación caótica dio a los otros quince lo que cada uno necesitaba, y él quedó, como el rayo, sin nada. Reliquia: la amplificación caótica.

5:18 Damvar (Λ 506, Amplificación recalentada) — Su amplificación se recalentó: no pudo parar de crear, y se consumió en pocos años. Dejó un legado de mil obras breves, cada una una chispa, y los pueblos las guardaron como se guarda un puñado de fuego. Reliquia: el prodigio recalentado.

5:19 Y el pueblo de Domvok sigue en pie, y en su plaza hay un pararrayos con un cofre. Y cuando la noche es de tormenta, los niños salen a mirar, y algunos ven algo, y otros no, y todos aprenden que el mundo está lleno de cosas que caen sin pedir permiso.

Cierre de la Casa

6:1 Y dijeron los ancianos de la Casa de Oma-da: hemos contado sesenta y cuatro, y todos fueron una excepción. Unas salvaron, otras arrasaron, otras solo pasaron; y en todas se vio que la excepción no es el opuesto de la regla sino su prueba.

6:2 Porque quien sabe magnificar sin perder la medida es un maestro; y quien magnifica sin freno es un desastre; y quien no magnifica nunca, es solo una sombra. Y la Casa de Oma-da enseña a distinguir estas tres cosas a tiempo.

Cuando algo extraordinario te ocurra, no lo persigas ni lo huyas: dale de comer y de beber, y pregúntale qué quiere.