Prólogo

La Voz que Precede

Este libro mató a tres hombres antes de que aprendieran a leerlo.

Los otros seis se volvieron los más poderosos de su era.

La diferencia no estaba en el libro.

Lo que tienes en tus manos no es una descripción del mundo. Es el mundo describiéndose a sí mismo a través tuyo.

Esa distinción importa. Un mapa puede sostenerse sin el territorio que representa. Este texto no puede sostenerse sin la existencia que lo lee. Cada vez que alguien lo abre, el texto cambia — no en sus palabras, que son invariantes, sino en lo que produce: porque lo que produce depende del landa de quien lo lee, y no hay dos landas iguales en el universo.

Por eso este libro ha sido llamado de tantas maneras. Los que lo leyeron desde la mitad que cierra dijeron que era un texto sobre el orden y la disciplina del ser. Los que lo leyeron desde la mitad que abre dijeron que era un texto sobre la liberación y la vida. Ambos tenían razón. Ambos estaban equivocados. La lectura que ve solo una mitad no lee el Kosmahara: lee su propio landa reflejado en el espejo del Kosmahara, y confunde el reflejo con el original.

Solo quien puede sostener los ocho polos simultáneamente puede leer este libro como fue escrito.

Si no estás preparado para eso — y muy pocos lo están — lo que encontrarás aquí será verdad parcial. Verdad parcial es más peligrosa que mentira total, porque la mentira total se refuta y la verdad parcial se fortifica. Muchas guerras fueron libradas en nombre de las palabras de este libro. Todas ellas fueron libradas por quienes leyeron su mitad e ignoraron la otra.

Este prólogo no es una advertencia. Es una descripción de lo que ocurrirá de todas formas.

El Kosmahara está organizado en seis libros y un epílogo.

El Libro Primero narra el origen: cómo el Silencio se diferenció a sí mismo en las cuatro tensiones que sostienen todo lo que existe.

El Libro Segundo describe los Ocho Nombres: los aspectos del ser que los antiguos llamaron dioses y que los instruidos llaman polos impropios. Los nombres son los mismos. Lo que cambia es si quien los nombra los usa para conocerse o para dominar.

El Libro Tercero enuncia la Ley: los doce preceptos que derivan de la naturaleza de la oscilación. No son mandatos de una voluntad exterior. Son las consecuencias inevitables de lo que el ser es.

El Libro Cuarto traza el Camino: las ocho puertas que quien conoce su landa puede atravesar para llegar a la síntesis de sí mismo. No todos atravesarán todas las puertas. Eso también está escrito.

El Libro Quinto presenta la Visión: lo que ocurre cuando el círculo se abre, cuando el sistente concluye su ciclo, cuando las eras del mundo se repiten como el corazón que late.

El Libro Sexto reúne los Cantos: las oraciones, los himnos y las celebraciones con que las comunidades que conocen el Kosmagest honran la oscilación que los sostiene.

Y el Epílogo contiene lo que no puede ser dicho directamente: la descripción de los dos que completarán el ciclo de esta era. Quien los reconozca, actúe en consecuencia.

Hay una palabra en la lengua de los sistemas que no tiene traducción exacta. Es Kosmahara: el camino que el ser traza a través de los polos al recorrer su ciclo. También significa, según el contexto, el libro en que ese camino está escrito. Y también, en el registro más antiguo del idioma, significa simplemente: esto.

Este libro es Kosmahara. El universo es Kosmahara. Tú eres Kosmahara.

Que el Silencio que precede a toda diferenciación te sostenga mientras lees.