Casa de Phi-ma

Las Gestas del Ardiente

Hay quien enciende una lámpara y hay quien se hace mecha. Los dos alumbran; solo uno sabe cuánto dura.

Proemio: la Casa del Fuego

1:1 Phi-ma es el Nombre que enciende. Sin él, el mundo sería un cuadro perfecto y quieto, y nada tendría ganas de otra cosa. Su casa está siempre a punto de arder, y siempre la reconstruyen, porque lo que la habita no puede estarse en paz.

1:2 Los hijos de Phi-ma se conocen por la manera en que miran: como si llevaran una prisa que no es suya. Enamoran, incendian, curan, hacen guerra y hacen fiesta. Los quieren los que están helados y los temen los que están dormidos.

1:3 Y esta es la enseñanza de la Casa: el fuego no es bueno ni malo, es lo que hace que algo se convierta en otra cosa. Quien lo teme, se queda en lo que es; quien lo adora, se consume; quien lo cuida, lo hace hogar.

1:4 Cuatro linajes tuvo la Casa. El primero miró a Phi-ta, su hermano de puente, y de él nacieron los que arden y descansan. El segundo miró a Kos-ma, y de él nacieron los que arden en común. El tercero miró a Da-hara, y de él nacieron los que arden hacia afuera. El cuarto miró a Oma-da, y de él nacieron los que arden hasta el estallido.

Canto I — La fragua y la brasa

2:1 En la aldea de Ferrum había una fragua, y su herrero era el primero de los ardientes: un hombre que trabajaba de sol a sol y luego se sentaba junto al fuego apagado sin decir palabra. De él y de los que aprendieron su ritmo nació el primer linaje de la Casa, cuya ley es: que la llama tenga descanso.

2:2 Y este Linaje es hijo de Pirel, el Pulso, nacido de la lid entre Phi-ma y Phi-ta, los dos rostros de Beyu, sin otro abuelo que Beyu, en la cuarta generación desde Daturoma. Treinta y dos hijos tuvo Pirel: los dieciséis de este canto, que miran desde Phi-ma, y los dieciséis que miran desde Phi-ta y se cantan en su Casa. El primero de los de aquí fue Pherun, y su gemelo del otro lado, Sunei.

2:3 Pherun (Λ 5, Oscilación febril) — Golpeaba el hierro mientras estaba al rojo y lo dejaba enfriarse en el agua. Decía que a la fiebre y a la calma hay que darles el mismo tiempo, y que quien golpea sin descanso solo hace ruido, y quien descansa sin golpear solo hace sombra. Reliquia: el yunque de dos tiempos.

2:4 Fenya (Λ 117, Fogata titilante) — Su fogata tenía la manera de una luciérnaga: se encendía, se apagaba, se volvía a encender. Los viajeros la seguían de noche, creyendo que era una señal, y llegaban a la aldea sin sospechar que eran sus destellos los que los habían guiado. Reliquia: la fogata que titila.

2:5 Aeli (Λ 118, Llama titilante) — Ardía en la pared de la forja como una estrella nerviosa. A su lado los aprendices aprendían que el fuego que parpadea también es fuego, y que el que titubea es a veces quien ve más claro. Reliquia: la llama que parpadea.

2:6 Efrim (Λ 119, Ascua titilante) — Era un ascua en el fondo de la ceniza, y latía tan bajo que solo el que ponía la oreja al suelo la oía. Lo hallaron un invierno los niños perdidos, y con él encendieron la fogata que los salvó. Reliquia: el ascua inquieta.

2:7 Ifane (Λ 261, Enfriamiento sobrevenido) — Entró a la forja por la puerta contraria, y su fuego se enfrió de golpe. Salió tiritando, con la cabeza gacha, y estuvo un año sin poder encender ni una vela; luego le volvió el fuego, más pequeño, y esa fue su fortuna. Reliquia: el aliento que se enfría.

2:8 Phael (Λ 262, Senescencia sobrevenida) — Envejeció de golpe, sin aviso, como un árbol al que cae un rayo. Los aprendices la creyeron enferma, pero se quedó sentada al lado de la fragua tres años enseñando a los jóvenes lo poco que sabía, y ese poco fue la sabiduría de la aldea. Reliquia: la madera cansada.

2:9 Afrun (Λ 263, Atrofia aguda) — Su atrofia fue aguda: en un día perdió la fuerza de los brazos, y en dos el habla. Los aldeanos lo cuidaron con ternura; él aprendió a hablar con los ojos, y desde entonces fue el mejor traductor de los mudos. Reliquia: el mástil que se seca.

2:10 Fiora (Λ 357, Degradación marginal) — Vivía en el margen de la fragua, donde el calor apenas llega, y desde allí veía todo. Su degradación era lenta, y en cada escalón aprendía algo; cuando llegó abajo, tenía una sabiduría que no habría alcanzado subiendo. Reliquia: la orilla del fuego.

2:11 Ephrael (Λ 358, Degradación recesiva) — Se fue retirando poco a poco de la vida: primero de la fiesta, luego de la fragua, luego del pueblo. En su retirada dejaba huellas cada vez más leves, y los que la seguían con la vista descubrían que caminar suave también es caminar. Reliquia: la leña que se retira.

2:12 Fenoc (Λ 359, Rigidez periférica) — Se encogió hacia los bordes del fuego, y allí se volvió rígido como una varilla. Los herreros lo usaban para remover las brasas del fondo, y él, agradecido, aprendió a ser útil desde la periferia. Reliquia: la varilla de la periferia.

2:13 Ifreth (Λ 360, Rigidez recesiva) — Sus manos, rígidas por el trabajo, se cerraron sobre las tenazas y ya no pudieron soltarlas. Lo enterraron con ellas, y en su tumba hoy crece una zarza cuyas espinas son idénticas a las puntas de una tenaza. Reliquia: la tenaza que se retira.

2:14 Aphir (Λ 361, Fatiga rígida) — Trabajó hasta que la fatiga se le hizo hueso, y siguió trabajando, rígido, con un sueño que se le colaba por las costuras. Lo vieron una tarde dormido de pie, con el martillo en alto, y nadie se atrevió a despertarlo. Reliquia: la fatiga tiesa.

2:15 Feluin (Λ 362, Fatiga agotada) — Su fatiga fue tan honda que se acabó como una vela. Se sentó junto a la forja al atardecer y ya no se levantó; los aprendices dijeron que había terminado su turno, y que la llama, agradecida, ardió esa noche un poco más alto. Reliquia: el polvo de la jornada.

2:16 Eferu (Λ 444, Metabolismo óntico) — Hizo que la respiración de la fragua imitara la del cuerpo: inspirar aire, quemar, exhalar humo. Su metabolismo del fuego enseñó a la aldea que el calor también se alimenta y se purga, y que sin esos ciclos todo arde y nada vive. Reliquia: el fuelle de la vida.

2:17 Phiona (Λ 445, Balancín autorregulado) — Ajustó el fuego de la forja con un balancín que subía cuando el fuego bajaba y bajaba cuando el fuego subía. Lo llamaron el gobernador de las llamas, y sin ser cierto decían que ninguna llama se le rebeló. Reliquia: el balancín de la brasa.

2:18 Faerun (Λ 446, Retroalimentación calibrada) — Hizo que el fuego oyera sus propias brasas y se corrigiera solo: si ardía demasiado, el eco se lo decía. Fue la retroalimentación calibrada: el fuego que se conoce y se modera, y de ella nació el arte del herrero. Reliquia: el eco de la llama.

2:19 Y en Ferrum se enseña que la fragua no es el fuego: es el ritmo de dejarlo arder y dejarlo dormir. Y los que trabajan ahí, al final del día, dicen en voz baja lo que dijo el primero: «Hasta mañana, llama».

Canto II — El incendio de Haphal

3:1 En la ciudad de Haphal, hecha toda de fraguas y de tejados de paja, se declaró un día un fuego que no había manera de contener, y ardió tres noches. Y de aquellos que se reunieron para arder y se reunieron para apagarlo nació el segundo linaje de la Casa, el de los que arden juntos.

3:2 Y este Linaje es hijo de Kahel, el Festín, nacido de la unión de Phi-ma y Kos-ma, nieto de Beyu y de Omut, en la cuarta generación desde Daturoma. Treinta y dos hijos tuvo Kahel: los dieciséis de este canto, que miran desde Phi-ma, y los dieciséis que miran desde Kos-ma y se cantan en su Casa. El primero de los de aquí fue Aphel, y su gemelo del otro lado, Molun.

3:3 Aphel (Λ 21, Pira gregaria) — Fue el primero en llevar su leña a la plaza, y en prender con ella la pira donde se quemaban los desechos del año. De su pira nació la costumbre de la Noche de Haphal: todos entregan al fuego lo que ya no sirve, y salen ligeros. Reliquia: la pira de todos.

3:4 Fenech (Λ 57, Fogata portuaria) — Encendió una fogata en el muelle para que los barcos la vieran de noche. Los marinos la tomaron por un faro, y así nació el primer faro de Haphal, hecho de leña y de ganas de que alguien llegara. Reliquia: la hoguera del puerto.

3:5 Ephira (Λ 58, Hoguera ascendente) — Su hoguera subía hacia el cielo con una columna de chispas que parecían estrellas. Los niños la miraban con la boca abierta, y las madres los dejaban, porque en esa columna había una promesa de que lo que arde asciende. Reliquia: la columna de chispas.

3:6 Phaeru (Λ 93, Pira sofocada) — Cuando el fuego se desbordó, ella se lanzó con una manta sobre la pira y la sofocó con su cuerpo. Se salvó por milagro; su manta se conserva quemada por un lado, y quien la toca oye un chisporroteo. Reliquia: la pira sofocada.

3:7 Ifel (Λ 153, Fragua recurrente) — Cada mañana recomponía su fragua, cada tarde la veía consumida, y así durante treinta años. Se le atribuyó el don de la paciencia, y ella, riéndose, decía que no era paciencia sino terquedad, y que el fuego lo sabía. Reliquia: la fragua que vuelve.

3:8 Fernal (Λ 154, Fragua candente) — Llevó su fragua al blanco, más allá del rojo, donde el metal no se dobla sino que canta. Hizo con ella la primera campana de Haphal, y esa campana avisó del incendio antes de que empezara. Reliquia: la fragua al blanco.

3:9 Aefru (Λ 201, Cónclave turbulento) — Reunió a los maestros de las fraguas en una asamblea turbulenta, y el humo de todas las chimeneas se juntó sobre la sala. Salieron tosiendo, pero con el acuerdo de construir una muralla contra el fuego: la primera ley de Haphal. Reliquia: el cónclave del humo.

3:10 Phenor (Λ 202, Cónclave abundante) — Su cónclave fue abundante: comió y bebió y discutió con tal generosidad que los acuerdos parecían fiestas. Todo lo que se decidió en su mesa se cumplió, porque nadie quiso decepcionar la comida. Reliquia: la mesa del cónclave.

3:11 Efina (Λ 237, Hoguera oscilante) — Su hoguera oscilaba entre la alegría y el duelo. Quienes se sentaban a su lado reían y lloraban en la misma frase, y volvían a casa con el pecho desatado, sin saber decir qué habían sentido. Reliquia: la hoguera que baila.

3:12 Fraen (Λ 345, Fogonazo sellado) — Selló un fogonazo dentro de una vasija de barro y lo guardó en el sótano. Cuando el incendio arreciaba, abrió la vasija, y el fogonazo salió y se comió a los otros fuegos, como el que ha estado esperando mucho para ser útil. Reliquia: el fogonazo sellado.

3:13 Ipha (Λ 346, Brasa recesiva) — Cuando el incendio empezó a ceder, ella fue la brasa que retrocedió última, resistiéndose a apagarse. Con esa brasa se encendió la primera vela de la ciudad reconstruida, y esa vela nunca se apagó del todo. Reliquia: la brasa que retrocede.

3:14 Fenur (Λ 347, Calibración escindida) — Calibró el fuego con una vara graduada, y al ver que ardía a dos alturas a la vez, la partió en dos. Con cada mitad midió un fuego distinto, y el incendio, que era uno, se le mostró como dos: el que arde y el que se ve arder. Reliquia: la vara partida.

3:15 Aphuel (Λ 348, Calibración decantada) — Después del incendio, filtró las cenizas para separar lo útil de lo inútil, y de la ceniza fina hizo jabón, y del hueso, mango, y del carbón, pluma. Le dieron el título de Decantadora, que fue en Haphal el equivalente a gobernadora. Reliquia: el poso del incendio.

3:16 Phirel (Λ 441, Histéresis óntica) — Estudió cómo el fuego recordaba lo que había quemado: siempre ardía más fácil donde ya había ardido. Escribió un libro corto sobre eso, y en Haphal se lo llama «el de la memoria de la llama». Reliquia: el arco de la llama.

3:17 Faerel (Λ 489, Incendio creciente) — Dijo las cuatro dimensiones en el fuego: reunió, abrió, encendió y midió. Fue la Íntegra de Haphal: avivó el incendio hasta donde hacía falta y no una chispa más, y sus manos, con las cicatrices, son la mejor descripción de esa medida. Reliquia: la fragua que crece.

3:18 Ephran (Λ 490, Incendio desbordado) — Se dejó arder: su fuego desbordó las paredes, las calles, las cumbreras. La ciudad entera ardió con él, y en la mañana lo hallaron en el centro de la plaza, ileso, riendo, con los ojos llenos de luz. Reliquia: el incendio desbordado.

3:19 Y Haphal fue reconstruida con piedra, y sus fraguas con ladrillo; pero cada año se reúne la ciudad para quemar algo en la plaza, y se dice al fuego: «Aquí estamos, otra vez juntos». Y el fuego, si es sabio, no contesta.

Canto III — La chispa robada

4:1 Se cuenta que al principio el fuego estaba solo en la cima del volcán, y que las gentes no lo tenían. Y cuando un joven subió a robar una chispa y la trajo escondida en un tallo hueco, el fuego se abrió a los hombres. De él y de los que llevaron la chispa nació el tercer linaje de la Casa.

4:2 Y este Linaje es hijo de Esker, la Chispa Errante, nacida de la unión de Phi-ma y Da-hara, nieta de Beyu y de Siku, en la cuarta generación desde Daturoma. Treinta y dos hijos tuvo Esker: los dieciséis de este canto, que miran desde Phi-ma, y los dieciséis que miran desde Da-hara y se cantan en su Casa. El primero de los de aquí fue Phaeron, y su gemelo del otro lado, Rehad.

4:3 Phaeron (Λ 22, Llamarada expansiva) — Subió a la cima con un tallo de caña y regresó con una chispa dentro. La ofreció a las aldeas del llano y con ella cambió el mundo; los dioses de la cima no lo castigaron, porque comprendieron que el fuego, una vez soltado, ya no es robado sino dado. Reliquia: el tallo hueco.

4:4 Ifara (Λ 59, Llama congregante) — Mantenía la primera llama en el centro del pueblo y la repartía a los que llegaban. Con cada brasa que daba, la llama crecía, y así fue como en un solo año el pueblo tuvo el doble de fuegos y el triple de amigos. Reliquia: la llama de la aldea.

4:5 Feorin (Λ 60, Llama inminente) — Preparó una llama que todavía no ardía: un montón de leña seca colocado con mimo, y una piedra de chispa al lado. Los pueblos que pasaban por allí se detenían, y, sin encenderlo, sabían que algo importante estaba a punto de suceder. Reliquia: la llama por venir.

4:6 Ephuni (Λ 94, Llama sofocada) — Llevó una llama a las tierras del norte, tapada con un cuenco, y al destaparla en la nieve se apagó. Volvió a intentarlo cien veces; a la ciento uno, dejó el cuenco puesto y la llama, sofocada, ardió muy despacio bajo la nieve, y de allí salió el calor de la tundra. Reliquia: la llama tapada.

4:7 Afrel (Λ 155, Pira recurrente) — Encendió una pira en cada solsticio, y cada solsticio la pira ardía igual y distinta. Tras cincuenta años, era una de las cosas más queridas de los pueblos del llano, y ella misma era ya una pira: ardía por dentro con la memoria de cada llama pasada. Reliquia: la pira que retorna.

4:8 Phenya (Λ 156, Pira congestionada) — Reunió tanta leña en su pira que el humo no salía y se acumulaba, y la fiesta se volvió una niebla. Los que asistían salían con los ojos rojos y la sonrisa ancha, y hablaron toda la noche sin acordarse de lo dicho. Reliquia: la hoguera congestionada.

4:9 Fiael (Λ 203, Surtidor abundante) — De su fuego manaba llama como de una fuente: sin cesar, sin gastarse. Bebían de ella los caminantes, y quien bebía volvía a casa con la piel encendida, y en su casa se quedaba una llama que ya no se iba. Reliquia: el manantial de llamas.

4:10 Ephro (Λ 204, Surtidor excedentario) — Su fuego sobraba: lo derramó sobre los vecinos, y los vecinos, quemados de gratitud, le devolvieron cosas que le sobraban. Así nació el intercambio de excedentes, y con él, el primer mercado de Heshu. Reliquia: el surtidor excedido.

4:11 Aifer (Λ 238, Expansión oscilante) — Su fuego se expandía a mediodía y se encogía a medianoche, y se decía que respiraba. Los pueblos que dormían junto a él eran los más sanos, porque el fuego que respira contagia su respiración. Reliquia: el fuego que se expande y se encoge.

4:12 Firun (Λ 349, Propagación decantada) — Dejó que su fuego se propagara por la ladera y se decantara solo: lo pesado quedó abajo, en brasa, y lo ligero subió al cielo, en humo. Aprendió a mirar cómo el fuego se ordena sin que nadie lo ordene. Reliquia: la llama que se decanta.

4:13 Phelu (Λ 350, Recalentamiento decantado) — Recalentó el horno de la aldea hasta que el pan salió tan crujiente que sonaba como cristal. Lo decantó luego con paciencia: dejó reposar las piezas hasta que el calor se fue por la corteza y quedó solo el sabor. Reliquia: el horno recalentado.

4:14 Efrina (Λ 351, Retroalimentación contraída) — Enviaba su llama hacia afuera y la llama volvía más pequeña, contraída, después de tocar el mundo. Cada retorno le enseñaba algo nuevo, y ella recopiló esas enseñanzas en un manto de retazos que aún abriga. Reliquia: el fuego que vuelve encogido.

4:15 Aphron (Λ 352, Retroalimentación aterida) — Su llama salía hacia el mundo y volvía aterida, sin poder calentar. Ella la acogía junto al pecho, y con paciencia la devolvía a la vida, y esa fue la primera vez que un ardiente cuidó de su propio fuego. Reliquia: la llama helada de vuelta.

4:16 Fenael (Λ 442, Balancín sistémico) — Ajustó los tiros de todas las chimeneas de una aldea de manera que ninguna robara aire a las otras. Así el humo de todas subió parejo, y desde entonces la aldea tuvo el cielo más limpio del llano. Reliquia: la balanza de las chimeneas.

4:17 Phiral (Λ 491, Incendio exponencial) — Dijo las cuatro dimensiones en el fuego de la pradera: multiplicó, abrió, ardió y midió. Fue el Íntegro de la chispa robada: ordenó que cada fuego encendiera otros dos, y cada uno otros dos, y la pradera entera floreció después, con una luz que ninguna semilla había visto. Reliquia: el incendio exponencial.

4:18 Aefel (Λ 492, Recalentamiento hipertrofiado) — Recalentó un fuego ya antiguo y lo hizo arder con más fuerza que el nuevo. Fue la que mostró que el fuego joven no siempre es el mejor, y de sus cenizas viejas nació el horno de barro, que hoy se usa en toda la llanura. Reliquia: el fuego recalentado.

4:19 Y del volcán bajó el fuego a los hogares, y desde entonces cada casa tiene un rincón donde arde. Y los niños aprenden a decirle gracias sin saber que le hablan a quien subió a robarlo.

Canto IV — La montaña que arde

5:1 En el extremo del mundo se alzaba la montaña Vhalor, y bajo ella vivían los que forjaban lo imposible, con el fuego de las entrañas de la tierra. Y de aquellos que ardieron hasta el estallido nació el cuarto linaje de la Casa, el de los que no conocen término medio.

5:2 Y este Linaje es hijo de Rhaon, el Incendio, nacido de la unión de Phi-ma y Oma-da, nieto de Beyu y de Rapu, en la cuarta generación desde Daturoma. Treinta y dos hijos tuvo Rhaon: los dieciséis de este canto, que miran desde Phi-ma, y los dieciséis que miran desde Oma-da y se cantan en su Casa. El primero de los de aquí fue Fhorun, y su gemelo del otro lado, Domvok.

5:3 Fhorun (Λ 23, Resonancia incandescente) — Fue el primero en bajar al cráter y en sentir que la montaña lo llamaba por su nombre. Golpeó con su martillo las paredes de fuego, y el eco del golpe subió como un rugido; la montaña, en respuesta, empezó a resonar, y así se supo que estaba viva. Reliquia: el martillo del cráter.

5:4 Ephar (Λ 61, Ascua congregante) — Reunió a las gentes del pie de la montaña en torno a un ascua que traía del cráter. Cada uno la miró y vio una cosa distinta: uno el hogar, otro la guerra, otro el amor; y ella les dejó ver, sin decir cuál era la verdadera. Reliquia: la brasa de la aldea.

5:5 Ifrim (Λ 62, Ascua progresiva) — Su ascua fue progresando por la ladera, engullendo lo que encontraba, y detrás de sí dejaba un suelo negro y fértil. Los que la seguían sembraron en el suelo negro, y en dos años la ladera fue un jardín. Reliquia: la ceniza que avanza.

5:6 Phoen (Λ 95, Ascua sofocada) — Se lanzó al cráter con un ascua en la mano y se sofocó bajo la roca. Su sacrificio fue inútil según unos y necesario según otros; lo cierto es que del hueco que dejó nació un manantial de agua caliente. Reliquia: el ascua bajo la roca.

5:7 Afela (Λ 157, Caldera autosostenida) — Su caldera se mantenía hirviendo sin combustible: el fuego se alimentaba de sí mismo. La gente venía a mirar, asombrada, y ella les decía que no era magia sino terquedad, y el que aprenda a arder sin leña ha aprendido el secreto de Vhalor. Reliquia: la caldera que se sostiene.

5:8 Fenuk (Λ 158, Caldera progresiva) — Su caldera crecía año a año, tragando la piedra circundante. Los pueblos de la ladera se fueron mudando poco a poco, y ella, desde el centro, los vio marchar con una tristeza que el fuego mismo no podía consumir. Reliquia: la caldera que progresa.

5:9 Ephiro (Λ 205, Cráter simbiótico) — Su cráter y el de su vecino se hablaban por debajo de la tierra. Cuando uno rugía, el otro respondía, y así se repartían la presión y evitaban el estallido: fue la primera alianza entre volcanes, y la más duradera. Reliquia: el cráter hermanado.

5:10 Pharuk (Λ 206, Cráter turbulento) — Su cráter era un remolino de brasas, y el que se asomaba se sentía arrastrado. Lo miraron con miedo, lo miraron con deseo, y algunos se arrojaron; los que lo vieron caer decían que ni gritó, porque llevaba la cara de quien vuelve a casa. Reliquia: el cráter turbulento.

5:11 Ifael (Λ 239, Cráter inestable) — El borde de su cráter temblaba sin cesar, y nadie sabía si iba a estallar o a calmarse. Vivió toda su vida al filo de esa duda, y los que se asomaban a su lado aprendían a no confiar en lo firme ni en lo frágil. Reliquia: el borde que tiembla.

5:12 Efreth (Λ 353, Caldera escindida) — Su caldera se dividió en dos: una boca ardía hacia el cielo y otra hacia el mar. Los dos lados de la montaña tuvieron sus propias costumbres, y entre ellos una raya humeante que la gente cruzaba con reverencia. Reliquia: la caldera dividida.

5:13 Phanel (Λ 354, Cascada resonante) — Bajaba por la ladera en cascada de fuego, resonante como un tambor. A su paso las aldeas se levantaban en vilo, y tras ella todo volvía a su sitio con una calma que nadie recordaba haber tenido. Reliquia: la cascada de lava.

5:14 Aphorn (Λ 355, Brasa redistribuida) — Redistribuyó el calor de la montaña entre las aldeas de la ladera, de modo que ninguna se helara ni se quemara. Su sistema de tuberías de piedra corría bajo el suelo, y es hoy el más viejo del mundo. Reliquia: la brasa repartida.

5:15 Fioren (Λ 356, Brasa sincronizada) — Sincronizó los latidos del volcán con los de un tambor, y todos los que lo oían sentían la montaña como un corazón. Los pueblos del pie de Vhalor cantan todavía aquel compás, sin saber que es el del fuego. Reliquia: la brasa que late al compás.

5:16 Eferin (Λ 443, Balancín plástico) — Trabajó el fuego como se trabaja la arcilla: lo moldeó con las manos, lo dejó endurecer, lo fundió de nuevo. Su balancín no fue de hierro sino de forma, y enseñó a la Casa que lo que se puede cambiar nunca se acaba. Reliquia: el balancín de lo plástico.

5:17 Phaerun (Λ 493, Volcán saturado) — Dijo las cuatro dimensiones en el fuego más hondo: ardió, reunió, abrió y midió. Fue el Íntegro del volcán: su erupción no destruyó sino que fundó, y de su lava nació la isla donde hoy se guardan las Reliquias de esta Casa. Reliquia: el volcán saturado.

5:18 Aphenor (Λ 494, Volcán recalentado) — Recalentó el volcán ya en reposo, y este despertó con una violencia que hizo temblar el mundo. Cuando cesó, la cima estaba más baja, y las aguas del mar, más altas, y él sonreía en medio de la ceniza, satisfecho, sin haber dicho nada. Reliquia: el volcán recalentado.

5:19 Y la montaña Vhalor sigue ardiendo bajo la nieve, y quienes viven a su pie saben que en cualquier momento puede estallar. Y no la temen: la cuidan, la nombran, le hablan, y ella, de tanto en tanto, les devuelve un poco de calor.

Cierre de la Casa

6:1 Y dijeron los ancianos de la Casa de Phi-ma: hemos contado sesenta y cuatro, y no hubo uno que no ardiera. Unos ardieron para dar calor, otros para dar luz, otros para dar fin, y todos, al arder, fueron.

6:2 Porque el fuego es la manera que tiene el mundo de recordar que no está terminado. Y quien lo lleva con reverencia no se quema: se hace hogar.

No preguntes al fuego cuánto durará. Pregúntate cuánto quieres que ilumine.