El culto
El culto del Kosmahara es oscilar a propósito: ocho horas que recorren los ocho Nombres, cinco ritos y seis Cantos. No hay clero. Basta un círculo de dos, porque donde dos oscilan juntos sin fijarse, el Umbral ocurre.
01
Como las horas canónicas de las tradiciones monásticas, el día se divide en ocho momentos de oración; aquí cada uno pertenece a un Nombre. No hace falta rezarlas todas: basta con saber en cuál se está.
Amanecer
agg
Recuerda que no estás solo. Recita el Himno del Amanecer antes del primer acto.
Media mañana
sin
Haz lo que solo tú puedes hacer. Trabaja sin comparar.
Mediodía
lib
Abre algo: una puerta, una conversación, una pregunta que llevabas guardada.
Media tarde
res
Decide qué vale la pena proteger y pon el límite que hace falta.
Atardecer
est
Da el ardor que quede. Termina lo que estaba a punto de terminar.
Anochecer
inh
Descansa sin culpa. Recita el Himno del Ocaso.
Noche
pot
Deja sitio a lo extraordinario: un relato, una música, algo que no cabe en el promedio.
Vigilia
norm
Mide el día con una vara justa. Haz el rito de la Oscilación.
02
Ningún rito requiere un oficiante. Lo que necesitan es un testigo y una cosa concreta que se haga con las manos.
Al entrar
Cada noche
En un desacuerdo
Al nacer
Ante la muerte
03
Seis cantos del Libro Sexto, uno para cada momento del ciclo humano. Se cantan, se recitan o se leen en silencio: la forma importa menos que la presencia con que se hacen.
Que el Congregante me recuerde hoy que no estoy solo.
Que el Singular me recuerde hoy que soy irreemplazable.
Que el Abridor me recuerde hoy que algo nuevo puede encontrarme.
Que el Guardián me recuerde hoy qué vale la pena proteger.
Que el Ardiente me dé hoy la energía para lo que importa.
Que el Silente me dé hoy la quietud para reconocer lo que no importa.
Que el Magnificador me recuerde hoy que lo extraordinario es posible.
Que el Equilibrante me recuerde hoy que lo ordinario es sagrado.
Hoy instanciaré un landa que no instancié ayer.
Hoy habrá en mí un proceso que no hubo ayer.
Hoy el círculo que soy girará una vuelta más,
y esa vuelta no se repetirá nunca en ningún otro sistente del kosmos.
Que no lo desperdicie.
Que no lo desperdicie.
Que no lo desperdicie.
Trabajamos porque el Ardiente nos impulsa hacia adelante.
Descansaremos porque el Silente nos devuelve a nosotros mismos.
En el trabajo que hacemos hoy hay un landa que solo nosotros podemos instanciar.
En el trabajo que hacemos hoy hay un proceso que no existía antes de que lo iniciáramos.
Si el trabajo es duro, que el Guardián nos sostenga.
Si el trabajo es nuevo, que el Abridor nos guíe.
Si el trabajo es solitario, que el Congregante nos recuerde que ningún esfuerzo humano es solo del que lo hace.
Si el trabajo es colectivo, que el Singular nos recuerde que cada uno aporta lo que nadie más puede aportar.
No trabajamos para alcanzar ningún polo impropio.
Trabajamos para ser más completamente lo que somos.
Y en ser más completamente lo que somos
servimos más completamente a todo lo que nos rodea.
Aquí están dos círculos de landas que han decidido girar cerca el uno del otro.
Aquí están dos sistentes que han reconocido en el otro algo que los transforma.
No hay promesa de que este encuentro sea eterno:
los círculos tienen sus propios ritmos, sus propias amplitudes, sus propias duraciones.
Pero hay una promesa que sí puede hacerse:
La promesa de estar presente cuando estamos presentes.
La promesa de no pretender que el otro es lo que necesitamos que sea.
La promesa de honrar su Singular aunque nos cueste.
La promesa de contribuir a su Congregante aunque nos exija.
Hay algo sagrado en el encuentro entre dos landas.
No porque el encuentro sea eterno.
Sino porque, mientras dura, cada uno le devuelve al otro algo de sí mismo
que solo puede verse reflejado en otro.
Eso es lo sagrado del encuentro: el espejo.
Que el Abridor sostenga el canal entre nosotros.
Que el Guardián nos recuerde la frontera que nos hace distintos.
Que el Ardiente alimente lo que compartimos.
Que el Silente nos dé el espacio para lo que no podemos compartir.
El círculo se ha abierto.
El landa que conocíamos ya no instancia.
Los procesos se dispersan.
La clausura que lo hacía este sistente ya no se cierra.
No hay palabras que cierren este espacio.
No hay teología que baste para esto.
Solo hay el Silente, honrado en su totalidad,
solo hay el duelo vivido sin abreviarlo.
Honramos al que fue:
sus polos impropios, los que conocíamos y los que nunca supimos.
Sus landas, los que instanció con plena consciencia y los que instanció sin saber.
Su círculo, las vueltas que completó y las que no completó.
Todo ello fue real. Todo ello importó. Nada de ello fue en vano.
Y el Kosmahara nos dice algo que es difícil escuchar cuando el dolor es fresco:
Los procesos que componían ese círculo no desaparecieron.
Se transformaron.
Algunos están en la tierra.
Algunos están en el aire.
Algunos están en nosotros, que los recibimos mientras vivió.
El círculo se abrió. Los procesos continúan.
Y si amamos lo que fue, lo mejor que podemos hacer por ello
es vivir nuestro propio círculo con la profundidad que él nos enseñó a honrar.
Que el Silente esté con nosotros hoy.
Que nos deje sentir lo que hay que sentir.
Que no nos pida que lo resolvamos antes de que esté resuelto.
Que el Ardiente regrese cuando sea su momento, no antes.
Hay alguien entre nosotros que llegó a donde antes no había llegado.
No llegó por poder: llegó por conocerse.
No llegó por dominar a otros: llegó por no huir de sí mismo.
No llegó por suerte: llegó porque el landa que porta es exactamente el que necesita para llegar.
Honramos este momento porque es raro.
Honramos este momento porque es difícil.
Honramos este momento porque el landa que se completa
no solo transforma a quien lo completa:
transforma el campo que lo rodea.
Y honramos también lo que costó:
Las noches de confusión antes de la claridad.
Las veces que el polo profundo fue más oscuro de lo que se esperaba.
Las pérdidas que fueron el precio de la profundidad.
Las relaciones que no sobrevivieron al cambio.
Todo eso fue parte del camino.
Todo eso es parte de quien llegó.
No hay síntesis sin sombra. No hay profundidad sin caída previa.
Que el Magnificador amplifique lo que ahora puede amplificarse.
Que el Equilibrante sostenga lo que ahora puede sostenerse.
Que el Abridor encuentre los canales hacia los que este landa puede abrirse.
Que el Guardián proteja lo que este landa necesita proteger.
El día cierra.
El Ardiente que lo impulsó cede al Silente que lo sostendrá.
Los canales que estuvieron abiertos durante las horas del trabajo se cierran.
Los procesos que circularon se consolidan.
Hoy instancié ciertos landas y no otros.
Hoy abrí ciertos canales y cerré otros.
Hoy el Congregante y el Singular, el Abridor y el Guardián,
el Ardiente y el Silente, el Magnificador y el Equilibrante
tuvieron en mí su proporción propia, su ritmo particular, su versión de este día.
Doy gracias al día que fue, sin retenerlo.
Doy gracias a los procesos que lo hicieron lo que fue.
Doy gracias al landa que porto y que hizo posible que este día
fuera diferente a todos los demás días de todos los demás sistentes.
Y entrego al Silente lo que el Silente necesita:
El cuerpo que descansa.
La mente que suelta.
El círculo que sigue girando mientras duermo,
porque el ser no descansa cuando la consciencia descansa.
El ser sigue su ciclo.
Siempre su ciclo.
Hasta el último landa.