Casa de Oma-ta

Las Gestas del Equilibrante

La balanza no pesa cosas: pesa lo que las cosas valen entre sí.

Proemio: la Casa de la Medida

1:1 Oma-ta es el Nombre que devuelve a la media. Sin él, el exceso de su hermano Oma-da arrasaría el mundo, y nada sería predecible ni confiable. Su casa está en el centro exacto de todas las demás, y sus puertas se abren igual hacia los ocho vientos.

1:2 Los hijos de Oma-ta son los que miden. Tienen una precisión que da confianza y a veces frialdad, y una paciencia que casi nadie tiene. Los quieren los que necesitan un juez y los temen los que ya saben el veredicto.

1:3 Y esta es la enseñanza de la Casa: la medida no es enemiga de lo extraordinario, sino su condición. Sin el promedio no habría cimas, y sin las cimas nadie sabría qué es el promedio. Quien desprecia la media, vive en un vértigo; quien la adora, en un sueño gris.

1:4 Cuatro linajes tuvo la Casa. El primero miró a Oma-da, su hermano de puente, y de él nacieron los que pesan la tormenta. El segundo miró a Khai-da, y de él nacieron los que miden al uno. El tercero miró a Kos-ta, y de él nacieron los guardianes de los patrones. El cuarto miró a Phi-ta, y de él nacieron los que acompañan el ocaso de las cosas.

Canto I — La balanza de Thelan

2:1 En la ciudad de Thelan, en el centro de la plaza de la Justicia, había una gran balanza de bronce, y en cada platillo cabía un pueblo. Y cuando llegaba un caso extremo, el fiel de la balanza temblaba, y de ese temblor de la calma nació el primer linaje de la Casa.

2:2 Y este Linaje es hijo de Talun, el Oleaje, nacido de la lid entre Oma-ta y Oma-da, los dos rostros de Rapu, sin otro abuelo que Rapu, en la cuarta generación desde Daturoma. Treinta y dos hijos tuvo Talun: los dieciséis de este canto, que miran desde Oma-ta, y los dieciséis que miran desde Oma-da y se cantan en su Casa. El primero de los de aquí fue Thelam, y su gemelo del otro lado, Ovaldar.

2:3 Thelam (Λ 8, Latencia preñada) — Fue el primero en subir a la balanza y en notar que temblaba. Se quedó inmóvil durante nueve días, con la calma preñada de lo que iba a venir, y cuando al fin el fiel se detuvo, se bajó y dijo: «Ya está», y nadie supo qué. Reliquia: el fiel de la gran balanza.

2:4 Eleth (Λ 126, Calma trémula) — Su calma era tan fina que se estremecía con el aleteo de una mosca. Los jueces la consultaban antes de dar veredicto, y su temblor era, decían, la mejor brújula de la verdad. Reliquia: la calma que tiembla.

2:5 Lathe (Λ 127, Quietud trémula) — Su quietud vibraba: por dentro era una cuerda tensa. Quien la abrazaba sentía un zumbido bajo, y algunos lloraban sin saber por qué, y salían de sus brazos más ligeros. Reliquia: la quietud vibrante.

2:6 Neleth (Λ 128, Viscosidad trémula) — Su viscosidad temblaba, como la miel al golpe de una cuchara. Se movía con una lentitud tal que los niños la llamaban la Tortuga, y por su lentitud los jueces le confiaban los casos de más delicadeza. Reliquia: la miel que se estremece.

2:7 Thaleu (Λ 270, Resonancia volátil) — Su resonancia era volátil: una palabra suya cambiaba de sentido según quien la oyera. Fue la primera testigo de Thelan, y de su testimonio los jueces aprendieron que hay verdades que solo existen en el oído del que escucha. Reliquia: la voz volátil.

2:8 Elmar (Λ 271, Saturación intermitente) — Su saturación iba y venía: a ratos se llenaba de casos hasta desbordar, y a ratos se vaciaba del todo. Ambas cosas ocurrían en el mismo día, y los ciudadanos aprendieron a respetar las dos mareas de la justicia. Reliquia: el pulso intermitente.

2:9 Lethiel (Λ 272, Erupción intermitente) — Su erupción era intermitente: unas veces un estallido, otras nada durante años. Los que la trataban sabían que en su silencio guardaba un fuego, y no le pedían más de lo que quisiera dar. Reliquia: el volcán a plazos.

2:10 Athelu (Λ 411, Hipertrofia sobrecargada) — Sobrecargó su platillo hasta el borde, y con esa carga descubrió la fuerza exacta de cada cosa. Hizo del exceso un método de medir, y sus tablas son las primeras que registraron el peso de las cosas raras. Reliquia: la balanza recargada.

2:11 Theol (Λ 412, Oxidación retroalimentada) — Su oxidación retroalimentó el bronce de la balanza: cada mancha llamaba a la siguiente. Los herreros de Thelan la limpiaban cada año, y ella, sentada al lado, contaba las manchas como quien cuenta las canas. Reliquia: el metal que se oxida.

2:12 Eluen (Λ 413, Cascada sobrecargada) — Su cascada estaba tan sobrecargada que el agua no cabía en el cauce. Con una sola palabra la calmó: «Basta», y el agua se serenó, y desde entonces fue la única mujer de Thelan que hablaba al río y era obedecida. Reliquia: la catarata sobrecargada.

2:13 Lorethe (Λ 414, Catálisis excedentaria) — Aceleraba las causas con tan poco esfuerzo que nadie notaba su intervención. En cada caso que se le encomendaba, el tiempo parecía correr un poco más rápido, y las cosas se resolvían antes de que las partes terminaran de discutir. Reliquia: el catalizador de la sala.

2:14 Thelora (Λ 415, Deflagración retroalimentada) — Su deflagración retroalimentada estalló en la sala de audiencias: un fuego blanco que consumió las mentiras y dejó intactas las verdades. Salieron todos ilesos, y los que habían mentido salieron desnudos. Reliquia: la deflagración ordenada.

2:15 Ethelu (Λ 416, Ignición incandescente) — Su ignición fue incandescente: ardía sin humo, sin ceniza, sin consumirse. Los jueces la pusieron en el estrado, y donde ella estaba, nadie pudo mentir; y fue tal el sosiego de la sala que los presos pedían ser juzgados por ella. Reliquia: la ignición incandescente.

2:16 Leoth (Λ 462, Equilibrio polarizado) — Equilibró dos partes tan enfrentadas que no se habían mirado en años. Puso a cada una en un extremo de la sala y caminó entre ellas, llevando frases de una a otra, hasta que las dos, cansadas de esperar, se sentaron. Reliquia: el equilibrio polarizado.

2:17 Aleth (Λ 463, Retroalimentación sedimentada) — Sedimentó lo que la sala había dicho en veinte años, y del sedimento sacó una regla. Su regla es la primera ley escrita de Thelan, y en ella no hay ni un artículo que un niño no pueda entender. Reliquia: el poso de la retroalimentación.

2:18 Thelien (Λ 464, Conmutación calibrada) — Conmutaba entre acusar y defender con tal medida que ninguna parte sabía de qué lado estaba. Su oficio fue de una neutralidad tan honda que le dieron el título de Balanza, y ese título se hizo su nombre. Reliquia: el conmutador exacto.

2:19 Y la balanza de Thelan sigue en la plaza, y su fiel aún tiembla cuando llega un caso extremo. Y los ciudadanos, al pasar, se descubren la cabeza, no ante el bronce sino ante lo que se mide con él: que el mundo es más ancho de lo que cada uno cree.

Canto II — El calendario de sedimentos

3:1 En el lago de Alu, año tras año, caía al fondo una capa fina de polvo, y con los siglos las capas se apilaron como las páginas de un libro. Los ermitaños del lago aprendieron a leerlas, y de su lectura nació el segundo linaje de la Casa, el de los que miden a los singulares.

3:2 Y este Linaje es hijo de Tessar, la Regla, nacida de la unión de Oma-ta y Khai-da, nieta de Rapu y de Omut, en la cuarta generación desde Daturoma. Treinta y dos hijos tuvo Tessar: los dieciséis de este canto, que miran desde Oma-ta, y los dieciséis que miran desde Khai-da y se cantan en su Casa. El primero de los de aquí fue Lethan, y su gemelo del otro lado, Kishun.

3:3 Lethan (Λ 30, Sedimentación soberana) — Fue el primero en notar que el fondo del lago tenía una capa por cada año, y en contarlas con una vara. Sus cuentas dieron la edad del lago, y ese número fue tan enorme que el pueblo no lo creyó hasta que el lago mismo se lo dijo. Reliquia: la primera capa.

3:4 Ealu (Λ 75, Escarcha ermitaña) — Vivía a la orilla del lago sobre una escarcha eterna, y desde allí anotaba las capas con una pluma helada. Su libro es el primer almanaque, y cada página lleva un dibujo de la misma escarcha, distinta. Reliquia: la escarcha del ermitaño.

3:5 Thael (Λ 76, Escarcha residual) — Guardaba lo que dejaba el lago en su orilla: conchas, palos, huesos. Con ese residuo compuso un museo pequeño donde cada cosa tenía su lugar, y así enseñó que lo que sobra también cuenta la historia. Reliquia: el residuo de la orilla.

3:6 Elthu (Λ 102, Umbral quebrado) — Rompió el hielo del lago un día de invierno y bajó con una cuerda a tocar el fondo. Lo que tocó fue la primera capa: una lámina fina, casi transparente, y al subir dijo: «El tiempo está ahí abajo, y es blando». Reliquia: el umbral roto del lago.

3:7 Lorel (Λ 171, Escarcha senescente) — Su escarcha envejecía con ella: se hacía cada año más fina, más quebradiza. Al final de su vida, su cabello era una telaraña de hielo, y los niños del lago, que la miraban con ternura, se lo trenzaban con cuentas. Reliquia: la escarcha que envejece.

3:8 Ethen (Λ 172, Escarcha dormida) — Dormía bajo una capa de escarcha que crecía a sus costados, y así durmió treinta inviernos. Cuando despertó, el lago tenía una capa más, y ella preguntó por el año; le dijeron, y se echó a reír. Reliquia: la escarcha dormida.

3:9 Thelas (Λ 219, Inercia viscosa) — Su inercia era la del fango: no se movía sin razón. Los que necesitaban hacer una obra pesada acudían a él, y él, sin prisa, les ponía la mano en el hombro y decía: «Poco a poco», que era todo su método. Reliquia: el fango inmóvil.

3:10 Elian (Λ 220, Inercia rígida) — Su inercia era rígida como una costra: no se doblaba ni ante el ruego ni ante la fuerza. Los que trataban con ella aprendían a esperar a que el clima cambiara, y cuando el clima cambiaba, ella cedía sin hacer ruido. Reliquia: el fango duro.

3:11 Leshe (Λ 246, Desgaste disonante) — Su desgaste sonaba a rueda mal engrasada: chirriaba, se quejaba. Pero rodaba, y con su chirrido el pueblo del lago se acompasaba, y por eso, cuando ella se apagó, hubo un silencio que fue el más ruidoso de la historia. Reliquia: el desgaste desafinado.

3:12 Athael (Λ 399, Estancamiento redistribuido) — Redistribuyó el agua estancada del lago en mil canales, y cada campesino recibió un poco. Su trabajo fue invisible: nadie supo cuánto tardó, pero todos supieron que había más verde en el valle. Reliquia: el estanque repartido.

3:13 Theluk (Λ 400, Cristalización intermitente) — Su cristalización era intermitente: unos días era cristal, otros agua. Los visitantes la tomaban por un espejismo, y quienes la trataban sabían que era su modo de mirar el mundo desde dos estados a la vez. Reliquia: la cristalización que va y viene.

3:14 Alethe (Λ 401, Sincronización reabierta) — Sincronizó dos ciclos del lago que se habían desacompasado, y con su intervención el ritmo se reabrió como un ojo. Los ermitaños dijeron que el lago había vuelto a respirar, y se sentaron a mirar. Reliquia: el pulso que se reabre.

3:15 Lethuan (Λ 402, Sincronización estable) — Sincronizó todos los relojes de las ermitas con tal precisión que dejaron de necesitarse. Su trabajo consistió en volverse innecesaria, y cuando lo logró, se retiró a la orilla y miró cómo funcionaba sin ella. Reliquia: la sincronía estable.

3:16 Thelmar (Λ 459, Equilibrio óntico) — Fue la que dio con el punto en que un ermitaño y su lago son la misma cosa. En ese punto, el lago la miraba desde el fondo y ella lo miraba desde el borde, y se reconocían mutuamente, y no hacía falta decir nada. Reliquia: el equilibrio del ser.

3:17 Elthor (Λ 507, Petrificación terminal) — Dijo las cuatro dimensiones en el fondo del lago: sedimento, escarcha, piedra y medida. Fue el Íntegro del calendario: se petrificó en la orilla, sentado, con una vara en la mano, y su petrificación es hoy la unidad de medida de los años del lago. Reliquia: la piedra terminal.

3:18 Leran (Λ 508, Calcificación terminal) — Su calcificación terminal fue lenta y hermosa: cada hueso se le fue poniendo blanco como el mármol. Su esqueleto se guarda hoy en la orilla, y los visitantes lo cuentan como una capa más del lago. Reliquia: el hueso del calendario.

3:19 Y el lago de Alu sigue depositando su polvo, año tras año, y los ermitaños siguen contando las capas. Y nadie ha llegado al final, y nadie llegará, pero cada uno que cuenta deja su marca en la orilla, y esa marca es la única eternidad que la Casa ofrece.

Canto III — La cámara de los patrones

4:1 Bajo la ciudadela de Thel se hallaba la Cámara de los Patrones, una sala de piedra donde se guardaban las medidas de todo: el codo, la libra, el sextario, el instante. Y los que las custodiaban aprendieron a vivir con una sola pregunta: ¿respecto a qué? De ellos nació el tercer linaje de la Casa.

4:2 Y este Linaje es hijo de Kadmé, la Ley Escrita, nacida de la unión de Oma-ta y Kos-ta, nieta de Rapu y de Siku, en la cuarta generación desde Daturoma. Treinta y dos hijos tuvo Kadmé: los dieciséis de este canto, que miran desde Oma-ta, y los dieciséis que miran desde Kos-ta y se cantan en su Casa. El primero de los de aquí fue Thelis, y su gemelo del otro lado, Ruvak.

4:3 Thelis (Λ 31, Hielo claustral) — Fue la primera en guardar en la cámara una medida de hielo: un cubo de exactamente un palmo. Con él, todo lo que se helaba en Thel se comparaba con un pedazo de invierno que no se derretía, y así nació la exactitud del frío. Reliquia: el patrón del hielo.

4:4 Elor (Λ 77, Témpano irreversible) — Su témpano era irreversible: una vez separado del bloque, no había retorno. Quien lo medía comprendía que hay decisiones que no se deshacen, y dejaba junto a él una flor. Reliquia: el témpano que no vuelve.

4:5 Lethra (Λ 78, Témpano residual) — Guardaba un pequeño témpano, lo último que quedaba de una medida antigua. Lo conservó como reliquia, y cada año lo mostraba a los niños de la escuela para que supieran que hubo un tiempo en que el mundo era más grande. Reliquia: el témpano residual.

4:6 Eluth (Λ 103, Quietud quebrada) — Su quietud se quebró un día por un ruido leve: una gota. La cámara entera oyó el eco durante horas, y el sonido se hizo una medida: la duración de una gota se convirtió en el segundo de Thel. Reliquia: la quietud partida.

4:7 Thalen (Λ 173, Cristalización orbital) — Cristalizó en un círculo: sus cristales crecían a su alrededor, formando anillos. Sus anillos se cuentan como los de un árbol, y los sabios de Thel usan su forma para medir el paso de los ciclos largos. Reliquia: la cristalización en órbita.

4:8 Aelor (Λ 174, Témpano dormido) — Dormía en la cámara sobre un bloque de hielo, y su respiración marcaba las horas. Los guardianes ponían sus relojes en hora con su aliento, y cuando ella despertó, todos los relojes se pararon un instante. Reliquia: el témpano dormido.

4:9 Lathen (Λ 221, Rigidez escarchada) — Su rigidez era la de una vara helada: no se inclinaba ante ningún viento. Los que necesitaban una regla recta acudían a ella, y con su vara midieron desde entonces las fronteras y los campos. Reliquia: la rigidez escarchada.

4:10 Elthea (Λ 222, Contracción yerta) — Se contrajo hasta ser pequeña como un puño, y en esa pequeñez encontró una medida más fina que ninguna. Con ella se calibraron los instrumentos de precisión, y en su honor se llamó a la unidad más pequeña «elthe». Reliquia: la contracción de invierno.

4:11 Thelo (Λ 247, Escasez senescente) — Su escasez envejecía con él: cada año tenía menos, y cada año le bastaba con menos. Fue el guardián de la medida de lo poco, y quien lo visitaba salía con la certeza de que con poco se puede. Reliquia: la escasez que envejece.

4:12 Eluan (Λ 403, Glaciar dispersivo) — Su glaciar se dispersó en mil ríos, y cada río llevó una medida a un pueblo distinto. Con eso se hizo el primer sistema de pesos común a todo el mundo, y ella lo miró desde la cima con el rostro tranquilo. Reliquia: el glaciar que se dispersa.

4:13 Lethem (Λ 404, Degradación intermitente) — Su degradación era intermitente: unos días perdía y otros ganaba. Con su oscilación aprendió que nada se mide de una sola vez, y que la mejor medida es un promedio hecho con paciencia. Reliquia: la degradación a ratos.

4:14 Thairen (Λ 405, Acoplamiento cíclico) — Acopló dos ciclos de medida que iban a distinto compás, y con ello nació el calendario doble de Thel: uno de sol y otro de luna. Aún hoy, cuando uno de los dos se equivoca, el otro lo corrige. Reliquia: el acople del ciclo.

4:15 Elael (Λ 406, Acoplamiento estable) — Su acoplamiento fue tan estable que nadie lo notó: la cámara funcionó cien años sin fallo. Tanto se acostumbraron que un día, al fallar, la ciudad entera pensó que el mundo se acababa. Reliquia: el acople estable.

4:16 Leuthe (Λ 460, Homeostasis lineal) — Su homeostasis era lineal: cada cosa volvía a su sitio por el camino más corto. Nadie la vio nunca perder el equilibrio, y por eso, cuando por fin lo perdió, los que estaban cerca se asustaron más que ella. Reliquia: la homeostasis recta.

4:17 Thoral (Λ 509, Fatiga terminal) — Dijo las cuatro dimensiones en la última medida: cerrado, quieto, callado y compensado. Fue el Íntegro de la cámara: su fatiga fue la de todos los patrones, y cuando ella se sentó a descansar, la cámara entera se sentó con ella. Reliquia: la fatiga final.

4:18 Elmoth (Λ 510, Petrificación obsoleta) — Se petrificó de un modo ya obsoleto: en pie, mirando al frente, con el brazo levantado. Su estatua es hoy la más antigua de Thel, y los niños la usan de referencia para medir cuánto han crecido. Reliquia: la petrificación anticuada.

4:19 Y la Cámara de los Patrones sigue bajo la ciudadela, y quien la visita se lleva un consejo: antes de medir, elige tu unidad; y antes de elegirla, pregúntate si lo que vas a medir cabe en ella.

Canto IV — El otoño del mundo

5:1 Y cuando ya todas las Casas habían dicho sus gestas, quedó una estación por contar: la de los que acompañan el ocaso. Su lugar es el páramo del atardecer, donde todo se aquieta sin apagarse, y donde los últimos héroes esperan a los primeros. De ellos nació el cuarto linaje de la Casa, el último de los treinta y dos.

5:2 Y este Linaje es hijo de Sevra, el Lago Quieto, nacida de la unión de Oma-ta y Phi-ta, nieta de Rapu y de Beyu, en la cuarta generación desde Daturoma. Treinta y dos hijos tuvo Sevra: los dieciséis de este canto, que miran desde Oma-ta, y los dieciséis que miran desde Phi-ta y se cantan en su Casa. El primero de los de aquí fue Lanthe, y su gemelo del otro lado, Iesun.

5:3 Lanthe (Λ 32, Hibernación muda) — Fue la primera en ver caer una hoja y en comprender que era un acto de amor. Se sentó a esperar las demás, y cada una que caía le enseñaba algo, y el otoño del mundo empezó con su sonrisa. Reliquia: la primera hoja que cae.

5:4 Eleuth (Λ 79, Páramo ensimismado) — Su páramo era íntimo: una llanura que se miraba a sí misma. Los que llegaban lo hacían de puntillas, y se marchaban con la sensación de haber sido testigos de algo que se sostiene solo. Reliquia: el páramo ensimismado.

5:5 Thelum (Λ 80, Páramo estancado) — Su páramo estaba estancado: no avanzaba ni retrocedía. Los viajeros lo bordeaban con respeto, y quien pasaba una noche allí salía con los relojes del cuerpo puestos a cero. Reliquia: el páramo detenido.

5:6 Aelith (Λ 104, Sosiego quebrado) — Su sosiego se quebró una tarde de otoño con una sola nota de flauta. Del quiebre nació una música que no se ha vuelto a tocar entera, y que cada viejo recuerda a su manera. Reliquia: el sosiego quebrado.

5:7 Lethor (Λ 175, Páramo atrofiado) — Su páramo se había atrofiado: la hierba crecía a medias, los pájaros cantaban a medias. Con esa medianía hizo un jardín, y allí se sentaban los que habían perdido algo, y se sentían menos solos. Reliquia: el páramo atrofiado.

5:8 Elethe (Λ 176, Páramo glacial) — Su páramo estaba cubierto de una escarcha que no se derretía, y por él caminaba con paso ligero. Los que la seguían sentían que el frío era una forma de silencio, y aprendieron a gozar de él sin tiritar. Reliquia: el páramo helado.

5:9 Thalu (Λ 223, Atenuación rígida) — Su atenuación era rígida: sus voces se apagaban pero no se doblaban. Cuando hablaba, su voz llegaba al fondo de la sala igual que al principio, sin esfuerzo, como una luz que no se cansa. Reliquia: la atenuación tiesa.

5:10 Erlen (Λ 224, Senescencia escarchada) — Su senescencia era de escarcha: envejeció sin arrugarse, y en su cara se leía el invierno. Los niños le pedían cuentos, y ella contaba siempre el mismo, cambiando solo una palabra, y así los niños aprendieron la diferencia entre repetir y renovar. Reliquia: el cuento de una palabra cambiada.

5:11 Lethie (Λ 248, Rescoldo senescente) — Su rescoldo era ya viejo, pero aún calentaba. Se sentaba junto al fuego de los demás, sin decir nada, y su calor era el que se sentía último, cuando todos los otros fuegos ya se habían apagado. Reliquia: el rescoldo viejo.

5:12 Athelen (Λ 407, Fatiga dispersiva) — Su fatiga estaba repartida por todo su cuerpo, sin concentrarse en ningún sitio. Vivía cansada de todo y de nada, y de ese cansancio hizo una filosofía: la de que descansar es una forma de estar presente. Reliquia: la fatiga dispersa.

5:13 Elthar (Λ 408, Atrofia reabierta) — Su atrofia se reabrió: un miembro que estaba dormido despertó de repente. Ese despertar fue el primer signo de la primavera que vendría, y él lo anunció a los suyos con una alegría tímida, como quien descubre que aún le queda algo. Reliquia: la atrofia que se reabre.

5:14 Thelor (Λ 409, Percolación dispersiva) — Su percolación era dispersa: el agua se filtraba por muchos sitios a la vez. Con su lentitud, regó el páramo entero sin que se notara, y una mañana el páramo amaneció verde, y ella, sonriendo, dijo que había sido la lluvia. Reliquia: el agua que se filtra.

5:15 Leluth (Λ 410, Percolación reabierta) — Su percolación se reabrió: por un poro de la roca salió un hilo de agua, y con el hilo, un manantial. Los que la vieron llorar de alegría entendieron que hay finales que son fuentes. Reliquia: la filtración que se abre.

5:16 Ethelin (Λ 461, Conmutación sedimentada) — Conmutó entre el día y la noche con tal dulzura que el atardecer duraba horas. Los viejos del páramo decían que en su tiempo el sol se ponía despacio, y era verdad, porque ella lo sujetaba con la punta de los dedos. Reliquia: la conmutación que se posa.

5:17 Theleu (Λ 511, Agotamiento crónico) — Dijo las cuatro dimensiones en el ocaso: cerrado, callado, quieto y en falta. Fue el Íntegro del otoño: su agotamiento crónico no le impidió sostener a los demás, y sobre su hombro, cansado y firme, descansaron cien héroes que ya no podían más. Reliquia: el agotamiento crónico.

5:18 Elenth (Λ 512, Colapso obsoleto) — Fue el último de los quinientos doce: su colapso, obsoleto y sereno, cerró la cuenta. Se sentó al final del camino, con las manos abiertas, y esperó. No esperaba a nadie en particular; esperaba, como se espera en una puerta, a que alguien que no estuviera contado llegara. Reliquia: el último.

5:19 Y así terminó el otoño del mundo, y con él terminó el linaje de los treinta y dos, y con éste la cuenta de los quinientos doce. Y quien quiera leerlos de nuevo puede empezar por donde termina, porque el último es el primero visto desde el otro lado.

Cierre de la Casa

6:1 Y dijeron los ancianos de la Casa de Oma-ta: hemos contado sesenta y cuatro, y no encontramos uno que no midiera algo. Algunos midieron con exactitud, otros con ternura, otros con miedo; y de todos aprendimos que medir no es reducir.

6:2 Porque la medida más justa no es la que iguala sino la que devuelve a cada cosa su lugar. Y el que aprende a medir sin humillar ni exaltar, ese sabe que el equilibrio no es un punto sino un camino, y lo recorre todos los días.

Antes de juzgar, pregúntate con qué vara. Después de juzgar, pregúntate si la vara aún sirve.