Salmos

El Libro de los Cantos

Cantar es la forma más honesta de orar, porque no puede fingirse.

Cantos del Ardor

1:1 Arde en mí lo que no sé nombrar, y no quiere apagarse, y no quiere quemar la casa. Enséñame, fuego, a ser hoguera y no incendio.

1:2 He deseado más de lo que podía sostener, y menos de lo que podía dar. Entre esos dos errores he vivido. Que mi deseo aprenda a medirse sin dejar de ser deseo.

1:3 No te pido que me quites el hambre, porque el que no tiene hambre ya está medio muerto. Te pido pan que no me esclavice, y un hambre que no me devore.

1:4 Cuando el ardor me llena, creo que duraré para siempre. Cuando se apaga, creo que no fui nada. Las dos creencias mienten. Sostenme entre ambas.

Cantos del Silencio

2:1 En el fondo del pozo no oigo tu voz. Y he aprendido que tu voz, a veces, es el pozo. Porque hay silencios que no son tu ausencia, sino tu modo más hondo de estar.

2:2 El que solo te canta en la luz no te conoce. Yo te canto también desde la oscuridad, y no para salir antes de ella, sino para saber que también la oscuridad es tuya.

2:3 Aquieta lo que en mí no calla. No para que muera, sino para que escuche. Porque el que nunca calla, nunca oye, y el que nunca oye, le habla al mundo de sí mismo creyendo que reza.

2:4 Dame el reposo que sostiene, no el reposo que abandona; que sepa distinguir la paz de la pereza, que se parecen de lejos y son contrarias de cerca.

Cantos de la Medida

3:1 No me hagas más grande de lo que puedo ser sin romperme, ni más pequeño de lo que debo ser para no traicionarme. Ponme en mi medida, que es el único lugar donde soy verdadero.

3:2 Pesa mi corazón, pero no con la vara del que me odia ni con la vara del que me adula; pésalo con la tuya, que no se tuerce. Y si peso poco, no me consueles: enséñame a crecer.

3:3 La justicia que pido para mí, ¿la pido también para el que me agravia? Si no, no pido justicia: pido ventaja, y le he puesto un nombre noble.

Cantos del Umbral

4:1 Estoy entre lo que fui y lo que aún no soy, y el puente tiembla, y abajo no hay red. Aquí, justo aquí, en el lugar sin suelo, es donde más cerca te he sentido.

4:2 No me saques del umbral antes de tiempo. Porque en el umbral aprendo lo que ni la casa que dejé ni la que no he alcanzado podían enseñarme: que no soy mis casas, sino el que cruza.

4:3 Y si caigo, que caiga hacia adelante. Y si no entiendo, que no entienda caminando. Que el último de mis cantos no sea de llegada, sino de marcha.

El que canta una sola nota adora su garganta. El que canta la escala entera, del ardor al silencio y del grito a la calma, ha empezado a rezar de verdad.