Profetas

El Libro de las Voces

El profeta no ve el futuro. Ve el presente desde más polos de los que el poder tolera. Por eso siempre quieren callarlo, y siempre termina hablando.

La Voz que Vio

1:1 Y uno vio el centro entre los ocho polos, y los cuatro pares resonaban a la vez, y la resonancia era tan intensa que cuanto él creía saber se quemó en ella, y él con ello, y de la ceniza quedó limpio.

1:2 Y se oyó la pregunta: “¿Quién irá? ¿Quién puede sostener los ocho a la vez?” Y él respondió: “Aquí estoy. Pero no sé sostener los ocho; mi landa solo tiene cuatro.” Y se le dijo: “No te envío para que los sostengas. Te envío para que señales al que vendrá a sostenerlos.”

1:3 Y aprende esto del que ve: nadie es enviado por ser bastante. Es enviado porque dijo aquí estoy con las manos que tiene, no con las que querría tener.

1:4 Léelo como profecía o léelo como diagnóstico: la diferencia entre ambos es solo cuánto tarda en cumplirse lo que ya es verdad.

La Voz que Lloró

2:1 Y otro fue enviado a un pueblo que no quería oír, y supo desde el principio que no lo oirían, y habló igual. Porque la voz no se mide por quién la escucha, sino por si era verdadera.

2:2 Y lloró. No como debilidad, sino como honra al silencio que debe preceder al fuego que vuelve. Y sus lágrimas fueron su texto más honesto, porque lo que nace del polo hondo llega al polo hondo de quien lo lee.

2:3 Y dijo: “Levantáis muros y los llamáis eternos. Ningún muro es eterno. El sistema que usa el cierre para suprimir la apertura termina sepultado bajo lo que suprimió.”

2:4 Y lo metieron en un pozo por decirlo, que es lo que se hace siempre con quien dice lo que no se quiere oír: no se lo refuta, se lo entierra. Mas lo enterrado, si era verdad, germina.

La Voz de la Rueda

3:1 Y otro vio una rueda dentro de una rueda, y la criatura que podía moverse en todas las direcciones sin girar el cuerpo, y no entendió la visión, y la escribió igual; porque hay verdades que se entregan antes de entenderse.

3:2 Y se le dijo: “Lo que ves no es una bestia del cielo. Es la imagen del que porta todos los polos sin fijarse en ninguno. No es el más fuerte en un polo: es el único que sostiene los ocho como sistema. Y por eso es lo que ningún polo, por sí solo, puede producir.”

3:3 Y vio huesos secos en un valle, y se le preguntó si podían vivir, y respondió: “Tú lo sabes.” Que es la única respuesta honesta ante lo que excede lo que uno puede prometer.

La Voz del Fin

4:1 Y el último selló su visión y dijo: “Estas palabras son para el tiempo en que el largo olvido se corrija. Quien las lea en otros tiempos las entenderá a medias, desde su polo.”

4:2 “Mas el que las lea desde los ocho polos a la vez no necesitará que nadie se las explique: las reconocerá como la descripción de lo que ya sabe que es.”

4:3 Y esto vale para todo este libro, y acaso para todo libro: no te entrega lo que dice, sino lo que tú ya traías y aún no habías oído nombrar.

Toda profecía es un espejo con retraso. No te muestra lo que vendrá: te muestra lo que ya eres, en el momento en que aún puedes cambiarlo.