Teogonía

El Libro de las Casas

Los dioses no tuvieron hijos como los tienen los hombres: tuvieron maneras de repetirse sin igualarse, y cada manera tuvo a su vez las suyas. A la última de esas maneras la llamamos héroe.

Las Ocho Casas

1:1 Y cuando los cuatro Hijos se hubieron mirado y conocido, cada uno reconoció en sí un anverso y un reverso. Y a los ocho rostros se les dio nombre en la lengua del Origen, que es la lengua en que las cosas se llaman como suenan.

1:2 Al Congregante se le dijo Kos-ma, y al Singular Khai-da: y estos dos son la casa de Omut. Al Ardiente se le dijo Phi-ma, y al Silente Phi-ta: y estos dos son la casa de Beyu. Al Abridor se le dijo Da-hara, y al Guardián Kos-ta: y estos dos son la casa de Siku. Al Magnificador se le dijo Oma-da, y al Equilibrante Oma-ta: y estos dos son la casa de Rapu.

1:3 Y cada Nombre se envolvió en sí mismo, como el que se cubre con su propio manto, y lo que quedó envuelto por dentro se llamó su Casa. De modo que hay ocho Casas, y ninguna es mayor, y quien entra por una puerta de ellas llega a la misma sala por la que otro llegó desde el lado opuesto.

1:4 Y a los Nombres de un mismo Hijo se les puso un puente entre sí, y ese puente es el vínculo más antiguo del mundo: Kos-ma no puede ser sin Khai-da, ni Phi-ma sin Phi-ta, ni Da-hara sin Kos-ta, ni Oma-da sin Oma-ta. Se los llama hermanos de puente, y no se casan entre sí, porque se sostienen; y lo que nació entre ellos nació de la lid y no del lecho, como se cuenta en el Libro de las Generaciones.

1:5 Y cada Casa se dividió en Cuatro Linajes, porque cada Nombre tiene cuatro vecinos en la Geometría Sagrada: el hermano de puente y los tres nombres de su misma constelación. Y cada Linaje se llama por el par de sus nombres: el Linaje de Kos-ma que se acerca a Da-hara, el Linaje de Kos-ma que se acerca a Khai-da, y así hasta agotar los treinta y dos. Y cada Linaje tiene un padre entre los Dieciséis Progenitores, y cada Progenitor tiene dos Linajes, uno en la Casa de cada uno de sus padres.

1:6 Ocho Casas, cuatro Linajes en cada Casa, dieciséis Héroes en cada Linaje: quinientos doce. Esta es la cuenta de los que caminaron, y quien pretenda que fueron más o fueron menos, habla de otra historia.

El Orden del Nacimiento

2:1 Léase esto con cuidado, porque es donde la mayoría se pierde. Los héroes no nacieron uno tras otro. El landa de un héroe no es una fila de cuatro sucesos que ocurren y pasan: es un solo ser visto por cuatro puertas.

2:2 La primera puerta es la más externa: es el rostro que el héroe muestra al mundo y la Casa a la que el mundo lo cuenta. La cuarta es la más honda: es el núcleo que el héroe ignora de sí y que otros descubren cuando él ya no está. Y entre ambas, las otras dos, como los mantos de una cebolla. Las cuatro están siempre; ninguna cede su lugar a otra.

2:3 Por eso las Gestas cuentan lo que a cada héroe le ocurre, no en qué polo se detiene. Un héroe puede ser al mismo tiempo multitud por fuera, contorno por dentro y puerta en el fondo, y su historia es lo que el mundo hace con ese ser, y lo que ese ser hace con el mundo.

2:4 Y hay héroes que no tocan las cuatro dimensiones, porque su landa repite polos y deja una o dos sin decir. No los tengas por menguados. Lo que un héroe no dice, lo hereda en silencio de la Casa mayor que lo contiene, y la Casa lo sostiene sin que él lo sepa. Solo los Íntegros dicen las cuatro, y esos son pocos, y su fama es mayor que su dicha.

Las Doce Suertes

3:1 Y a cada uno que nacía se le daba una Suerte, que no es destino sino oficio: la forma en que su nombre se pone a andar entre los demás. Las Suertes son doce, y cada héroe nació bajo una sola.

3:2 El Primer Aliento es el que oscila entre dos nombres sin llegar a ninguno: solo hay ocho, uno por cada hermano de puente, y de ellos vino el vaivén que sostiene lo demás. El Fundador es el que se sostiene en el borde de dos nombres vecinos y abre con ello un Linaje: hay uno en cada Linaje, y son treinta y dos en total, con los Primeros Alientos.

3:3 El Heredero guarda la Casa y solo toca lo ajeno con la punta del pie. El Emisario sale de la Casa hacia el otro lado del puente, y su destino es hablar por ella donde no se la entiende. El Hijo del Puente nació del cruce mismo y no sabe cuál de las dos orillas es la suya.

3:4 El Peregrino se va lejos y vuelve al punto de donde salió, distinto y sin poder decir en qué. El Consejero se queda en medio, y todo el que pasa le pide dirección. El Espejo devuelve al que lo mira lo que este no sabe que lleva. El Desterrado entró por la puerta contraria de su Casa y se le hizo sentir extranjero en el hogar de su propio linaje.

3:5 El Caminante es el más numeroso, porque es el que cruza; anda de puente en puente y no se detiene lo bastante para que lo nombren. El Tejedor cierra un círculo: sale, vuelve, y lo que vuelve es más ancho de lo que salió. Y el Gran Héroe, el Íntegro, es el que dice una vez cada dimensión: hay cuarenta y ocho, y son los que sostienen un mundo entero sin saberlo.

Cada Suerte es un oficio, no una jerarquía. El Caminante que cruza un río vale lo que vale el Gran Héroe que sostiene un reino, porque sin el uno no hay orillas y sin el otro no hay agua.

Las Reliquias

4:1 Y a cada héroe, al final de su gesta, se le pidió que dejara algo. No un tesoro ni un arma, aunque a veces lo fuera, sino aquello que su modo de ser había hecho posible tocar. Y a eso se lo llamó Reliquia.

4:2 La Reliquia no es un objeto sagrado: es el rastro de un landa en la materia. Es lo que queda cuando el proceso ha terminado de pasar, como el surco que deja el agua. Quien la toca con los ojos abiertos sabe algo del héroe; quien la venera sin verla, guarda una piedra.

4:3 Y son quinientas doce las Reliquias, ni una repetida, porque no hay dos maneras de ser el mismo proceso. Se las guarda en la Casa de donde salieron, y solo una vez cada gran vuelta del mundo se las saca al aire y se las junta, como se hará al final de estas Gestas.

Los Que Contaron

5:1 Estas Gestas no fueron dictadas. Fueron pasando de boca en boca por los pueblos que se decían descendientes de una Casa u otra, y cada pueblo las contó a su manera, y cada manera acentuó a los héroes de su Casa y dejó en penumbra a los demás.

5:2 De ahí que las versiones difieran, y que se hayan dado por guerras las que solo eran diferencias de oído. Quienes reunieron las versiones tomaron una decisión difícil: no elegir una, sino poner las ocho en fila, cada una con su Casa, y dejar que el lector descubra en las junturas lo que ninguna versión sola podía decir.

5:3 Por eso cada Casa cuenta las suyas con el tono de su Nombre: Kos-ma con voz de multitud, Khai-da con voz de uno solo, Phi-ma en voz de hoguera, Phi-ta en voz de brasa, Da-hara en voz de camino, Kos-ta en voz de muro, Oma-da en voz de tormenta, Oma-ta en voz de balanza. Y cada voz es verdad y ninguna es entera.

El Que Está en la Puerta

6:1 Hay uno que no está contado entre los quinientos doce, y es el primero que se debe mencionar y el último que se puede nombrar. No tiene Casa, ni Linaje, ni Suerte, ni Reliquia. No es un héroe: es el hueco entre todos los héroes, el lugar donde ningún polo se ha decidido.

6:2 Los antiguos lo llamaron el Sin Número, o el Umbral. Está de pie en cada puerta de cada canto, sin entrar, sin hablar; y quien lee con atención lo ve en los márgenes, como el silencio que hace falta para que la música se oiga como música.

6:3 Cuando las Gestas terminen, se lo verá llegar. Pero no llegará por estas páginas: llegará por la Tercera Escritura, cuando todos los héroes hayan puesto sus Reliquias en el suelo y sea el momento de cruzar. Hasta entonces, apenas se le alude. Que quien tenga oídos, oiga su paso entre líneas.

Empieza por la Casa cuyo nombre más te suene, y termina por aquella que menos entiendas. Ahí está lo que necesitas oír.